Exposición Individualjun 2023 - nov 2023· Por Semíramis Gonzalez

Diana Fonseca

Max Estrella

Decía Anaïs Nin que no vemos las cosas como son realmente, sino que más bien las vemos como somos nosotros; así, podríamos presentar la exposición “Mi mundo como objeto” de Diana Fonseca (La Habana, 1978), en la galería madrileña Max Estrella. Para esta primera individual en este espacio, Fonseca produjo diez piezas nuevas, expresamente para enseñarse aquí, y en las que alude a la minuciosidad de los objetos y a nuestra rutina cotidiana, con la idea de subvertirla y darle un nuevo sentido, más poético y surrealista. A Fonseca le interesa despojar a las cosas de su utilidad primera para mostrar, a través de su mirada artística, otra significación cargada de códigos menos prácticos y sí más líricos, que traducen nuevos sentidos al propio objeto. La obra se libera de cualquier compromiso para abrirse a nuevas narraciones.

Exposición Individual: Diana Fonseca — imagen 1
Diana Fonseca. Mundo Pacífico, 2023. Globo terráqueo intervenido. 31 x 21 x 21 cm (12 13/64 x 8 17/64 x 8 17/64 pulgadas). Cortesía de Max Estrella.

Los opuestos (la dureza y lo blando, lo ligero y lo que pesa) se enfrentan en la galería en obras distribuidas por las distintas salas. Dan la entrada a la exposición la pieza Mundo pacífico, donde un globo terráqueo pierde su sentido semántico al desaparecer precisamente eso, la tierra, en favor de un planeta de agua, sin personas ni países, sin conflictos; Fonseca elimina las áreas terrestres para poner el mar en el centro. De la misma forma, se presenta El libro de la discordia, un ejemplar con lomos a ambos lados, imposible de abrir, como si no hubiera posibilidad de diálogo o de abrir una página en blanco. Esa oposición la encontramos en distintas piezas, como en Tregua, donde dos papeles de lija se conectan por un extremo, justo donde tienen limada su parte más dura.

El contraste entre levedad y peso, fuerza y delicadeza, aparece en otras piezas, como en El peso de la inconsistencia, donde una pluma está sostenida al borde de una pesada mesa, sin caer, pero sin levitar, como si lo visual funcionara también como algo contradictorio. Esta es una de las muchas lecturas que Fonseca plantea en esta minuciosa exposición, donde cada una de las obras está medida y pensada, sugiriendo lecturas más profundas que las que a simple vista captamos.

En un ejercicio de reivindicación del ready made, Fonseca utiliza los elementos que podríamos encontrar a diario con otra utilidad, para crear piezas líricas y surrealistas, pero que cargan también con una fuerte lectura crítica que las despoja de un sentido práctico, en favor de uno más poético. Así, los relojes que aparecen en varias salas son relojes sin sentido útil; sus agujas se han multiplicado por todas las horas, o sus números se han caído en la parte de abajo y se mezclan en un caos medido que no permite leer la hora. La rapidez de un presente exacerbado por un control preciso de todo lo que ocurre, del tiempo, del espacio, de las conexiones, queda aquí supeditada en unas obras cuya finalidad no es la cantidad de tiempo, sino su calidad.

Fonseca hace una reivindicación del objeto superando su sentido práctico y abogando por lo irracional como una posibilidad estética que se acerca al corazón y a la mente. Su proceso, por tanto, se aproxima más al lirismo que a la crítica conceptual, aunque el resultado formal se le asemeje.

El ojo que también fascinó a los surrealistas es el protagonista de la videoproyección Explosión-implosión, en la que, mientras un ojo derrama una lágrima, el otro, a la inversa, la recoge. Como el ángel de la historia de Paul Klee, Fonseca se asoma al pasado y al futuro con una mirada pasmada, que detiene el sentido del tiempo para caer y para volver a ser recogida, en una incertidumbre que es propia de la existencia humana misma.

“Mi mundo como objeto” de Diana Fonseca en la galería Max Estrella de Madrid, bien podría haberse titulado a la inversa, pues aquí son los objetos que interesan a la artista los que se convierten en su mundo, en nuestro mundo, para hacernos pensar más allá. Las formas y las rutinas cotidianas, cargadas de significados funcionales, son despojadas de lo utilitario para presentarnos unas piezas estéticamente minimalistas, formalmente conceptuales y cargadas de un significado surrealista. Hay, en esta exposición, mucho de incitarnos a jugar con las posibilidades de una lectura que sobrepase los límites, de dejarnos llevar por la curiosidad. Las tijeras, los relojes, esferas, libros o papeles son algo más que algo útil, son metáforas de una manera de ver el mundo y de comunicar lo que la imaginación puede suscitar. Las piezas de “Mi mundo como objeto” nos permiten, como decía Anaïs Nin, ver las cosas según somos nosotros, rebosando los límites de lo que son realmente. Acertijos y juegos visuales para ver las cosas de otro modo.

Diana Fonseca, por Semíramis Gonzalez | artnexus