Marilyn Boror Bor nació en San Juan Sacatepéquez (Guatemala) en 1984. La etimología de su lugar de origen es fundamental para entender las raíces y el desarrollo conceptual de su trabajo, en el cual el lenguaje desempeña un rol primordial. La mayoría de los nombres de los municipios y poblaciones de Guatemala están compuestos por el nombre del santo católico venerado el día de su fundación y de una descripción en lengua náhuatl del sitio en el que fue establecido. En el caso de San Juan Sacatepéquez, el nombre hace referencia a su santo patrono, San Juan Bautista, y al topónimo “Sacatepéquez”, derivado de los vocablos en náhuatl “sacat”, en español, “hierba”; “tepē-”, en español, “cerro o montaña”; y “-k”, en español, “en”, es decir, “en el cerro cubierto de hierba”. Es importante destacar que los nombres, tanto en español como en náhuatl, están directamente relacionados con la invasión de los territorios mesoamericanos por los españoles. Por otra parte, cabe mencionar que la municipalidad de San Juan Sacatepéquez es conocida como “la tierra de las flores” porque gran parte de su población se dedica a su cultivo y exportación.

Otro aspecto esencial en la obra de Marilyn Boror Bor es su pertenencia a la etnia Kaqchikel (cachiquel), originaria del estado de Chiapas, en México, y del occidente de lo que es hoy Guatemala, territorios que durante el periodo prehispánico se destacaron por albergar la civilización Maya, una de las más avanzadas del continente. Su identidad como mujer indígena maya-kaqchikel es primordial, pues a partir de ella aborda, entre otros temas, el patriarcado, el racismo y el abuso de poder, formas culturales que definen la construcción de diversas historias contemporáneas no solo en Guatemala, sino también en América Latina. En este sentido, “su trabajo se centra en identificar las fisuras de un sistema de representación epistemológica colonial que mantiene el control territorial del lenguaje, ya sea hablado o gráfico, para conservar el poder, por lo que sus proyectos artísticos se concentran en un análisis y crítica constante que busca la preservación y recuperación de los idiomas de los pueblos originarios, aunado al pensamiento y el sentir que se traduce en cosmogonías”.1

El concepto de territorialidad está implícito en su obra desde un principio, como puede apreciarse en la serie ¿Mundos o mapas? (2014-2020), la cual comienza después de estudiar Bellas Artes y obtener su licenciatura en Arte en la Universidad de San Carlos de Guatemala (2014), y recibir la beca Espira/La Espora Residency for Emerging Central American Artists en tres ocasiones (Nicaragua, 2011-2014). Según la artista, “esta obra deviene en diálogos entre movimientos humanos, territorios, migraciones, fronteras e invisibilización, potenciada al máximo al plantear lo siguiente: ¿Quiénes somos nosotros? ¿Quiénes son los otros? Estas preguntas permiten el cuestionamiento sobre la forma en que se percibe la otredad; es decir, cómo se puede ver a la otra persona como invisible, transparente y casi imperceptible”.2
Respecto a su experiencia académica, es importante anotar que, si bien realizó estudios en Guatemala, fueron las residencias en Nicaragua y, en particular, trabajar con su mentora, Patricia Belli, lo que le permitió encontrar su “alma” y encaminarse en el mundo del arte contemporáneo.3 Desde ese momento, Boror Bor asume, desde su posición de mujer indígena, una actitud reivindicativa respecto a las problemáticas que experimenta en una sociedad patriarcal, clasista y racista.
También es importante mencionar a tres mujeres que han desempeñado un papel primordial en su vida: su madre, Tránsita Bor Jocop, y sus abuelas, Juana Bor y Cecilia Boror. Según la artista, ellas son su mayor fuente de inspiración e importantes referencias, especialmente por haberles heredado sus conocimientos ancestrales.4

