La calidad inigualable del arte constructivo brasileño puede verificarse en su presencia a lo largo de la historia. Lugar de confluencia de la política y de la estética nacional desde los años 1950, su tradición reverbera hasta la contemporaneidad, por medio de un nombre de gran fuerza estética como el del bahiano Almandrade, que recientemente presentó su trabajo en la muestra individual “Almandrade hoje: o enigma do traço e da forma, da letra e da palavra” (Almandrade hoy: el enigma del trazo y de la forma, de la letra y la palabra), en la Galería Raquel Arnaud, en São Paulo.
Antonio Luiz Morais de Andrade, cuyo seudónimo es Almandrade, es artista plástico, arquitecto, maestro en diseño urbano, poeta y profesor de teoría del arte en los talleres de arte del MAM da Bahia e do Palacete das Artes. Su trabajo es amplio. Engloba obras en los más diversos lenguajes, que se han mantenido fieles a la manera constructivista, marcada por juegos de geometrías y poemas visuales que nacen constantemente de una práctica experimental realizada sobre el plano del papel o de la tela. La tridimensionalidad también siempre atrajo al artista, que, en sus ejercicios de corte y doblez, crea esculturas envueltas por formas y colores diversos.

En esta reciente muestra individual, un trazo temporal de las obras seleccionadas. De 1973 al 2021, mostró la persistencia del artista hacia la claridad formal, lo que estimula un deleite leve, pues sus obras evocan también cierta gracia lírica. La combinación compositiva de las letras en la formulación de palabras y el arreglo gráfico de los trazos en tinta china o acrílico promueven un lugar simbólico exclusivo de la obra de arte. Son lugares capaces de abordar situaciones dialógicas que provienen de la arquitectura representada: lo de adentro y lo de afuera, lo privado y lo público, la luz y la sombra, lo cerrado y lo abierto, etc.
El trabajo de Almandrade invoca al constructivismo, al minimalismo, al letrismo y al conceptualismo, del movimiento de poesía concreta y sobre todo del poema/proceso. Su producción culmina en piezas que relacionan maneras de expresión literaria-artística presentes desde los poemas visuales –publicados y expuestos a partir de 1970, donde encontró en la diversidad de soportes la posibilidad de la ampliación del lenguaje– hasta las pinturas y piezas escultóricas en escalas mayores y más recientes. En palabras del poeta y amigo Décio Pignatari, en un texto divulgado por la galería, Almandrade presenta un lenguaje poético que “(…) difiere del lenguaje que utilizamos para la comunicación diaria. Cada poeta explora el lenguaje en la búsqueda de un acontecimiento inesperado, de una experiencia singular”.
Bahiano, su actuación va más lejos que el contexto vanguardista de Salvador (Bahía). El artista participó en más de treinta muestras individuales y colectivas de artes plásticas, entre ellas, tres ediciones de la Bienal de São Paulo. Sus trabajos están en colecciones particulares y públicas, por ejemplo, el Museu de Arte Moderna da Bahia y la Pinacoteca do Estado de São Paulo. Publicó ocho libros e integró colectivas de poemas visuales en Brasil y en el exterior.
El artista dio sus primeros pasos en los años de plomo de la dictadura civil-militar brasileña (1968-1974). Fue en ese período terrible cuando su arte silencioso se gestó, ofreciendo, con buena dosis de humor y subjetividad, analogías posibles de la vida política. Pese a características destacadas del inicio de su trayectoria, ya era posible anticipar una línea conceptual y plástica coherente que conduce su producción cotidiana, esto es, una experimentación permanente en busca de nuevas formas del trazo, de la letra y de la materia.
Después de los primeros ensayos figurativos, en el inicio de la década del 70, su investigación plástica se encaminó hacia la abstracción geométrica y el arte conceptual. Como poeta, mantuvo contacto con la poesía concreta y el poema/proceso, elaborando una serie de poemas visuales. Con un estudio más riguroso del constructivismo y del arte conceptual, su arte se desarrolló entre la geometría y el concepto. Dibujos en blanco y negro, objetos y proyectos para instalaciones, esencialmente cerebrales, comprimidos en un procedimiento primoroso para tratar asuntos prácticos y conceptuales en la segunda mitad de la década del 70.
Almandrade redescubrió el color en el comienzo de los años 80, y sus trabajos –pinturas u objetos y esculturas– adquirieron una dimensión más lúdica, sin perder la coherencia. A pesar de dialogar con ciertas referencias a la modernidad, el artista siempre creó nuevas lecturas, con personalidad. Con el uso restringido de elemento pictóricos, dos o tres colores, dos planos, dos o tres texturas, un trazo, etc., comprueba que la simplicidad no compromete la riqueza de su poética. Es esta misma singularidad la que predomina en las composiciones, que despiertan la imaginación y el raciocinio de los espectadores.
ALESSANDRA SIMÕES
