“Última arquitectura” fue el título de la exposición de Florencia Levy (Buenos Aires, 1979) que inauguró las nuevas salas de Arthaus. Un espacio de exhibición de arte contemporáneo creado por el coleccionista Andrés Buhar y dirigido por María Teresa Constantin, que también articula como auditorio para conciertos, laboratorio de disciplinas escénicas y centro cultural.
En la planta baja, la videoinstalación Lugar fósil (2019-2023), ganadora del Premio Trabucco en 2019, exhibía –con un nuevo modelo expositivo– testimonios ambientales y económicos en distintas ciudades de China, a partir de la década de 1980. Lluvias ácidas, derrames de petróleo en el mar, aguas contaminadas, edificios ocultos por la contaminación y fenómenos ambientales distópicos daban cuenta del daño provocado por los seres humanos en el planeta.

También en la planta baja se encontraba la fotografía Tierra de ciervos (2017), testimonio del viaje de Levy a China, donde fue detenida por intentar registrar una de las áreas más contaminadas en el mundo: la ciudad de Baotou, en Mongolia Interior.
Baotou es una región rica en un grupo de elementos químicos conocidos como “tierras raras”, que son fundamentales para fabricar piezas electrónicas de los teléfonos celulares. Allí se encuentra un lago artificial de 36 km2 de lodos residuales tóxicos y radioactivos producto de los desechos que se arrojan diariamente. Esta fotografía logró subsistir a los actos de las autoridades de la ciudad que destruyeron la documentación de Levy –formateando la tarjeta de memoria de su cámara fotográfica– que revelaba el catastrófico estado del lugar.
El público visitante podía escanear un QR que se encontraba debajo de la fotografía que dirigía al registro videográfico del momento en que detuvieron a la artista. De esta manera, Levy nos hace ver que, sin darnos cuenta, estamos inmersos en un sistema que alienta las políticas extractivistas sin medir sus efectos.
En el texto “Toda virtualidad es geológica y política”, que acompaña la exposición, el filósofo Michel Nieva afirma que todos llevamos un pedazo de China en el bolsillo, ya que un gran porcentaje de estos minerales usados en la tecnología digital provienen del complejo minero de Baotou.
Tal situación sobresale en Herencia de un gesto, una serie de cerámicas esmaltadas modeladas por Levy que, además, contienen elementos como oro, cobre y aluminio. Cada pieza representa un modelo de celular (14 pro max, Z Flip 4, SE primera generación, entre otros) marcado con huellas dactilares, que manifiesta que estamos involucrados en estas políticas extractivistas.
En la sala del primer piso se encontraba la llamativa instalación videosonora Cientos de millones de años para estas formas (2023), donde doce figuras ubicadas en semicírculo –rememorando los coros de la antigua Grecia– cantaban simultáneamente. Los personajes, que se asemejaban a seres humanos, fueron modelados en 3D y creados a partir de inteligencia artificial, con grabaciones de cantantes reales. Una pantalla delante de ellos transcribía las letras con las que la artista acompañó la composición del músico Sebastián Verea. Sorprendían allí frases como “El eco de los minerales durmiendo en la superficie…”. ¿Veremos cosas peores? ¡Veremos cosas peores! ¿A qué distancia? ¿Qué guerra es?
Enfrentadas a la instalación videosonora, y bajo el nombre Última arquitectura, se exhibían distintas piezas que, a modo de collage, incluían acuarelas, recortes fotográficos, impresiones en vinilo y placas de acero grabadas. Contrastaban allí fragmentos arquitectónicos de bancos financieros del microcentro porteño con imágenes del fondo del océano acompañado de fragmentos de la Convención sobre el Derecho del Mar, dejando entrever que la economía es también responsable del avasallamiento del medio ambiente.
La muestra se completaba con la instalación Los océanos oscuros fueron el útero de la vida: de su protección, la existencia emergió. Todavía llevamos en nuestros cuerpos-en nuestra sangre, en la amargura salada de nuestras lágrimas-las marcas de este pasado remoto. Su título conmemora un fragmento del discurso de Arvid Pardo en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, donde se declaró que los fondos marinos y oceánicos, junto con su subsuelo y sus recursos, eran patrimonio común de la humanidad.
La citada instalación representaba nódulos polimetálicos realizados en impresión 3D, que se encontraban sumergidos en peceras con agua. Los nódulos polimetálicos son concreciones esféricas de hasta veinte centímetros que se encuentran presentes en el fondo de los océanos y contienen inmensas cantidades de metales. Estos son de interés para las industrias de energía y son utilizados para el desarrollo de energías sustentables.
Levy genera una atmósfera intimista para el pensamiento y la reflexión en la era del Antropoceno. Con sus obras muestra la devastación ecológica no solamente en China, sino en el mundo, y alerta sobre la contaminación y la consecuente destrucción del hábitat provocadas por el ser humano.
En tiempos de la revolución tecnológica y el consumismo irrefrenable, ¿existe todavía algún cambio transformador posible? ¿Estamos a tiempo de reinventarnos y volver a empezar? ¿“Última arquitectura” advierte un final o incita a un nuevo comienzo?
EMILIA VAN RAAP
