En el video que el colombiano Iván Argote (Bogotá 1983) presentó en el Centre Pompidou, como uno de los artistas nominados al Premio Marcel Duchamp –junto con la italiana Giulia Andreani (1985), el suizo Philippe Decrauzat (1974) y la francesa Mimosa Echard (1986), quien resultó laureada–, una frase de Argote llamó particularmente mi atención, “Rêver est la clef” (Soñar es la clave / la llave). En efecto, esta afirmación en forma de máxima sirve de base, tanto conceptual como estética, a la reflexión política que nos presenta el artista en una obra bastante contundente. El video en tres partes (16 min. 10, 2022) interroga con humor y poesía, sin recurrir a imágenes violentas, nuestra percepción del espacio público, y, más concretamente, del lugar que ocupan los monumentos que, en tres ciudades del sur de Europa, conmemoran un pasado de conquista y poder relacionado, en la mayoría de los casos, con empresas coloniales o imperiales. En esta cinta, el artista enfatiza “nuestra memoria del olvido” invitándonos a cuestionarnos sobre nuestro pasado histórico y realizando (a modo de sueño despierto y de ficción política) tres performances: el retiro del obelisco Flaminio, erigido en la Piazza del Popolo, en Roma; el de la estatua de Cristóbal Colón, en la Plaza de Colón, en Madrid, y, en París, el retiro de la estatua del mariscal Galliéni, en la plaza Vauban.

En lo referente a su país de adopción, Francia, pero también Europa entera, Argote abordó esta compleja problemática con una conciencia política a toda prueba. En efecto, fue en su juventud, en Colombia, junto con una familia politizada y militante, donde forjó primero, con respecto a su propia historia, un sólido sentido crítico, orientado hoy hacia temas sociales y políticos en boga a nivel mundial. “Mis obras, declara, son reflexiones sobre cómo nos comportamos, cómo entendemos nuestro entorno inmediato y cómo dicho entorno se relaciona con la historia, las tradiciones, el arte, la política y el poder”. Adueñándose de este tema de actualidad, Iván Argote pone el dedo en la llaga de una problemática que sacude nuestra memoria y provoca mucha agitación y debates contradictorios en las sociedades occidentales, no solo en las de Europa, sino también en otros países –como fue el caso en México, por citar solo un ejemplo, cuando llegó al poder su presidente, Andrés Manuel López Obrador, quien hizo reemplazar el monumento a Cristóbal Colón, situado en el Paseo de la Reforma, por la estatua de una mujer indígena mexicana1 –; recordemos otros sonados (y anteriores) retiros de monumentos como los de Stalin y Lenin en los países de la antigua Unión Soviética. En estos actos de eliminación de los símbolos materiales de un poder aborrecido, ¿sería lógico plantearse igualmente la pregunta de su hipotético reemplazo? El artista no aporta una respuesta concluyente.
En la muestra presentada en el Centre Pompidou, Argote ofrece una instalación compuesta por un video en tres pantallas, acompañado de una banda sonora musical discreta que acentúa la sucesión de las imágenes y que se escucha también en el espacio que el artista denominó “Air de jeux”, juego de palabras entre “air” (aire, melodía) y “aire” (área) [ambas con pronunciación idéntica en francés. Ndt.], para traducirse como “Aire de juego” o “Área de juego”, ya que dicho espacio fue concebido como una especie de “ágora”, donde el espectador puede sentarse o recostarse sobre fragmentos de obelisco y sócalos de terciopelo rosa colocados en el suelo. La película, dividida en tres partes, va acompañada de una narración del artista, compuesta de breves sentencias (en inglés y francés) escritas sobre una pantalla entera y simbólicamente roja, que refuerzan e imprimen un ritmo regular al paso de las imágenes. La substancia del texto, que saca a la luz sus interrogantes, sus convicciones, e incluso sus dudas, realza el concepto subyacente de la obra y enriquece el símbolo visual. En lo que Argote denomina “tres cintas de anticipación”, la Parte I, Levitate, 2022, se refiere a Roma, la ciudad del mundo que cuenta con el mayor número de obeliscos. El artista imagina la levitación del obelisco Flaminio, juega con el desplazamiento/balanceo en el espacio del objeto