Siguiendo con el tema del territorio, pero esta vez profundizando en el tema del colonialismo, Boror Bor realiza la serie titulada ¡Ni parece Guatemala! La obra consiste en fotografías de paisajes urbanos, impresas a modo de postales, que representan aspectos de ciudades guatemaltecas inspirados en modelos arquitectónicos norteamericanos o europeos. Según ella, estas imágenes representan un desarrollo urbano de cierta forma fantasioso, liderado por una minoría blanca que emula modelos foráneos. Estas imágenes pueden ser interpretadas, además, como una estrategia para ocultar la cruda realidad social que viven las clases menos privilegiadas, causada, entre otros factores, por la guerra civil, el genocidio y la colonización.
Una de las primeras series en las que manifiesta su interés por la palabra es Diccionario de objetos olvidados (2016-2020), un trabajo documental que propone un ejercicio de memoria para el análisis del lenguaje y su administración desde los pueblos originarios. El diccionario incluye una selección de objetos relacionados con cuerpos, territorios y términos realizados con materiales naturales y cargados con una memoria propia. Como explica la artista, “para los pueblos originarios es necesario producir y dejar documentación por el contexto histórico en el que nos encontramos. Como naciones mayas, nuestra vida cotidiana es un ejercicio permanente de memoria, pero no por ello podemos negar la ineludible influencia de la modernidad y la posmodernidad”.5

Es importante destacar que, para la generación de sus abuelos, su propia lengua solo existía en forma oral. Hoy en día, los miembros de su comunidad hablan el español, un lenguaje occidental, pero tienen además otros lenguajes y formas de comunicación. El kaqchikel escrito con caracteres occidentales se les acredita a algunos sacerdotes que vinieron durante la “conquista” o “invasión” realizada por los españoles, a mestizos y “criollos” durante la colonia, y más recientemente, a la intelectualidad indígena contemporánea. El kaqchikel en su forma escrita es importante para Boror Bor, por ser una artista visual, pues al visualizarlo “dibujado” es más fácil aprenderlo y recordarlo.
Al realizar el Diccionario de objetos olvidados se da cuenta de que todos los objetos seleccionados provienen de la naturaleza, pues están hechos de piedra, madera, fibra o barro. A partir de esa reflexión, decide realizar una serie específica para cada uno de estos materiales. En el Diccionario de barro (2018-presente) se concentra en los objetos hechos del barro que proviene de la tierra. Según sus creencias ancestrales, cada objeto tiene un espíritu y un alma, los cuales, luego de cumplir su objetivo, regresan a su lugar de origen. En el caso del barro, este proviene de la montaña, y por eso, finalmente, regresa a ella.6 Por ejemplo, una tinaja o un plato de barro siempre estarán asociados con la tierra, con la montaña de donde proviene la arcilla con la cual fueron hechos.

Otra serie en la que la palabra desempeña un rol importante es Para no olvidar sus nombres (2013-2019). En esta oportunidad, realizó una serie de intervenciones en las que colocó carteles con nombres de objetos y lugares, escritos en las lenguas originarias, según el sitio donde fueron efectuadas. En Nicaragua, las palabras fueron escritas en náhuatl; en Costa Rica, en cabécar; en Estados Unidos y Canadá, en idioma ojibwa, y en Guatemala, en kaqchikel. A través de esta propuesta, la artista llamó la atención sobre la importancia de las lenguas originarias para los pueblos indígenas y celebró su supervivencia, a pesar de los esfuerzos de los grupos colonizadores por eliminarlas. Por otra parte, hizo un llamado a las nuevas generaciones para que no pierdan este importante legado, que hace parte fundamental de su cultura ancestral.
Una de sus obras más controversiales es la serie titulada Edicto cambio de nombre (2019-2020). Para este proyecto, la artista cambió legalmente sus apellidos Boror Bor, de origen maya-kaqchikel, por Castillo Novella, asociados con dos de las familias más pudientes de Guatemala. El apellido Castillo proviene del conquistador y cronista español Bernal Díaz del Castillo (1496-1584) y prevalece en una de las familias acaudaladas de Guatemala, conocida por ser dueña de un conglomerado de más de noventa empresas, incluida la Cervecería Centroamericana, productora de la cerveza Gallo, la de mayor consumo en el país. Por otra parte, la familia Novella es reconocida por ser dueña de la mayor fábrica de cementos, Cementos Progreso, cuyos orígenes se remontan al siglo XIX.

