En una celebración de los noventa años de Bob Schalkwijk, el Centro de la Imagen organizó dos exposiciones que se centran en el potencial creador en la trayectoria de este fotógrafo, que llegó a México por primera vez en la década de 1950, para establecerse aquí hasta la fecha, combinando viajes a los estados o al extranjero a partir de proyectos diversos. María Calderón y Adriaan Schalkwijk diseñaron la curaduría y museografía de la exposición en galerías “De adentro hacia afuera”; Gina Rodríguez Hernández realizó la línea del tiempo y, junto con el fotógrafo, la curaduría de la muestra “De afuera hacia adentro” en las rejas perimetrales exteriores del Centro de la Imagen.
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Esta exposición retoma los viajes de Schalkwijk a diferentes partes del mundo, entre los distintos continentes, una producción cuyo adentro son las singularidades de prácticas y entornos como una de las esencias del trabajo fotográfico de este artista: oficios, acciones corporales para realizar un trabajo, tareas utilitarias, pero también estéticas, cuya tradición se transmite a través de generaciones; el uso de los recursos a la mano en la cultura material de herramientas y objetos y los medios naturales como cultivos y áreas de agua o los espacios y los instrumentos para ejecutar las actividades.
Esto se aprecia en las obras en las rejas del Centro de la Imagen que nos invitan, cuando arribamos caminando a esta institución, a comenzar el viaje en el oficio del fotógrafo para mostrar modos de vida de localidades de países como Birmania, Ecuador, Brasil, Guatemala, Países Bajos (de esta área, una obra elocuente de cotidianidad con plática y sonrisas en un espacio laboral femenino, aún en una tarea quizás no agradable, es Lavando tripas para embutidos, 1970), entre muchos otros de su itinerario inagotable.
Ya en las galerías, la profusa línea del tiempo realizada por Gina Rodríguez vincula una ruta cronológica con reprografías informativas y emblemáticas de obra o publicaciones, y también de otros creadores vinculados con Bob Schalkwijk. Por otra parte, en la exposición principal “De adentro hacia afuera” María Calderón y Adriaan Schalkwijk decidieron utilizar la densidad visual en la exposición, la concentración de una gran cantidad de imágenes, como herramienta museográfica que da cuenta de la gran producción sobre México, en los casi cincuenta años de estancia del fotógrafo. Otros recursos a los que apelaron son los contrastes entre dimensiones de las impresiones, las alturas donde son colocadas, agrupamientos por tipos de marco para las de época, y otras en vinilo que se aprecian en alto.
El núcleo de paisaje nos ofrece itinerarios sensibles que despliegan la mirada humana sobre lo natural y la experiencia corporal ahí, en planos, texturas, alturas, colores, atardeceres, vegetación, nubes que desde la pericia y sensibilidad fotográfica de Bob Schalkwijk son formas que se transforman en entidades expresivas, como en la vista de Playa Balandra, La Paz, Baja California Sur, de 1988, que además concreta un entramado que este artista aprecia profundamente: el viaje, las materias con sus formas y colores, la naturaleza aprehendida en un recorrido desde lo alto.
El tema Ciudad de México despliega una sensibilidad para denotar arquitecturas emblemáticas de distintos periodos históricos: Tlatelolco, las Torres de Satélite, el monumento a la Revolución, patrimonio virreinal, las mejoras urbanas ante la decisión de hacer sede a Ciudad de México de los Juegos Olímpicos de 1968 y la fotografía como crónica de las personas y sus prácticas en estos lugares.
Los grupos dedicados a construcción e industria revelan el carácter multifacético de este creador que es capaz de encontrar en el uso virtuoso de lo fotográfico patrones formales entre los encargos de registrar fierros, cargas, maquinarias, pilastras, como en Altos hornos de México, Monclova, Coahuila, de 1975.
En el núcleo arqueológico, la interpretación de lo arquitectónico prehispánico queda en la obra de Bob Schalkwijk expandida a las posibilidades comunicativas de las estructuras: ornamentos, grecas, ciudadelas, escalinatas, dinteles, bóvedas mayas, serpientes labradas (como en su obra Templo Mayor y Coatepantli, Zona arqueológica de Tenayuca, Tlalnepantla, estado de México, 1964, un sitio antecesor de los vestigios de Tenochtitlán, hoy Ciudad de México), que documentan la diversidad cultural indígena en México materializada en lo constructivo.
La noche como riesgo expresivo es otro tópico que nos lleva al juego del oficio de este artista que pone en diálogo velocidades de obturaciones, aperturas de diafragmas, tipos de películas y otras variantes en su equipo, para contrastar en las tomas fuegos artificiales, rasgos de edificios iluminados, la mayor definición de personas en momentos de espera envueltas en la ambigüedad visual de otros elementos en movimiento, como en Avenida Juárez, Centro Histórico, Ciudad de México, 1963.
El núcleo Ritualidad contiene obras que documentan con riqueza ceremonias en distintas regiones mexicanas que son reproductoras cíclicas de las culturas locales. Este núcleo aloja además una de las cuestiones que han sido centrales para la producción de Bob Schalkwijk en México. La obra Semana Santa Ralámuli, Huahuacherare, de 1973, lo ejemplifica: esta región como un constante ir tras hallazgos.
La muestra también abarca temas como comercio, con fotos de los primeros años de este autor en el país, un ejemplo, Mercado de Tlacolula, Oaxaca, de 1959; imágenes de infancias que calibran familias y contextos; o retratos que denotan lo que no aparentan en las decisiones del estar de las personas. Seguramente muchos más temas han quedado afuera en el recorte ineludible de décadas de trabajo fotográfico. En recorrido, Bob Schalkwijk narró que carga diversas cámaras e implementos y que eso multiplica las posibilidades de tomas y el crecimiento de lo que hoy es su inmenso archivo, que está actualmente en organización para acceder y generar salidas vitales a todos esos materiales. Un acervo que asimila constantemente lo que este fotógrafo continúa generando.
EUGENIA MACÍAS
