José Bedia

José Bedia. Eternamente agradecido me presento, 2021. Acrílico sobre tela. 61 x 122 cm (24 1/64 x 48 1/32 pulgadas). Detalle del políptico de 9 piezas. *

Monografíajun 2023 - nov 2023· Por Autor no disponible

José Bedia

Viaje circular

Museo MARCO, Monterrey

Entre lo real y lo imaginario no se interpone la frontera rígida que pueden estipular ciertas visiones miopes en nombre de la ciencia; los imaginarios colectivos de los “otros”, en los que el arte etnográfico de José Bedia abreva, abren la puerta a una experiencia vital que juega con los límites de la frontera que separa la razón del sueño, lo que desata una energía poderosa de ricas expresiones que se enuncian en forma de pintura. Una forma, un trazo o un símbolo revelan el paisaje sincrético que habita en los pensamientos del artista: lo mismo es una estrella de la constelación de la tortuga de los siete filos, a quien los seris aducen la creación de la superficie terrestre, que las formas que componen la tradición oral sobre Mackandal, el héroe de la independencia haitiana. Estos multiversos, o múltiples universos, son visitados, en algo parecido al viaje del alma chamánica, pues, como formas de pensamiento complejas, contienen una lógica, un estilo y una narrativa en los que el artista experimenta.

Monografía: José Bedia — imagen 1
José Bedia. Somalian Prey (God is Good) [Somalian Prey (Dios es bueno)], 2010-2012. Acrílico y collage sobre tela. 148 x 419 cm (58 17/64 x 58 21/32 pulgadas). Vista de la exposición “José Bedia: Viaje Circular”. *

En el “Viaje circular” que Bedia presenta en MARCO aparecen paisajes culturales en los que los sueños, los cantos y las figuras efímeras se plasman en soportes materiales que transmiten y fijan aquello que se proyecta en mundos lejanos, y, simultáneamente, aquí y ahora. Las expresiones de lo inmaterial, de lo espiritual, toman cierta forma, encarnan en los momentos en los que se responden las preguntas que nos hacemos durante el ejercicio ritual. La mirada antropológica del artista sobre las formas de lo religioso es, en efecto, universal, pero le interesa la particularidad en la construcción material de esos ámbitos de lo inmaterial. En eso que él llama movimiento circular de los artistas alrededor de ideas recurrentes. Parece que nuestro artista, al observar las artes tribales, se pregunta: ¿por qué seleccionar esa forma específica para transmitir ese pensamiento abstracto?

Roy Wagner, en La invención de la cultura, manifiesta que en el encuentro del etnógrafo con las expresiones culturales del otro se crea una cultura nueva, que no es resultado directo de las ideas desarrolladas en el ámbito académico, ni tampoco la representación literal de las concepciones filosóficas del otro, sino una mezcla entre las dos, como observamos en el conjunto Crónicas americanas, que el artista define como una colaboración hipotética entre la pintura facial o la textura de los tejidos de las cestas de los indígenas pintadas sobre fotografías realizadas por el antropólogo, por lo que estamos ante un objeto nuevo, hecho con múltiples manos y a partir de diversas miradas sobre el mundo.

Como ejemplo de la potencia expresiva de las creaciones de Bedia, vemos la obra La llegada del Cristo, donde es posible apreciar la honestidad en el tratamiento de las formas originales, rasgos seleccionados que él considera necesarios para cumplir las condiciones de verdad de un discurso; en este caso, la acción de cazar con flecha como parte de un sacrificio ritual para explicar la llegada de la cristiandad. Representar la Santísima Trinidad con el nombre de las tres carabelas que llegaron con Colón a estas tierras, con la muerte de Cristo implícita, en los términos simbólicos de los pueblos originarios, decir que el sacrificio, como el acto de cazar una presa, es una forma de intercambio con las divinidades.

Monografía: José Bedia — imagen 2
José Bedia. Venadito de flores estás por ahí, 2021. Acrílico sobre papel amate. 124.5 x 249 cm (49 1/64 x 98 1/32 pulgadas). *

En la pintura presentada en “Viaje circular” aparecen unas veces pocos elementos, pero en otras ocasiones, las obras están conformadas por escenarios rituales bastante complejos. Bedia provee de lecciones etnográficas; en Venadito de flores estás por ahí, estamos presenciando la danza del venado entre los yaquis del desierto de Sonora, donde el danzante, personaje central del cuadro, está en la postura que denota su transformación en venado; su forma corporal es fiel a los gestos utilizados por el danzante para imitar los movimientos del animal, pero tanto el Maso Sewa, venado de flores, como el Huya Aniya, desierto florido, están sonorizados por esa música hipnótica y repetitiva que emiten los tambores de agua y sus raspadores. Las sonajas en las manos del venado anuncian con su caminar la continuidad de la vida, pues el venado y las flores son fertilidad y son lluvia.

Los modos de distribución de las competencias imaginativas del pintor son trazados con contrastes de color, que lo mismo son el contundente trazo amarillo que muestra la fuerza de una cascada, que un fondo rojo que llena la atmósfera de un exvoto, en el cual Bedia, a veces jugando, u otras, con toda seriedad, crea para comunicarse con los santos en la misma forma en que se comunican con la divinidad muchos pueblos en la cultura popular mexicana. En esos contrastes sobre la selección de las formas para expresarse, las dimensiones de los personajes tampoco obedecen a reglas fijas, ya sean inmensas como una mantarraya de dos metros o un jaguar comiendo un gran elote, o unos pequeños personajes que aparecen por aquí y por allá, espíritus juguetones que se mueven en esos mundos, viajando en territorios de los nahua, los seri, los shipibo, los somalí, los angoleño o los haitianos: los mundos sagrados que Bedia tiene en la cabeza, en las manos.

* Cortesía MARCO.

NATALIA GABAYET

José Bedia: Viaje circular | artnexus