Jim Amaral

Jim Amaral. Mujer con ruedas (detalle), 1992. Bronce. 100 x 37.5 x 50 cm (39 3/8 x 14 49/64 x 19 11/16 pulgadas). *

Monografíajun 2023 - nov 2023· Por Natalia Gutiérrez

Jim Amaral

Etcéteras

MAMBO EXTRAMUROS

“Etcéteras”, dice Eugenio Viola, el curador de esta exposición retrospectiva de Jim Amaral, quiere decir “y el resto”, “y las demás cosas”. “Etcétera” implica una especie de enumeración, como un algo más de lo que acabo de decir, porque tengo más para decir. Es un buen título para traer al presente la obra de Jim Amaral: entrar en ella no por grandes relatos, sino por objetos caprichosos que, sin embargo, revelan la capacidad que tiene la imaginación de entrar donde la lógica se agota y cambiar de lugar el mundo real, mezclar tiempos y espacios y proponer un pensamiento abierto que le permite al espectador pensar de otra manera. Son importantes estas esculturas de mediano y pequeño formato, tal vez porque los bogotanos estamos acostumbrados a ver obras de Amaral en el espacio público, agigantadas, que obligan al peatón a establecer una relación con un cuerpo mucho más grande; así, la masa es protagónica, y no se pueden percibir todos los detalles de la obra de Amaral que esta exposición sí permite ver. Aquí las piezas tienen cada una un carácter íntimo.

A propósito, capricho –como los Caprichos de Paganini– es un deseo de retener y de elaborar lo que aparece en mi mente de manera intempestiva.

Monografía: Jim Amaral — imagen 1
Jim Amaral. Mujer con ruedas, 1992. Bronce. 100 x 37.5 x 50 cm (39 3/8 x 14 49/64 x 19 11/16 pulgadas). *

Eduardo Serrano escribió un artículo llamado “Las tres dimensiones de Amaral”, en Mundos conocidos, un libro sobre la obra del artista, de reciente publicación. En este texto, el trabajo escultórico de Amaral se revela lentamente en todas sus dimensiones: la lucha con la fundición; las exigencias que su trabajo le hace al bronce, convertido en hilos, en costuras, en herrajes, en cascarones; su carácter arqueológico, como si las piezas salieran de un naufragio o de una excavación arqueológica de tierra acumulada durante miles de años; su libertad temática y su poco interés por perseguir los mandatos de lo actual. Un artículo revelador, sin duda.

Yo quisiera centrarme en una cierta aceptación de sí mismos de estos cuerpos en bronce, rayados, nunca lisos ni relucientes. Se presentan con un mundo interior que están viviendo aquí y ahora, un mundo que padecen, pero en evolución, y además, que se les escapa de su control.

A veces los escritores de arte hablan de psicoanálisis, y creo que en este caso resulta una palabra muy genérica para todo lo que sucede allí. Las obras de Amaral parecen resultar del espacio personal que genera el diván, en el cual, quien se acuesta rompe la obligación de mirar y ser mirado, y surge la posibilidad de pensar desde el cuerpo, incluso con sorpresa por parte del analizado: sexualidades inconfesables, ambiguas, asexuadas, y toda clase de referencias, como en un especie de precipitado de tiempos y espacios, es lo que el diván permite: observar una mente menos domesticada y más conectada a la experiencia y a historias atávicas. Traigo a cuento el diván porque la terapia contemporánea con objetivos más claros, y donde terapeuta y sujeto se miran a los ojos, es otra cosa. Los cuerpos escultóricos de Amaral están enredados en sus propios problemas, no le ruegan al espectador que los mire, y, sin embargo, se expanden en el espacio. Y seguramente se conectan con un espectador aparentemente normalizado, pero en debate con sus ideas y deseos propios.

Monografía: Jim Amaral — imagen 2
Jim Amaral. Resolviendo misterio lunar Nº84, 1988. Acrílico sobre lino. 96 x 66 cm (37 51/64 x 25 63/64 pulgadas). *

Los cuerpos de Amaral terminan en prótesis, añadidas muchas veces con bisagras; no se trata de un naturalismo ingenuo. Generalmente esas prótesis, alas, por ejemplo, algunas como rejas, pies con pequeñas ruedas y amarres inmovilizadores, o bandas y herrajes que atraviesan el cuerpo, parecen mostrar que el cuerpo se diera cuenta del absurdo de sus idealizaciones y se riera un poco de sí mismo. No son cuerpos sufrientes, me parece a mí, por lo menos en el sentido católico. Son cuerpos que no encuentran satisfacción, como diría Mick Jagger, atados, por ejemplo, a una silla, pero atados por sus propios enredos psicológicos, que es necesario sacarlos afuera y verlos para desatarlos o no desatarlos nunca. En esta época donde la subjetividad en arte es tan importante –Louise Bourgeois–, estos cuerpos de Amaral son subjetividades en conflicto, algunas que advierten de barreras psicológicas, y otras, divertidas e irónicas.

Le sentaba muy bien el espacio a esta retrospectiva. El piso 30 de un edificio en el centro de Bogotá con vista de 360 grados sobre la ciudad, y con suelo gris de cemento, hacían de las esculturas un problema urbano. Estos cuerpos y sus prótesis podrían ser habitantes de una ciudad de cemento al borde del apocalipsis. Incluso un mundo de Juego de tronos, con la rareza de la mezcla de tiempos pero con mucho más sentido del absurdo y también de la dimensión reconfortante de mostrarse en sus contradicciones. Una exposición que se presentó en el marco de “MAMBO Extramuros”, que es una iniciativa del Museo de Arte Moderno de Bogotá para sacar sus exposiciones fuera de su sede permanente. Una exposición muy completa de este artista que nació en Pleasanton (Estados Unidos) en 1933 y reside en Colombia desde 1957.

Monografía: Jim Amaral — imagen 3
Jim Amaral. Mesa 2 manos, 2008. Técnica mixta. 79 x 25 x 25 cm (31 7/64 x 9 27/32 x 9 27/32 pulgadas). *

La muestra incluyó pinturas, las de horizonte ennegrecido, que son tan características de su obra, un horizonte de frutas momificadas o muertas. Y las acuarelas sobre papel, que merecen un capítulo aparte: dibujos decorativos repetitivos y multicolores se desenvuelven desde el borde del papel y terminan en encuentros de cuerpos, conversaciones y relaciones eróticas. Unas acuarelas que recuerdan las obsesivas decoraciones del arte no occidental, el de la India, por ejemplo, y sus templos de cintas decorativas en piedra con cuerpos erotizados que cubren la superficie.

En el libro al que hice referencia, Edward Sullivan cita a Pessoa: “la experiencia directa es una evasión o un lugar para ocultarse para aquellos que no tienen imaginación”. Pero no es solo eso. Tal vez la experiencia directa en suspenso, detenida por un momento y en bronce, desdobla otras experiencias plegadas, permite verlas y entender que vale la pena tomarlas en cuenta.

* © Foto: Diego Amaral. Cortesía del artista.

NATALIA GUTIÉRREZ

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