En la doctrina católica, los estigmas son señales que aparecen en el cuerpo y que corresponden a las heridas infligidas a Jesucristo por el martirio de la crucifixión. Se dice que son precedidas y acompañadas de tormentos físicos, éticos y morales indeleblemente asociados a los fundamentos de su dogma. El tipo de herida, que va desde marcas y cortes en las muñecas y pies (por la crucifixión) hasta la cabeza y la espalda (por la corona de espinas y la flagelación), refleja su correspondencia con la pasión de Jesús y representa la participación en su sufrimiento, y dota al estigmatizado de un supuesto estatus espiritual inviolable.
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“Stigmata”, una exposición antológica en la que predominan las obras en torno a la identidad sexual de Carlos Motta (Bogotá, 1978), propone este contexto para la lectura de las condiciones sociales y luchas políticas de las mal llamadas minorías sexuales. Apuntalada por el proyecto Hilos de sangre (2023), una instalación de gran formato y alcance comisionada específicamente para la exposición, esta se estructura sobre su investigación de larga data en torno a estos grupos y propone la instalación como bisagra con la muestra “Virosis”, a cargo del equipo curatorial del MAMBO, que reunió obras alrededor de la epidemia del VIH/sida en Colombia y que se presentó de manera simultánea.
La obra de Motta se ha desarrollado en dos direcciones que, aunque complementarias, guardan autonomía. Una examina los acontecimientos políticos y sociales que han tenido lugar en Colombia y América Latina y forma parte de una amplia investigación sobre los orígenes y posibilidades de la democracia, y los efectos de la Guerra Fría en la región. La otra da voz a diversos representantes de grupos sociales minoritarios que relatan los problemas de la narrativa histórica dominante en relación con las identidades de sexo y género. En ambos ámbitos, así como en su intersección, el artista recupera incidentes, signos y códigos que dialogan con las condiciones sociales actuales.
La exposición fue una oportunidad señera de conocer o revisar algunas de las obras más importantes del artista como Nefandus (2013), Deseos (2015) y Cuerpo cerrado: el trabajo del diablo (2018), en las que explora el legado de represión al que han sido sometidos los cuerpos y las identidades sexo-genéricas no hegemónicas. También se presentaron por primera vez en Bogotá obras recientes y que amplían y profundizan su investigación, tales como When I Leave This World (Cuando me vaya de este mundo, 2022), una videoinstalación en dos canales realizada en colaboración con la artista trans Tiamat Legion Medusa, en la que se hace patente la colaboración como estrategia recurrente, así como el uso del cuerpo e imagen del artista a lo largo de toda su carrera.
Además de ese grupo de obras esenciales, la exposición presentó una amplia selección de su producción fotográfica, no siempre disponible –y relativamente poco conocida para el público general–, que sintetiza y condensa sus intereses artísticos, políticos y de representación, llevada a un efectivo formato mural en las paredes de doble altura de la sala Alejandro Obregón. Motta utilizó la fotografía en sus primeros trabajos para experimentar con las identidades de género y la performatividad, pero también como medio para reflexionar sobre los problemas sociales relacionados con el conflicto armado colombiano, sentando las bases para una exposición abarcadora.
Con todo esto, quizás el aporte más importante de la exposición sea Hilos de sangre, en que, a la manera de otros trabajos basados en la investigación histórica y las cronologías, el artista, junto con el investigador Pablo Bedoya, presentan una serie de momentos significativos en la relación entre la producción artística en Colombia y la epidemia del VIH/sida. En ella, un cuidadoso diseño con claras alusiones sanguíneas presenta los hechos más relevantes de ese proceso desde principios de los ochenta hasta el presente, acompañados de historias y entrevistas a algunos de sus protagonistas disponibles en estaciones de audio de aire intimista y una serie de retratos a lápiz de los entrevistados como hilo conductor. El proyecto, en cuanto archivo que extiende su vigencia en el tiempo y más allá de la exposición, se encuentra disponible en www.hilosdesangre.com.
“Virosis”, a su vez parte esencial del proyecto de Motta a cargo de Eugenio Viola y Juaniko Moreno, y en clara resonancia con Hilos de sangre, fue la primera exposición colectiva en el país sobre la manera en que la epidemia del VIH/sida incidió en la producción de la escena artística colombiana, con la inclusión de obras que indudablemente se convertirán en referencias para esta discusión urgente. Aunque, como es sabido, las personas que viven con el virus ya no están destinadas a una muerte prematura y agónica (y ni siquiera al riesgo de transmitir el virus), el estigma con el que aún se aborda el tema en el país –no menos por el sistema público de salud– sigue siendo uno de sus mayores lastres.
Con “Stigmata”, Motta desafía el marco dogmático del catolicismo generalizado en la región al hacer una analogía entre el sufrimiento de Jesús y sus simpatizantes, inevitablemente investidos de responsabilidad en el de aquellos que sufren por su mera identidad sexual y de género, y al mismo tiempo pone de manifiesto las exclusiones, los ataques y estigmas a los que estos están sujetos. Inclinada sin reparos hacia este filón del trabajo de Motta, “Stigmata” fue una revisión de este importante grupo de obras que renuevan la discusión en torno a las identidades diversas en Colombia y, críticamente, en torno a los estigmas que aún persisten sobre el VIH/sida.
EMILIANO VALDÉS
