La primera muestra individual de la multiartista Lyz Parayzo, en la Casa Triângulo, en São Paulo, finalizada en el último mes de enero, trajo a la escena contemporánea de la ciudad un ambiente de cortante brillo metálico y luminosa experimentación colorida, en un ensayo delirante de fiesta.
Parayzo, nombre de la instalación y llave maestra asociada a la zambullida autobiográfica que la artista viene elaborando en su trayectoria creativa, trajo la mirada ácida de una obra construida en terreno minado, consciente de los riesgos y trampas del sistema del arte.
El proyecto de la muestra, con ambientación envolvente de una sala expositiva múltiple, con esculturas metálicas de gran escala, móviles en láminas de corte en espiral, moviendo un edén reinventado, permitía una comprensión particular de la herencia neoconcreta en el arte brasilero.

Lyz Parayzo asume decisiones investigativas, consciente de sus incursiones narrativas, cuando dialoga con el legado de fragmentos del proyecto constructivo brasilero y de experiencias sensoriales de Lygia Clark, proponiendo una poética construida en la contemporaneidad, que aborda las fracturas de género y clase, al confrontar marcas psíquicas de subjetividades rechazadas por la sociedad.
En la sala, una convivencia recurrente entre las láminas cortantes de sus esculturas dentadas, en alambradas verticales suspendidas, en laminados bidimensionales de amplia escala, fijados sobre las paredes, en opción simétrica, recibía al visitante con un aviso silencioso sobre las incertidumbres, las embestidas y los placeres de las luchas de cuerpos disidentes.
Como sabemos, en la escena contemporánea, los lugares de cuerpos disidentes casi nunca son aquellos destinados al celebrado mainstream. Así, su arte de guerrilla recupera el cuerpo intimidado y lo libera construyendo respuestas metálicas, pensadas como escultura, que, simbólicamente, alertan sobre las trampas vividas por subjetividades discordantes.
Lyz Parayzo es, ella misma, una persona en proceso, que inició su formación en Campo Grande –región periférica de Río de Janeiro– y la continuó con su estadía en la Escuela de Artes Visuales del Parque Lage y el Curso de Artes Escénicas de la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro (UNIRIO), en donde madura, para, entonces, expandir sus intereses a otros horizontes, al concluir su máster en Artes Visuales en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes de París.
El máster, intitulado Therapie Narrative: lettres à Lygia Clark (Terapia Narrativa: Cartas a Lygia Clark), reúne la investigación académica de la joven creadora resultante de un cruce entre su proyecto performático-escultótico y la propuesta de una conversación ficticia con la importante referencia brasileña.
Esa estrategia de texto –una serie autoral de cartas dirigidas al período de residencia de Clark en París, entre 1974 y 1976– exponía el relato autobiográfico de Lyz Parayzo sobre su performancia de género, sus osadías físicas e incursiones psíquicas.
Este proyecto estableció una sofisticada hipótesis de interlocución con Lygia Clark, esa mujer que puso el cuerpo y la dimensión sensorial de la experiencia en una nueva dimensión, elaborando una construcción que se encarnaba en la más diversas materialidades como “no artista”. De ahí parte la instalación de Parayzo en São Paulo, como desdoblamiento de sus hallazgos.
Otra referencia importante para el trabajo de la joven artista es la obra de la psicoanalista brasilera Suely Rolnik, quien convivió con la propia Lygia Clark en París, en los últimos años de la década del setenta; construyendo incluso lectura psicoanalítica de sus sesiones con Objetos Relacionales, conjuga muchos frentes de reflexión propuestos por Lyz Parayzo en su propio proyecto vivencial.
Aquí, la subjetividad se toma la escena, se hace presente y le muestra caminos a Parayzo.
La descolonización del deseo, la inclusión de subjetividades libres y la convicción de que existe espacio para experimentar entre una manera de existir en el mundo y lo que aún está por acontecer revelan la dimensión de las fuerzas que impulsan el trabajo de la joven creadora.
La exposición/instalación Parayzo, esa invención autoral del edén, creó una estrategia para reunir en escultura, video y joyería conceptual obras que reinventaron el ambiente de la galería, en una atmósfera translúcida, envolvente y, al mismo tiempo, peligrosa y amenazadora.
Entra placas y remaches de inox, aluminio pulido y remaches de acero, peso de plomo, hierro y plata, las esculturas proyectaban sus propias sombras en todo el espacio, por efecto de las lámparas fluorescentes colocadas en el techo, cuidadosamente recubiertas por una película rosa.
En las salas de la galería, Lyz Parayzo inauguró un ambiente bañado en sombras y halos circulares luminosos, resultantes del movimiento de las láminas metálicas cortantes suspendidas, en una elaborada relación entre el inox y el aluminio de sus esculturas, engrosadas por la exposición de joyas y por la proyección de un video.
El video, titulado Cavalo de Tróia (Caballo de Troya), de 2022, exhibido en la segunda sala de la galería, dividía el espacio con una serie de “frottage” extraído del hilo dentado de sus ruedas metálicas, además de sus joyas de guerrillas exhibidas en pequeñas vitrinas. En el mismo espacio, además, era posible observar una de sus protagonistas plásticas, la obra Bixinha Ouriço.
Obra del 2022, en inox pulido, la escultura Bixinha Ouriço rechaza las posibilidades de manipulación, aquella un día pensada por Lygia Clark para sus Bichos. Esa nueva pieza metálica dialoga con su referencia, pero el riesgo de corte inhabilita el proyecto neoconcreto de participación del público. Ahora, la amenaza del borde dentado acciona la extrañeza y el recelo.
Dando materialidad al flujo de una consciencia corporal que asume la urgencia del no binario y admite el tránsito inestable de un tiempo de cambios que incluye su propia existencia, Lyz Parayzo llama al visitante a la reflexión. Por su voz, proyectada en el ambiente, era posible conocer más sobre el “cuerpo que cataliza una serie de violencias en la cotidianidad”.
La artista no admite el deseo colonizado, la subjetividad domesticada. Su obra está traspasada por la decisión de una investigación plástica transgresora. Asume, así, las inquietudes de una sabiduría del cuerpo encarnada en su práctica tridimensional; una dimensión performática de su propia experiencia es fruto de la expresión de sus decisiones.
Esa obra, que materializa también su militancia trans, hace parte de su propia vida y actitud como agente de una generación que asume sus convicciones y toma a pecho el intervenir en las trampas de su época. Su propuesta de intervención en la escena contemporánea es su propia militancia.
La performance, colocando su cuerpo en evidencia, fortaleció la consciencia de la defensa intransigente de la disidencia y del lugar social de su actuar. Lyz Parayzo ciertamente hace parte de una generación de artistas latinoamericanas que insiste en confrontar representaciones culturales consolidadas revisando el estatuto de cualquier proceso de creación, condicionado por la normalización de patrones excluyentes.
