La galería de arte Peter Kilchmann es una de las más importantes de Zúrich, por el compromiso que él ha mantenido a lo largo de la historia con las tendencias más innovadoras del escenario artístico internacional y por su firme compromiso con el arte latinoamericano contemporáneo. Allí han expuesto sus obras artistas como Teresa Margolles, de México; Jorge Macchi, de Argentina, y Fernanda Gomes, de Brasil. Es un lugar de referencia para el arte latinoamericano en Zúrich, y ha adquirido aún más importancia después del cierre de la sede en esta ciudad de la Colección Daros Latinamerica.

Peter Kilchmann, su dueño, nació en Lucerna y estudió Historia del Arte en París, antes de viajar a Nueva York en la década de los ochenta, donde trabajó como asistente en una galería de arte y llegó a conocer de primera mano el dinámico panorama artístico de la ciudad. Al regresar a Suiza se estableció en Zúrich, y, después de unas temporadas con una casa de subastas, abrió su galería en un complejo industrial abandonado que compartió con propietarios de galerías como Iwan Wirth, de Hauser & Wirth, y con estudios de artistas jóvenes. Después de cuatro años, se trasladó al renombrado edificio Loewenbrau con otras galerías como Zurich Kunsthalle y Daros Latinamerica Collection. Desde 2011 se encuentra en su sede actual en Maag, una galería al estilo de cubo blanco, y en un edificio de varios pisos ubicado en Rämistrasse. Recientemente, inauguró una nueva sede en París.

¿Por qué decidió convertirse en propietario de una galería?
Abrí la galería el 27 de agosto de 1992 con una exposición del artista irlandés Willie Doherty. Yo estaba estudiando Historia del Arte, y desde hacía un par de años me había interesado abrir una galería. A finales de los ochenta estaba en la ciudad de Nueva York y trabajaba como pasante en una galería; me gustó el trabajo. De regreso a Suiza trabajé para Subastas Schneideren, en Zurich, en el departamento de fotografía. Esta casa de subastas quebró en 1991. Era la época de la primera Guerra del Golfo, y las economías realmente descendieron. Después de esta bancarrota yo estaba en la calle y decidí arriesgarme a abrir mi propia galería.

¿Por qué decidió abrir su galería por primera vez en una antigua fábrica convertida en un espacio para estudios de arte y galerías?
Este complejo de la antigua fábrica estaba vacío y a punto de ser demolido en el transcurso de un par de años; durante ese periodo estaba ocupado por diferentes galerías, y el Kunsthalle de Zúrich también estaba allí. Mi decisión de abrir en el complejo se debió a que había un buen escenario y una buena atmósfera. Desde el primer día tuve visitantes en la galería, ya que este complejo era el lugar para visitar en busca de arte.
¿Qué recuerdos tiene de esa experiencia?
Tengo buenos recuerdos de esos cuatro años. Tuve mi galería en ese complejo antes de trasladarme a la fábrica Löwenbräu, en 1996. Como el alquiler no era costoso, pude funcionar sin muchas ventas y tomarme mi tiempo para que la galería entrara en pleno funcionamiento. También me permitía cometer errores sin consecuencias.

