Exposición Individualjun 2023 - nov 2023· Por Cristiélen Ribeiro Marques

Sandra Gamarra

Galeria Leme

La permanencia de relatos e imaginarios coloniales en la actualidad fue el tema central de la exposición individual de la artista peruana Sandra Gamarra, organizada por la Galeria Leme en la ciudad de São Paulo. Con el título “Em desenvolvimento” (En vías de desarrollo), Gamarra trajo una perspectiva crítica en sus obras en torno a la idea de la tierra y de desarrollo a partir de ella. La exposición sintetiza elementos críticos presentes en la trayectoria y en varios trabajos de la artista, como el asunto de las reproducciones, de los métodos de apropiación, de los mecanismos del mundo del arte y de las consecuencias sociopolíticas en una modernidad incompleta en América del Sur.

Exposición Individual: Sandra Gamarra — imagen 1
Sandra Gamarra. Cuando las papas se queman I, 2021. 10 pinturas sobre papel. 21 x 14.5 cm (8 17/64 x 5 45/64 pulgadas) c/u. Foto: Filipe Bernt.

La muestra fue estructurada a partir de tres series de trabajos de la artista: Gradación, En desarrollo –que da nombre a la exposición– y Cuando las papas se queman. Dos formas de habitar la Tierra conectan estas series; en una, la civilización establece con ella una relación de tenencia; en otra, hay un vínculo de interdependencia permanente. En la primera, la tierra es dada por Dios u obtenida por la razón; en cuanto a la segunda, es percibida como un ser vivo, del cual todos somos fruto. Lo que da como resultado concepciones de la tierra muy distintas, como las define la misma artista: “una, que la abarca como un sujeto de derechos, y otra, como un objeto a través del cual se obtienen derechos” .

La visita a la exposición es en realidad un recorrido artístico, histórico, cultural y político, tan multidisciplinar como el mismo trabajo de Sandra Gamarra y las tantas lecturas posibles a través de su obra. Con el ejemplo de la serie Gradación, para una mirada entrenada, según los cánones del arte occidental, la primera asociación podría ser con las telas rasgadas del argentino Lucio Fontana. Sin embargo, esencialmente en esta serie se hacen presentes el telar de la maestra Elvia Paucar y los siglos de tradición de la hechura de los ponchos de lana. En una gradación de tonos que remiten a la piel, la tierra, los diez ponchos extendidos, en los que se destacan sus hendiduras centrales, se refieren al brote de las semillas, al nacimiento, al cuerpo femenino y a la tierra como generadora de todas las formas de vida.

Continuando con la serie En desarrollo, y con el campo de la pintura, Sandra Gamarra hace una relectura de las obras del holandés Albert Eckhout, que crearon una versión de un imaginario brasileño al retratar a los colonizados de una parte de la región nordeste de Brasil, invadida por los holandeses en el siglo XVII. La artista crea nuevos bocetos para las telas de Eckhout, que son entonces trabajados como metáforas de una historia, y, como tales, sujetos a revisiones. En ellos, la artista presenta los personajes en primeras capas de pintura de óxido de hierro rojo, también conocido como “rojo indio”, con apenas algunas partes de sus cuerpos, como pies y manos, cubiertos por pintura al óleo, sugiriendo un estatus de obras inacabadas. Entre las telas de la tradición de la naturaleza muerta, pies y manos emergen de entre frutas remitiendo al hábito caníbal atribuido a los indígenas, pero también a otra forma de canibalismo en el consumo de “mano de obra barata”.

En la tercera serie, Cuando las papas se queman, pone un interrogante a la falacia de la idea de una relación armónica en el intercambio cultural y económico establecido entre España y la civilización inca. Una versión desmentida desde 1615 en una carta escrita por el indígena peruano Felipe Guamán Poma de Ayala, conocida con el título de Nueva crónica y buen gobierno, dirigida al rey de España, Felipe II, donde relata, entre otros hechos, los maltratos sufridos por los pueblos indígenas. Sandra Gamarra utiliza reproducciones de dibujos de esa publicación, sobre los cuales pinta papas, símbolo no solo de una historia y de una tradición, sino de una tecnología, ya que las más de cuatro mil variedades existentes son fruto de una ciencia desarrollada a lo largo del tiempo, aunque no sea reconocida como tal en las prácticas de explotación del tiempo de la colonia y en los paradigmas occidentales.

Sandra Gamarra, por Cristiélen Ribeiro Marques | artnexus