El 21 de junio de 1983, las artistas Maris Bustamante, Mónica Mayer y Herminia Dosal fundaron en Ciudad de México el colectivo de arte feminista Polvo de Gallina Negra. Desde entonces, y a lo largo de diez años, Bustamante y Mayer –Dosal abandonó de manera temprana el grupo– sostuvieron un trabajo sistemático realizando acciones que se sitúan en las genealogías del arte feminista, tanto en México como en América Latina. Estas acciones tuvieron en su base una férrea crítica al sistema patriarcal mediante estrategias y lenguajes de experimentación radical, impulsados por la neovanguardia de los años sesenta y setenta, donde el humor, la ironía y el sarcasmo, en ocasiones en un cruce entre arte y activismo, dieron lugar a un amplio espectro de situaciones que estructuraron su producción artística: del arte acción a las intervenciones urbanas, pasando por el arte correo y los medios masivos de comunicación, performances en televisión y escritura de columnas en periódicos, intervenciones callejeras y concursos, el registro de acciones en video o la participación activa en manifestaciones feministas. Como buena parte de los colectivos artísticos de los años setenta y ochenta en México, PGN utilizó referencias de la cultura popular para poner en marcha incisivos comentarios sobre la realidad social de las mujeres dentro de un sistema profundamente desigual.

A casi cuarenta años de la aparición del grupo, la muestra “Polvo de Gallina Negra: mal de ojo y otras recetas feministas”, curada por María Laura Rosa y Julia Antivilo Peña, propuso un recorrido histórico a lo largo de una década de trabajo del grupo, así como los antecedentes individuales y algunas de las resonancias posteriores que se extienden hasta el presente. Esta es una de las primeras retrospectivas dedicadas a este grupo de mujeres, para quienes el campo del arte ha sido un lugar de complicidades, de creación de comunidad, y un espacio para poner en circulación experiencias compartidas. La muestra se presentó en el Centro de Arte Contemporáneo Cerrillos (Chile) entre el 15 de enero y el 15 de abril de 2022, en el Museo Amparo de la ciudad de Puebla (México), entre el 2 de julio y el 14 de noviembre, y el Museo Cabañas en Guadalajara, del 11 de marzo al 30 de julio de 2023.
La exposición estuvo dividida en tres secciones. La primera, titulada De antes de aquellos polvos, 1977-1983, estuvo compuesta por experiencias y trabajos previos desarrollados de manera individual por ambas artistas. Mientras Maris Bustamante trabajó con el No-Grupo, justamente durante el periodo que marca esta primera sección, Mónica Mayer comenzó su carrera individual articulando sus preocupaciones con diferentes grupos feministas, para lo cual sus estudios en Los Ángeles, donde estuvo en contacto con el Feminist Studio Workshop, fueron una influencia clave. No obstante, estas influencias serían ajustadas al contexto latinoamericano asumiendo una perspectiva situada. La trayectoria de ambas durante estos años da cuenta de indagaciones que luego serían centrales en los trabajos del colectivo: la búsqueda de denominaciones y neologismos para pensar la práctica artística, la exploración de los lenguajes que marcaron una ruptura directa con los cánones de la modernidad, y la exploración del humor y la cultura popular. Obras de Maris Bustamante, como La patente del taco o El pene como instrumento de trabajo, y de Mónica Mayer, como Lo normal, El tendedero o Nuestra señora, integran el primer núcleo de la exposición.
La segunda sección, por su parte, llevó como título Polvo de Gallina Negra, 1983-1993, y expuso un amplio repertorio de piezas y archivos asociados a la práctica del colectivo. Aquí es posible ver la cercanía con un posmodernismo en clave latinoamericana, en el que los vínculos con la realidad social y el desborde de los lenguajes estéticos articularon un extenso número de reflexiones sobre cuestiones como la maternidad, el deseo, la violación o la ausencia de las mujeres en el sistema del arte. Cuenta de ello dan, por ejemplo, la primera acción del colectivo, realizada el 7 de octubre de 1983, y titulada Receta del grupo Polvo de Gallina Negra para hacerle el mal de ojo a los violadores, o el respeto al derecho del cuerpo es la paz –que fue presentada como una acción plástico-política en medio de la marcha feminista contra la violación en Ciudad de México–, y el proyecto Madres, que tendría diferentes salidas a lo largo de la década. Por otro lado, cabe mencionar que el colectivo produjo términos desde la práctica artística como transmaternidad, aparecido por primera vez en el proyecto de arte correo Egalité, liberté, maternité, y que aludía al activismo político como consecuencia de las luchas por lxs hijxs, es decir, de las luchas inscritas en la maternidad misma, como las desapariciones forzadas, la resistencia ante la violencia obstétrica, el reconocimiento del trabajo reproductivo y de cuidado, y la justicia del Estado contra feminicidios.
Finalmente, la última sección de la muestra, con el nombre Pospolvo. Reactivaciones, expuso activaciones de obras anteriores, así como resonancias y repercusiones que en el presente se nutren de la genealogía abierta por el colectivo, cubriendo un rango que va de 1993 a 2020, y en el que reclamos frente a los feminicidios, la desaparición de mujeres y las violencias del sistema patriarcal siguen vigentes en la actualidad. Esta revisión de uno de los colectivos más singulares dentro del arte feminista en América Latina contribuye al rescate de una memoria pendiente que, sin duda, seguirá siendo uno de los faros dentro de las relaciones entre arte y activismo en la región.