En sus treinta años como dueño de una galería, ¿cuáles han sido sus líneas de trabajo?
Abrí la galería, y al principio solo promovía artistas que trabajaran en fotografía. La razón era que había muy buenos artistas en el entorno que trabajaban este medio (como Andreas Gursky, Thomas Struth, Thomas Demand), pero no se les aceptaba como artistas. Yo quería corregir eso. Pero mantuve esa línea solo por dos años, ya que era demasiado limitado para mí no poder trabajar con otros artistas. Después, otros artistas que trabajaban en fotografía fueron incluidos en otras galerías y aceptados como artistas. Ese era mi objetivo.
Siempre me han interesado los artistas que trabajan en política y en temas relacionados con la comunidad. Era importante para mí. Fue la época en que los países de Europa oriental se abrieron y pudimos viajar allá. Eso fue lo que hice, y empecé a trabajar con artistas como Artur Żmijewski, de Polonia; Adrian Paci, de Albania, y Maja Bajević, de Bosnia. Todos ellos estaban abordando en su obra los cambios del comunismo al capitalismo en sus países. Artur, en fotografía y video; Adrian, en pintura y también en video, y Maja, en diferentes campos. De todos modos, era el momento de la fotografía y el video; estos medios eran rápidos, genuinos y modernos. Dentro de la generación joven, el ser pintor estaba en realidad pasado de moda. Esto me llevó luego a otros países del mundo, y empecé a viajar a Latinoamérica, donde encontré un escenario artístico muy vibrante. Empecé a trabajar con Francis Alÿs, Santiago Sierra, Teresa Margolles, Melanie Smith, Jorge Macchi, Fernanda Gomes, Beatriz González y Erika Verzutti.

¿Puede decirse que el arte de compromiso social y político ha sido constante en su trabajo como dueño de una galería?
Como dije antes, ha sido una constante, y todavía estoy realmente interesado. El arte debería tener un mensaje, y yo creo en el arte como un catalizador para una mejor vida. Pero también me doy cuenta de que como galería es más gratificante, y también mejor para su comunidad artística, dar a conocer el programa de la galería y luego incluir diferentes movimientos, como artistas conceptuales y pintores. En la actualidad estoy representando a artistas como Hernan Bas, Andriu Deplazes, Valérie Favre, Leiko Ikemura, y otros.
¿Por qué expone obras de artistas como Teresa Margolles y Dagoberto Rodríguez?
Con Teresa Margolles empecé a trabajar desde un primer momento; me la presentó Santiago Sierra. Teresa es muy importante, por cuanto destaca la vida precaria de grupos al margen de la sociedad, sobre todo en México, pero también en diferentes partes del mundo. También ha estado trabajando sobre las problemáticas del narcotráfico. Con Dagoberto Rodríguez empecé a trabajar cuando él todavía era miembro del colectivo Los Carpinteros. Cuando ellos se separaron, en 2018, decidí continuar trabajando con Dagoberto. En abril cerró una exposición de sus nuevas obras en nuestra galería de París.

¿Qué piensa del multiculturalismo?
El multiculturalismo, en el sentido de permitirles a diferentes grupos culturales y/o sociedades vivir su cultura, su lengua y su legado, ha sido muy importante para mí. Se trata de respeto y diversidad. El mundo ya perdió demasiadas de esas sociedades, debido a gobiernos malos y arrogantes y a la política. La educación también es muy importante. Y el arte es parte de ella.
¿Qué tan importantes son para usted las ferias de arte?
Las ferias de arte son un rompecabezas en las actividades de una galería. Es el lugar para conocer nuevos coleccionistas y agentes artísticos. Es un lugar para el intercambio de ideas, para vender y colocar obras, y también publicidad.

¿Le parecen útiles las visitas a documenta Kassel y la Bienal de Venecia? ¿O lo inspiran más otras exposiciones de arte contemporáneo?
Mis primeras documenta y Bienal de Venecia fueron en 1982; tenía dieciocho años. Desde entonces visito estos eventos. Han sido muy importantes y relevantes en mi biografía, para descubrir y entender. La importancia ha disminuido en los últimos años, debido a que están sucediendo muchas más cosas, muchos más festivales y bienales.
¿Por qué abrió una nueva galería en París y no en Londres o Nueva York?
Quería abrir mi galería en Europa, en el continente. Entonces París era la única ciudad posible; en la actualidad es el lugar más interesante y dinámico para el arte en el Antiguo Continente. También los desplazamientos son muy fáciles, puedo viajar en tren en cuatro horas sin tener que preocuparme por los aviones.
*Cortesía del artista y Galerie Peter Kilchmann, Zurich/París.
CARLOS JIMÉNEZ

