Exposición Individualjun 2023 - nov 2023· Por Pilar Altilio

Juan Sorrentino

Herlitzka & Co.

En “La música como epifanía del mundo”, Juan Sorrentino (Chaco, 1978) revela no solo al músico y al artista sonoro, sino que muestra al escultor, el carpintero y el herrero capaz de producir cada obra ajustando las partes a sus propósitos. Con un largo recorrido por el mundo que incluyen muestras en Whitechapel Gallery (Londres), Bonniers Konsthall (Suecia), MAAT (Lisboa), SINNE (Finlandia), ARGOS (Bélgica), MediaLab Prado (Madrid), Sonic Spring (Nueva York), o la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), entre otras, pensó para esta exposición en la galería Herlitzka & Co. componer en torno a cuatro núcleos que funcionan también como un ensamble musical que opera en la arquitectura de la sala; estos son, Teleféricos, Quebrachos. El residuo de la trama, Mancuspias y Space Scanner (Escaner espacial).

Exposición Individual: Juan Sorrentino — imagen 1
Juan Sorrentino. Mancuspias, 2021-2022. Vista general. Escultura de sonido, álbum de música EP, composición musical. Dimensiones variables.

Una escultura sonora compuesta por un trío de voces que se escuchan a través de parlantes que ascienden y descienden por un riel, es Teleféricos, una correspondencia evidenciada entre los rieles donde se transportan personas con el mismo sistema y la suplantación de estas por voces grabadas, donde, al mismo tiempo que ascienden, van perdiendo nitidez y se anulan por un proceso que sucede cuando un sonido es repetido muchas veces. La elección de este trío vocal es un homenaje al compositor Alvin Lucier en su técnica (I’m Sitting in a Room), que propone un ejercicio experimental de poesía impermanente.

Space Scanner (Escaner espacial) es un cono metálico que gira sobre una balsa en un estanque, una instalación que, al rodar sobre su propio eje, genera un sonido que contiene todas las frecuencias del espectro audible denominado ruido blanco. En esa emisión que va escaneando el espacio circundante, impacta de distinto modo sobre las superficies, de manera tal que no produce el mismo sonido cuando se topa con una columna de cemento o un cuerpo humano. Esta obra ha tenido varias versiones instaladas en espacios abiertos, una de las cuales se mantiene en la selva chaqueña funcionando de modo aleatorio, según soplen los vientos, en proximidades a una residencia para artistas que dirige Sorrentino.

Las Mancuspias del artista son piezas escultóricas que se alzan sobre varillas de hierro adaptadas en cada caso para sostenerlas, mientras cada una de ellas remite a la memoria de los propios materiales que la integran conectando estas “cajitas de música” al sonido emitido. Cada composición musical de estas esculturas sonoras, curiosas e indefinibles se incluye en el colectivo de mancuspias, animales imaginarios creados por Julio Cortázar, incluidos dentro del cuento “Cefalea”, de 1951. Donde se escucha el sonido de una fogata, la caja está hecha de madera quemada mediante la aplicación controlada del fuego, lo que le otorga un elegante color negro; donde ensambla ciertas partes de un piano desmembrado de una manera ilógica, se emiten frecuencias diferentes de un metrónomo. Sorrentino se inspira en una frase del cantautor argentino Atahualpa Yupanqui (1908-1992), quien sostenía que “La guitarra, antes de ser instrumento, fue árbol, y en él cantaban los pájaros. La madera sabía de música mucho antes de ser instrumento”.

Todas las piezas instaladas fueron activadas especialmente en un concierto que se ofreció al mismo tiempo de inaugurada la muestra, acompañado por el músico Manu Schaller, quien tocó el theremín, un instrumento musical electrónico que, curiosamente, se puede interpretar sin ningún contacto físico, de pie frente al instrumento. Juan era quien se desplazaba entre las obras, con una mochila sonora que tanto reproducía sonidos de la naturaleza como intervenía amplificando las distintas obras.

Sus proyectos incluyen citas e interpretaciones de teorías provenientes de la ciencia sonora, de la historia de la música y de su historia de vida. Nacido en Resistencia, provincia de Chaco, un lugar que tiene, entre muchos otros, un sonido regular de chicharras que solo se notan cuando se callan de modo brusco. Un territorio que sufrió un feroz desmonte, unido a la explotación de los recursos naturales, parte importante en el desarrollo de los ferrocarriles, pues la madera del quebracho fue usada como durmientes, es decir, elementos transversales al eje de los andenes que sirven para mantener unidos a una distancia fija los dos rieles que conforman la vía. Puede tardar hasta quince años en degradarse, pero el artista en la instalación Quebrachos la incorpora quemada y parcialmente destruida, en una acción repetitiva de ascenso y descenso, acentuando la mecánica del movimiento arrastrándose por el muro como un cuerpo desplazado que va dejando una huella de carbón. Esta obra hace eco del desplazamiento material y conceptual “monte-ciudad” del territorio y ha tenido diferentes versiones; todas ellas aportan cierta perplejidad en la acción a la que son sometidas, pero remarcan una resistencia a dejar huellas, aun con los restos.

Juan Sorrentino, por Pilar Altilio | artnexus