Durante su investigación, la artista identificó más de cuatrocientos anuncios en los que individuos, principalmente de origen indígena, hacían pública la resolución de sus cambios de nombres. Estos avisos son prueba de cómo los ciudadanos guatemaltecos pueden escapar de una manera legal y simbólica de su origen étnico para lograr pertenecer a un sistema racista. Como explica Boror Bor, “borrar las huellas de su identidad y de su pertenencia familiar puede interpretarse como una estrategia para escapar del sistema racista que domina y prevalece, desde tiempos de la colonia, en la agenda pública del país”.7
Marilyn Boror Bor abordó esta problemática desde el arte por medio de una investigación-performance que duró alrededor de doce meses. Desde su condición de mujer maya-kaqchikel se apropió legalmente de dos apellidos que simbolizan un sistema patriarcal de orden colonial sostenido y construido a través de herencias familiares. El proceso culminó un performance en el que realizó su propio “entierro”, que incluyó una lápida funeraria que hoy hace parte de la Colección Latinoamericana del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid (España). En la lápida aparece grabada la siguiente inscripción:
El 4 de agosto de 2018 se aprobó el cambio de nombre de Marilyn Elany Boror Bor
por
Marilyn Elany Castillo Novella
Para los efectos legales se hace esta
única publicación, Guatemala 23
de agosto de 2018
8 Avenida 20-22 niv. 6 of 64 “D” Z1 Guatemala
(152497-2) 29 agosto.8
La realización de la obra descrita anteriormente coincide con la apertura de una nueva planta de Cementos Progreso en San Juan Sacatepéquez en el 2019. Promocionada por la prensa oficial como una “planta pionera” y “la más grande y moderna de Centroamérica”,9 su construcción y funcionamiento están ligados a serias acusaciones por parte de grupos indígenas que han denunciado ocupaciones ilegales10 y la destrucción del medio ambiente.
Como respuesta no solo a este caso, sino, en general, a la forma como los colonizadores han despojado de su territorio a los grupos indígenas por más de cinco siglos, Marilyn Boror Bor realizó el performance titulado Monumento vivo (2021). Vestida con la indumentaria tradicional maya-kaqchikel, se colocó de pie en una base, en la que vertieron cemento fresco. A medida que el cemento se secaba, la artista se mantenía de pie, inmóvil, en medio de la Plaza Central de Ciudad de Guatemala. Como es tradicional en las estatuas conmemorativas, la artista acompañó la acción con una placa, con la siguiente inscripción: “En memoria de los defensores de la tierra, En memoria de los guías espirituales, En agradecimiento a los presos políticos, En agradecimiento a los lideres comunitarios. ¡Libertad para los ríos, los cerros, las montañas, las flores, los lagos!” A través de esta acción, la artista denunció las consecuencias que sufren los grupos indígenas por la destrucción del ecosistema en nombre del progreso y la civilización.

