Doris Salcedo

Doris Salcedo. A Flor de Piel (expresión idiomática utilizada para describir una evidente muestra de emociones), 2012. Pétalos de rosa e hilo quirúrgico. 372.9 x 233.8 cm (146 13/16 x 92 3/64 pulgadas). Vista de la instalación “Doris Salcedo” en la Fondation Beyeler, Riehen/Basilea, 2023 © Doris Salcedo.

Monografíadic 2023 - may 2024· Por María Belén Sáez de Ibarra

Doris Salcedo

Fondation Beyeler

Exposición

El estar ahí de lo que no está: son las presencias que Doris Salcedo logra arrastrar desde el otro lado, de lo desconocido e insondable, de la muerte, para hacerlas comparecer ante nosotros, quienes estamos ante estas esculturas instaladas. Es como un conjuro; parece cosa de magia, pero es en realidad cosa del arte. Del más trabajado, padecido y cuidado de nuestro tiempo.

Reunido aquí en forma de ocho instalaciones del 21 de mayo al 17 de septiembre de 2023: Sin título, 1989-2014; A flor de piel, 2012; Plegaria muda, 2008-2010; Atrabiliarios, 1992-2004; Sin título, 1989-2016; Disremembered (Desrecordado), 2020-2021; Palimpsest (Palimpsesto), 2013-2017; Unland: the orphan’s tunic (Destierra: la túnica del huérfano), 1997, en este lugar tan especial que es la Fondation Beyeler (Basilea, Suiza), que el año pasado albergó la mayor retrospectiva de Goya de todos los tiempos, al igual que al gran Picasso, Matisse, y muchos más. Ahora, con Doris Salcedo, a esta lista ha entrado una mujer. Y no una mujer del norte, sino una del sur global. Y es por eso por lo que viajé para vivir este momento y recorrer nuevamente el hilo que une estas obras engendradas en imágenes imposibles. En palabras de Derrida, serían las imágenes de las aporías de lo humano: “la posibilidad de una imposibilidad”.

Monografía: Doris Salcedo — imagen 1
Doris Salcedo. Plegaria Muda, 2008-2010. Madera, concreto, tierra, metal y pasto. Dimensiones variables. Vista de la instalación “Doris Salcedo” en la Fondation Beyeler, Riehen/Basel, 2023 © Doris Salcedo. Foto: ArtNexus.

Así, partiendo de una imagen imposible, comienza el proceso de creación de Salcedo. Luego de un largo viaje de lecturas (dos libros mensuales al menos) de sus amigos poetas, filósofos o teóricos culturales, idea con ellos los conceptos que van a guiar el recorrido por la experiencia singular de la víctima, que Salcedo vive en su propia conciencia. Dialoga con las víctimas por largo tiempo, establece vínculos en visitas constantes y encuentros con los sobrevivientes de los acontecimientos específicos de la violencia política y el colonialismo de nuestros días, que decide abordar, la mayoría de ellos acaecidos en Colombia, motivada por la intención de hacer comparecer al desaparecido, de llamar al ausente y atrapar el vacío que deja la ausencia, de incluir al desterrado, de dignificar al vejado, de llorar al insepulto, de hacer visible el dolor psíquico y del cuerpo, de hacer ver el manto invisible que sobrelleva quien padece el dolor perenne de sobrevivir a la barbarie, de mostrar la innumerabilidad de las víctimas y del crimen masivo, de estar en la soledad radical que es habitar en las periferias de la vida.

Monografía: Doris Salcedo — imagen 2
Doris Salcedo. Plegaria Muda, 2008-2010. (Detalle).

El taller de Doris Salcedo es un sitio de colaboración e investigación en donde nada es ajeno: técnicas de jardinería, hidráulica, mecánica, carpintería, metalurgia, procesos de momificación, y caben todas las ciencias: física, química, biología, hasta encontrar la fórmula para hacer que los materiales se comporten como están en su imaginación: transfigurados. Es entonces cuando esculpe en la madera, los metales, los árboles muertos, el concreto, las flores, el yeso, la gasa, el pelo humano, las vísceras de cerdo, hilo quirúrgico, ropa y muebles encontrados, tela, cenizas, agua; en ellos, cose, forja, escarba, labra, talla, funde, moldea, momifica, teje. Muchas veces es tan irreal el resultado de sus objetos esculpidos, que más parecen dibujos sacados a la luz por una potente lámpara.

