La exposición “Re” de Vanessa Gómez Castaño (Cali, 1988) –cuyo título deriva del prefijo de las acciones repasar, recordar, reanudar, características de la tejeduría– remite a un mundo sensorial de texturas que rozan la piel a través de los ojos y de un olor animal que entra con fuerza por las fosas nasales. Hace estremecer la piel por el conjunto de experiencia, intensidad y memoria. Dado el alcance sensible que tiene la propuesta, sería reducido decir que nos enfrentamos a una exposición de arte textil, aunque a la vista está que Gómez Castaño construye el total de su trabajo con fibras, en su mayoría naturales. En la labor de estirar las hebras del acto creativo, Gómez Castaño trasciende las etiquetas de profesión: egresada de Diseño con enfoque en Comunicación, negocia constantemente entre esta disciplina como punto de partida y la investigación experimental en el telar, entendiendo este como objeto y lugar redefinible. Diseño, sin apellido, implica el estudio de distintas metodologías que cualquier área del conocimiento puede aplicar para llegar a un diseño; no necesariamente implica la creación de objetos, es una forma de ver, de pensar y de trabajar. Gómez Castaño ha estado siempre metida –literal y figurativamente hablando– en lo textil, primero como diseñadora de modas, y desde hace unos años, en el arte contemporáneo, con la misión de enriquecer esta categoría desde otras disciplinas. Aunque nos resistamos a las etiquetas, en este caso, Gómez Castaño –artista y diseñadora– propone revisar lo que entendemos por arte, artesanía y diseño, transitando el umbral entre estos y sus territorios.
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El mundo de experiencia sensible que se despliega en las salas de la exposición habla a través de lo textil sacado de sus lugares comunes, pero sin dejar a un lado la esencia del oficio, como nos recuerda el título de la muestra, que dibuja el hilo de la trama en la sala. Esto implica desbordar la noción misma del oficio de tejeduría, de los hilos, de las fibras, de las raíces que lo alimentan. La bienvenida al espacio es de una dimensión instalativa y comienza con el olor generado por la crin de caballo empleada en obras como Esfera grande crin blanca I, de 2022; Plato crin gris mixta I, de 2022, y Juego cuencos mediano crin I, de 2022, (entre otras). La primera impresión es entonces olfativa y de gran escala. Las obras de forma esférica alteran la manera en la que deambulamos por el espacio, habitando en la mitad de la sala, haciendo rodear y cambiando la vista del resto del espacio. Gómez Castaño parte de la idea del pelo como algo animal. Para el ser humano es algo incómodo, huele feo, siempre intentando eliminarlo o cambiarlo, limpiarlo, para evitar que nos vuelva sucios, desaliñados, borrando así la relación con la realidad de nuestra condición animal. A esta condición primaria es a la que se quiere aludir. Cuerpo textil mechas I, de 2022, realizado con tejido de algodón y fibra sintética, es una pista del textil como nuestra primera piel extendida, aquella que nos arropó al nacer, la primera que nos calentó después del envolvente útero materno, la que nos separa de una existencia animal.
La artista retoma el recurso del pelo en otros formatos, por ejemplo, en Plumas paloma de ciudad I, de 2022, empleando las plumas de esta ave urbana que genera asco, desde el miedo a las enfermedades hasta la idea de plaga. Aquí cuelgan grácilmente de un hilo de algodón, devolviéndoles un halo ritual. El uso de materiales poco convencionales que forman parte de la trama del tejido, como la fibra de la mazorca de maíz, plantas, flores, fríjoles, o las plumas, enriquece las posibilidades del lenguaje del oficio, abriendo las puertas a la experimentación gramatical que conforma la narrativa contada por las obras.
Encontramos en “Re” formatos que no son de carácter instalativo, que responden a la forma del bastidor, como segundo hogar del telar. En este tipo de obras, la artista dibuja con los hilos planteando dos escenarios; por un lado, el telar como matriz y la relación que existe entre este oficio y lo digital, como, por ejemplo, en Cuadro pixel I, de 2022, y Cuadro sombras BYN I, de 2022. El arte textil se piensa entonces desde otras disciplinas como el diseño digital, iniciando un diálogo entre disciplinas que en realidad es también parte del ADN de la práctica artística de Gómez Castaño. Por otro lado, un conjunto de obras de superficie muy fina como Gasa negra II, de 2022, y Gasa cruda I, de 2022, parecen capas finas para la piel, que, siendo nuestro órgano de mayor superficie, está conectada con el resto de funciones de aquello que cubre: nuestro cuerpo.
Finalmente, es relevante señalar que el cuerpo es un todo hacia el que apunta la artista, tanto en esta exposición como en el futuro. No nos referimos a un todo absoluto, ontológico, sino a un volumen que articula la posibilidad del tejer. El cuerpo se mueve y abarca la realización de lo textil, de tal forma que ya no podemos hablar de artes manuales, sino de artes del cuerpo. Es ese movimiento, esa presencia invisible, pero innegable, lo que lleva a la artista a plantearse lo performático del arte textil, aquí en semilla, más adelante por desarrollar, según la visión y los deseos de experimentación que podemos ver en estas salas, en las que, según Gómez Castaño, idealmente debería primar la experiencia del espectador, para lo cual cualquier texto explicativo debería ser redundante.