histórico, lo desacraliza, le quita toda temporalidad, lo libera de toda historia, lo reduce al anonimato. La Parte II, Paseo, 2022, se refiere a Madrid y la estatua de Cristóbal Colón. El artista eligió la fecha del 12 de octubre, que es el “Día de la Raza” en México, así como en el resto de Latinoamérica, pero también (sin saberlo) la Fiesta Nacional española denominada “Día de la Hispanidad”, para hacer circular por las calles de Madrid la estatua derribada, ceñida con cuerdas y derrotada, yaciendo sobre un camión, ante la sorpresa e incredulidad de los transeúntes. La Parte III, Au Revoir Joseph Gallieni, 2021, tiene que ver con París y la estatua de un oficial francés ubicada frente a Les Invalides. Se trata del mariscal Joseph Galliéni, exministro de Guerra, cuya historia militar está vinculada con la consolidación del imperio colonial francés en Asia y África. Este monumento fue vandalizado en repetidas ocasiones, tapado con una sábana negra o cubierto de inscripciones. La performance de Iván Argote, sustentada por la politóloga y militante feminista decolonial francesa Françoise Vergès, consistió en el retiro (ficticio) de la escultura, acto de ruptura muy simbólico frente a un monumento tan emblemático como lo es el Musée de l’Armée, con falsos obreros que retiraban de su zócalo una estatua falsa.

La exposición de la galería Perrotin, intitulada “Prémonitions”, amplía el tema del video del Centre Pompidou. Para la exposición, el artista realizó en 2022, durante su reciente estadía de residencia en Roma, en la Villa Médici (propiedad del Gobierno francés), otro video que tiene por título Post Human, el cual pone en escena, con humor e ironía, a las palomas que invaden las obras arquitectónicas más antiguas de las ciudades y que, muy a su pesar, son testigos de la destrucción de los monumentos más emblemáticos (Arco de Triunfo, Obelisco, esculturas), aquellas mismas palomas que, como guías y turistas a la vez, tomarán más tarde posesión del espacio “liberado”. Los tonos pastel y transparentes que predominan en el video (rosas color papel secante, azules suaves y grises claros) son los mismos que encontramos en las pinturas expuestas en la galería. Junto a los lienzos de pequeño y mediano formato, donde vemos representados fragmentos de monumentos, dos esculturas, la de un zócalo de estatua destartalado, recubierto de ramas y maleza, y una figura humana de la que no quedan sino las piernas, igualmente devorada por una vegetación salvaje, evocan, no sin ironía, la eliminación o mutilación de dichos monumentos en el espacio público. Una instalación retoma, en cuanto a forma y temática, el video Post Human, presentando un espacio casi vacío, en donde algunos monumentos emblemáticos subsisten sin más visitantes que las palomas. Esta exposición cobra todo el sentido cuando la relacionamos con el tema del video de Beaubourg y volvemos a encontrar toda la sutileza, todo el subtexto y el refinamiento de las imágenes, así como de la banda sonora, cualidades que caracterizan el trabajo estético y conceptual de Iván Argote.
La mirada interrogadora sobre el pasado es no solo legítima, sino necesaria; sin embargo, hay que poner cuidado para que se haga con un conocimiento objetivo de la historia, es decir, poniendo en perspectiva los hechos y lo que estaba en juego, a fin de suscitar una reflexión crítica constructiva, que no conlleve automáticamente culpabilidad y arrepentimiento. La obra de Argote conjuga varias dimensiones, a la vez política, estética, didáctica y lúdica. Interrogando el espacio público y el sentido de los relatos oficiales a través de esos monumentos, el artista busca, ante todo, llamar la atención, incitar cuestionamientos, sacudir y provocar. Por su fuerza de convicción, “por un activismo de carácter singular, radicalmente tierno”, esta obra artística de ficción política hubiera merecido con creces, a mi parecer, ser galardonada con el Premio Marcel Duchamp.
NOTA
1. La estatua de Colón fue retirada, el 10 de octubre de 2020, de la glorieta ubicada en el cruce de las avenidas Paseo de la Reforma y Morelos, con la intención de “rehabilitarla y preservar el patrimonio cultural”.
* Cortesía del artista y Perrotin.
CHRISTINE FRÉROT