Son obras de apariencia frágil, tan exigentes en su exhibición –cuidadas en la excepcional curaduría de Sam Keller y Fiona Hesse– como lo han sido en su creación. Recorro una de las salas con Doris Salcedo, y le pregunto, más por el asombro que esperando una respuesta: ¿no eran frágiles estas obras? ¡Han recorrido el mundo por décadas y están perfectas! Me contesta arrugando los ojos como mirando desde lejos, y con un dejo de fe detrás de su voz: ellas aguantan.

Frente a ellas, al espectador le surgen preguntas, cuyas respuestas están en el silencio: ¿cómo sobreviven las rosas, vivas, aunque muertas con el rojo sangre seca: esos pétalos atravesados por la implacable aguja que los ha tejido con el hilo de la cirugía unidos entre sí en un manto que abarca el piso de esta sala? ¿Cómo ese manto, que parece imposible de tocar, se desliza ante mis ojos como una pintura barroca, con pliegues que se hunden en la conciencia atroz del dolor cuando algún monstruo arrancó toda la piel ensangrentada de una enfermera en un lejano hospital de guerra?: se trata de A flor de piel (2012), una obra que honra a una enfermera colombiana que fue torturada hasta su muerte.

¿Cómo pueden llorar cientos de lápidas bajo nuestros pies, en un camino de multitud de personas nombradas en agua, de África, Egipto, Siria, Kurdistán? Esas lágrimas deberían ser también nuestras: la Fondation Beyeler instaló en octubre de 2022 (seis meses antes de la exposición) Palimpsest (Palimpsesto), la primera obra en la que Salcedo nos revela los nombres de los migrantes forzados ahogados por miles en el mar Mediterráneo, en un piso de losas rectangulares de piedra en el que aparecen temporal e intermitentemente en agua que toma la forma de lágrimas.

Plegaria muda (2008-2010), es una instalación en la que se conmemora el asesinato de campesinos inocentes hechos pasar como guerrilleros muertos en combate pon el Ejército de Colombia: 120 pares de mesas puestas una sobre otra, unidas con concreto en el que brota de ellas pasto, dispuestas en la sala en forma de laberinto. Poéticamente construye un cementerio, fosas comunes, en las que se le pide al visitante no ser indiferente. En Sin título (1989-2014), indaga sobre las familias rotas por la violencia política, espacios domésticos que nunca más se volverán a utilizar; una obra que presenta muebles cuyos vacíos fueron reemplazados con concreto: armarios, camas, mesas y sillas que ya no cumplen su función. Disremembered (Desrecordado, 2020-2021), son cuatro camisas casi transparentes de hilo de seda que fueron cosidas sin tensionar las suturas y que cuelgan en la sala, en las que miles de agujas están insertadas dentro del tejido; ¿cómo puede esa blusa existir en esa, su noble transparencia tejida de agujas en hilos crudos de seda como único patrón?

Frente a Unland: the orphan’s tunic (Destierra: la túnica del huérfano, 1997), “La túnica del huérfano”, citando un poema de Paul Celan, uno se pregunta, ¿cómo pueden dos mesas pobres, encontradas tras el despojo, subsistir unidas en dos partes amarradas por una microcostura elaborada con pelos humanos? ¿Cómo puede esa superficie estar crispada en toda su extensión por esos cabellos? ¿Qué aguja puede coser en la madera?

En el libro antológico que han editado los curadores, podrán adentrarse en los poemas del joven vietnamita-americano Ocean Vuong, seleccionados por Salcedo, y le saldrá al encuentro un ensayo de la filósofa francesa-argelina Seloua Luste Boulbina: “Fantología insumisa”, el persistente retorno de nuestro pasado social.

Tropiezo con mi sombra mientras presiento un ángel que me sigue al atravesar la salida.

MARÍA BELÉN SÁEZ DE IBARRA

Doris Salcedo, por María Belén Sáez de Ibarra | artnexus