Siguiendo con el uso del cemento como símbolo de destrucción y opresión, Boror Bor realiza sus series más recientes, tituladas Rituales sepultados (2022) y Nos quitaron la montaña/Nos devolvieron el cemento (2022). En la primera, bloques de cemento “sepultan” hilos teñidos con los tonos de la vestimenta maya-kaqchikel que simbolizan una tradición milenaria. Sin embargo, estos logran sobrevivir haciéndose visibles en la superficie y, en algunos casos, cayendo hacia abajo a modo de cascada.
Según la artista, este trabajo parte del estudio de la palabra “kemonel” (tejedora), que en kaqchikel significa “peinadora de hilos”. A través de estas obras, Boror Bor se conecta con su tradición y honra a las mujeres de los pueblos originarios, recuperando los rituales del lenguaje textil y de la indumentaria que tienden a desaparecer. Según ella, “estas piezas son un reflejo de mi hibridez; una mujer indígena que vive en la ciudad (sumergida en el concreto), donde resiste contra la expropiación de su territorio (San Juan Sacatepéquez), zona en la cual las cementeras lentamente van borrando su paisaje. En estas esculturas el hilo se hunde en el concreto; sin embargo, vemos cómo se abre camino, forma grietas, y se manifiesta como un vómito de colores (o de vida) que se desborda del cemento. La obra busca liberar, reivindicar y valorizar la semiótica textil, el lenguaje y las horas de trabajo impregnados en la indumentaria maya; práctica cuya tradición ha sido una fuente económica emancipadora para muchas mujeres indígenas”. 11
En Nos quitaron la montaña/Nos devolvieron el cemento (2022), la artista emplea vasijas de barro utilizadas para almacenar o verter agua y las rellena con cemento. En algunos casos, utiliza simplemente fragmentos y reemplaza las piezas faltantes con cemento endurecido. Al eliminar la funcionalidad de estos objetos asociados con un recurso natural imprescindible para la supervivencia del ser humano como es el agua, la artista hace una crítica a un sistema que no solo destruye físicamente el recurso natural, sino que también afecta social, cultural y espiritualmente a la población indígena con la que este está estrechamente ligado.
El trabajo de Marilyn Boror Bor constituye un llamado a rescatar y visualizar el presente a través del entendimiento de un pasado milenario que ha sido invisibilizado y fragmentado. Para ello, utiliza distintos medios, tales como la pintura, la escultura, el tejido, la instalación, la palabra y su propio cuerpo, como espacio político de denuncia y resistencia. Para tratar de comprender ese pasado, es importante concebir que los objetos, el lenguaje y el mismo territorio, al cual la artista se refiere tácita o literalmente en sus obras, deben verse como un ente viviente a partir del cual se manifiestan expresiones llenas de energía y espiritualidad. Desde su posición como artista plástica, consagra una obra cargada de historia, memoria y espiritualidad, al colocarla en el “altar” del denominado arte contemporáneo.
NOTAS
1. Marilyn Boror Bor, declaración de la artista, enero, 2023.
2. Marilyn Boror Bor, conversación telefónica con la autora, febrero 1, 2023.
3. Ibíd.
4. Ibíd.
5. Ibíd.
6. Ibíd.
7. Ibíd.
8.https://drive.google.com/file/d/1R7sQVKU4iXIYUEtVv8-GwRavxZRr_H-3/view?usp=sharing. Consultado el 20 de febrero de 2023.
9. Rosa María Bolaños, “Esta es la planta en la que Cementos Progreso invirtió US$500 millones en San Juan Sacatepéquez”, Prensa Libre, 11 de marzo de 2019, https://www.prensalibre.com/economia/esta-es-la-planta-en-la-que-cementos-progreso-invirtio-us500-millones-en-san-juan-sacatepequez/ Consultado el 31 de enero, 2023.
10. Nelton Rivera, “San Juan Sacatepéquez: el despojo de la tierra va de la mano de la cementera”, Prensa Comunitaria KM169 septiembre 18, 2019. https://prensacomunitar.medium.com/san-juan-sacatep%C3%A9quez-el-despojo-de-la-tierra-va-de-la-mano-de-la-cementera-b4c4a823ea7c Consultado el 31 de enero, 2023.
11. Marilyn Boror Bor, conversación telefónica con la autora, febrero 1, 2023.
FRANCINE BIRBRAGHER-ROZENCWAIG, PH.D.

