Exposición Individualdic 2023 - may 2024· Por Ricardo Pohlenz

Chantal Peñalosa Fong

Proyectos Monclova

La idea de la frontera nos remite a tránsitos y portabilidades, estados de la materia e incertidumbres, esencialidades y traslados. A lo largo de su obra, Chantal Peñalosa Fong reflexiona desde su propia experiencia de lo que es la frontera y lo que representa. Oriunda de Tecate (Baja California), y siendo descendiente de inmigrantes chinos, visualiza y transpone los vínculos y la memoria para moverlos de lugar, para decirlos desde el brillo y la sutileza de los desgastes. No son las experiencias sino su vestigio lo que nos queda y desde donde las invocamos para manifestarse, desde el encanto desleído que tienen como aparición.

Exposición Individual: Chantal Peñalosa Fong — imagen 1
Chantal Peñalosa Fong. Cotton 3 (Algodón 3), 2023. Escultura en bronce a la cera perdida. 80 x 34 cm (31 1⁄2 x 13 25⁄64 pulgadas). Foto: WhiteBalance. Cortesía: Proyectos Monclova.

Está la tentación de comparar sus exposiciones con libros abiertos, por cuanto suponen una portabilidad, una colección de afiches, anotaciones, textos e imágenes desde donde construye una narrativa. Pero también –y en esos mismos términos– cabe compararlas con las atracciones de feria –como las construidas por Disney–, que, como trayecto, sirven de extensión de esta narrativa. Pienso, por ejemplo, en la muestra “Atlas western” (Atlas occidental), curada por Amanda de la Garza, inaugurada en el MUAC en 2021, donde recrea, traslada y documenta el Cine Pueblo, un set construido a las afueras de Tecate para filmar películas de vaqueros que buscó atraer producciones de Hollywood en un momento en que el género empezó a tener un declive, sobreviviendo con el esplendor espectral de lo que nunca fue. Pienso también en el catálogo de esencias que definen uno y otro lado de la frontera –entre lo que se vive y lo que se evoca– y que formó parte de su “Unfinished Business Garage” (Garaje de tareas inacabadas), expuesta en Proyectos Monclova en 2019.

Puede ser que entre las esencias –eso que toma en cuenta, evoca o reduce una experiencia– y los traslados –sean reales o imaginarios– los recurre para hacer de un set para westerns malogrado exista transpolación entre los sentidos reales y figurados que la puedan construir como enclave de una arqueología emocional. Experiencia y lugar de la que surge la naturaleza fantasmal de su nueva exposición en Proyectos Monclova. Es algo que dice desde el título –citando un género particular de narración originario de China– y que –en una perspectiva general de su trayectoria– podemos intuir, tanto como para trazar un hilo de narraciones que confluyen –según estratos y dispositivos– a lo que viene siendo al final un catálogo de lo inmaterial.

El género chino del zhiguai xiaoshuo puede traducirse como “cuentos de lo extraño” o “registro de anomalías”, según nos refiere Adriana Melchor Betancourt en el texto de sala de la exposición, siguiendo el hilo conductor que toma Chantal Peñalosa para sobreponer hechos históricos e historia familiar, invocando (u habitando) lugares reales e inventados, dando cuenta de niveles de realidad y figuración a través de diversos mecanismos de representación.

Así, recurre a un dispositivo de inteligencia artificial para transferir a imágenes las descripciones que le hace su abuela de sus recuerdos de la China; luego, estas imágenes son intervenidas con acuarela por la artista para emular la paisajística azul-verde del shan shui chino. O hace una grabación en video en el barrio chino de San Francisco, en donde se constituye la voz narrativa de los relatos que recuerda de las mujeres de su familia sobre la huida de los hombres Fong a esas latitudes durante las persecuciones antichinas de los años treinta en Baja California. O hace serigrafías a partir de un archivo de fotos que encontró en la ciudad de Mexicali que documenta las migraciones chinas a Baja California (que se corresponde con un archivo semejante de San Diego), para evocar desde las manchas resultantes la naturaleza espectral que sobrevive a las imágenes de los navíos. O materializa simbólicamente estos vínculos, tránsitos, explotaciones y sobrevivencias a partir de esculturas en bronce de flores de algodón, labor a la que se dedicaron los emigrantes chinos en distintas localidades de un lado y del otro de la frontera.

La materia narrativa se vuelve esencial para la representación de una historia familiar que juega con la evocación y la invocación; emulando el título que le da a la exposición, apela al catálogo de lo sobrenatural que constituye el zhiguai xiaoshuo como último retablo posible entre lo personal y lo histórico: versiones unas y otras que obedecen a afectos y necesidades distintos. Chantal Peñalosa Fong no busca tanto traer a cuento una situación social y política que sigue replicándose en la actualidad, como invocar los vestigios que pueden constituirlo y que se van diluyendo según aquellos que la testimonian se van muriendo hasta desaparecer. El recurso que hace de lo tecnológico, evocando y actualizando a la fotocopia como forma de transcripción –como medio o intermediario–, nos trae el relato a su última posible materialización, nos insiste en la distancia paradójica que tenemos con el objeto de nuestros afectos. Lo reconstruye desde lo artificial para señalarlo, para podernos vincular, desde aquello que nos dice como voz, pero también, como recuerdo de esa voz.

RICARDO POHLENZ

Chantal Peñalosa Fong, por Ricardo Pohlenz | artnexus