Exposición Individualjun 2023 - nov 2023· Por Fernando Castro R.

Sandra Monterroso

Sicardi | Ayers | Bacino

El arte conceptual todavía desconcierta hasta a los espectadores más inteligentes, debido a que incluye entre sus distintas características determinantes la idea de que lo que se ve es siempre menos de lo que hay. Tal es el caso de la exposición de Sandra Monterroso, titulada “The Healing Paradox” (La paradoja sanadora), en la galería Sicardi Ayers Bacino, de Houston, en la que a los espectadores se les exige aún más, al tener que descifrar la paradoja arraigada en las obras mismas. Desde el punto de vista histórico, una de las paradojas más famosas es The Liar Paradox (La paradoja del mentiroso). Un mentiroso afirma: “estoy mintiendo”. Como es un mentiroso, la verdad es lo contrario de lo que él afirma; por lo tanto, está diciendo la verdad. Sin embargo, si su declaración es verdad, él simplemente mintió. La pregunta es, ¿en qué se parecen las obras de Monterroso a esta paradoja por excelencia y cómo sanan?

Exposición Individual: Sandra Monterroso — imagen 1
Sandra Monterroso. Rombo para sanar heridas, 2022. Lino y algodón teñidos con tintes natura-les: cochinilla, indigofera, cúrcuma, achiote y tintes sintéticos. Letras bordadas y cosidas sobre el textil. Hilo sintético. 142 x 157 cm (55 7/8 x 61 ¾ pulgadas). Foto: Tom Dubrock. Cortesía de la artista y Sicardi | Ayers | Bacino.

Por fortuna, para la artista y para los observadores de sus obras, la curadora Alma Ruiz hizo una reflexión profunda sobre ellas, con el fin de desentrañar lo que ella llama “la paradoja visual”. Parafraseando su texto, Sandra Monterroso: The Healing Paradox, el primer paso para forjar la naturaleza paradójica de algunas de sus obras es saber que fueron hechas a partir de telas desechadas destinadas a basureros. Ruiz afirma, “Tejidas por manos indígenas que trabajan por salarios bajos para producir tapetes bellamente elaborados para casas lujosas, los retazos hacen pensar de forma tangencial en una jerarquía socioeconómica entre los que tienen y los que no tienen”. Por lo tanto, la acción original de las manos indígenas de tejer telas toma dos caminos: uno, hacia las casas de lujo de los que tienen, y otro, hacia un basurero del que Monterroso se apropia con el fin de utilizar las telas como material para su obra. En el primer camino, los desposeídos obtienen bajos salarios, mientras que en el segundo, por autorización artística, los materiales desechados son remendados y reelaborados para convertirse en “sanación metafórica”, probablemente para los indígenas que no tienen. Ahí se encuentra la paradoja, puesto que las mismas obras de arte que el espectador en un comienzo considera bellamente elaboradas, intrincadas y enigmáticas, son también los no tan obvios “repositorios de las desigualdades, la discriminación y el racismo que todavía existen frente a los grupos marginados…” (Ruiz).

El empleo de luces de neón es un rasgo sorprendente en obras que están mayormente impregnadas con el aura de lo artesanal. La obra de Monterroso titulada Como los triángulos: el agua celeste y la indigófera nos devuelve la luz (2022) presenta una columna de veinte triángulos de neón contra algodón teñido y tejido de lana. Sin embargo, la luz de neón misma es desfavorable a los tintes, debido a que causa decoloración. ¿Hay aquí otra paradoja? ¿Que una fuente de luz que hace resaltar los colores finalmente haga que se destiñan? Las promesas de modernidad han sido particularmente desagradables para las poblaciones indígenas de todo el mundo, en términos de pérdida de tierras, destrucción del hábitat, empobrecimiento, aniquilación, etc. Ruiz lo plantea de manera ligeramente distinta, “Decir que su inclusión parece paradójica es cierto; su presencia alimentada por energía eléctrica restituye la luz necesaria en un estado alterado de conciencia para entrar en un momento de reflexión sobre la modernidad o, más exactamente, sobre las heridas que resultan de las confrontaciones y los desacuerdos que se dieron mientras se involucraban con esta modernidad”.

Ruiz explicó que la sanación ha sido un tema principal en la obra de Monterroso. La pieza de 2022 Rombo para sanar heridas puede muy bien ser fundamental en la exposición actual de Monterroso. Está hecha de lino y algodón teñidos con extracto de cochinilla, añil, cúrcuma, achiote y pigmentos sintéticos. Cada uno de los tintes naturales no solo produce un tono diferente, sino que también tiene una propiedad curativa. Una característica importante de la obra son los textos bordados que enuncian recetas (palabra ambigua en español que significa receta de cocina y también prescripción médica) de la medicina tradicional. Una receta citada por Ruiz que parece un manual de arte conceptual dice: “Prescripción para el mal de ojo (inmaterial): En una bolsa de tela ponga unos pocos granos de achiote y algunos ajíes en forma de cruz, pásela sobre el cuerpo del paciente trazando una cruz y láncela al fuego”.

En una reseña de ArtNexus de 2019 sobre la obra de Monterroso, la escritora Mónica Kupfer anotó: “Su obra refleja una constante investigación sobre su origen y su sentido de identidad a través de lo que ella describe como ‘reconociendo a todas las otras mujeres que llevo dentro de mí… soy diversa, es decir, soy una descendiente de la Maya Q’eqchi’, una mujer maya, migrante, nómada, madre…’”.

Sandra Monterroso, por Fernando Castro R. | artnexus