El trabajo de la artista visual y poeta chilena Cecilia Vicuña se distingue por el interés en la transitoriedad de la existencia, la extinción de la materia y el exilio. También se caracteriza por temas relacionados con la memoria, el lenguaje, las condiciones de vida de grupos indígenas marginados y la naturaleza. La reciente ganadora del León de Oro en la Bienal de Venecia ha concurrido no solo en el uso de materiales efímeros, reciclados y desechables en su proceso creativo, sino también en el empleo del ritual, las creencias ancestrales, el ecofeminismo y el activismo político como base de trabajo. Partiendo de esta exhaustiva trayectoria, su proyecto más reciente lleva el título Brain Forest Quipu (Quipu cerebro del bosque), y ha sido creado como parte de las comisiones Hyundai de la Tate Modern, en Londres. Es un proyecto multimedia y multifacético, en el cual Vicuña ofrece una investigación con enfoque en la simbología, materialidad y energía del quipu o nudo ancestral andino. A partir de este elemento central, la artista entreteje una constelación de poemas plásticos y políticos sobre las múltiples interconexiones de la existencia. Articula una serie de metáforas materiales sobre la codependencia que hay entre el microcosmos encarnado y el macrocosmos infinito, sobre la unión del ser humano con la naturaleza, y la coexistencia del pasado y de todo lo que ha muerto con todo lo que respira y tiene vida.

El quipu es un sistema de organización, cálculo y comunicación con raíz en la Antigüedad andina. Compuesto por cuerdas de hilos anudados, la arqueología contemporánea supone que fue utilizado para archivar información calendárica, recopilar datos y llevar registros. Paralelamente, se piensa que sirvió para monitorear obligaciones tributarias, regular la gobernanza regional y controlar el uso del suelo. Es decir, el quipu fue un método de dominio, control y poder. No obstante, su uso y significado exacto no se saben con certeza. De manera contraria, Vicuña realiza una interpretación poética y artística romantizada, la cual enfatiza el poder que estas formaciones de nudos contienen y producen. Para la artista, el quipu es un poema en el espacio, una metáfora táctil y espacial que unifica a todos y alberga imaginarios tanto personales como colectivos. Así, Brain Forest Quipu (Quipu cerebro del bosque) entreteje por sí mismo una serie de quipus espaciales y temporales para articular un argumento político sobre la injusticia social, los daños a pueblos indígenas, la violencia ecológica y la emergencia climática.
El primer quipu que compone a esta constelación de discursos, es una monumental instalación de hilos y tejidos colocada dentro del abrumador espacio industrial de la Turbine Hall. Dos grandes estructuras circulares similares, colgadas del techo en los dos extremos de la gran sala, reciben al espectador. Las piezas, las cuales se asemejan a los atrapasueños, están formadas de cuerdas de corteza blanqueada de árboles muertos, las cuales tienen amarrados una variedad de elementos orgánicos y objetos recolectados en las orillas del río Támesis. Tienen un carácter espectral. La dramática instalación, adicionalmente, entreteje una serie de quipus sonoros, transmitiendo música indígena ceremonial y grabaciones de campo de la naturaleza emitidas de manera fragmentada. Los sonidos producen escalofríos; se escuchan como si fueran parte de ceremonias paganas, donde se pronuncian susurros de embrujos y cantos chamánicos. El tercer quipu de esta red de materias e ideas es el “quipu digital”, el cual está compuesto de videos que capturan activistas indígenas utilizando plataformas digitales para comunicar sus mensajes. Y, por último, el quipu de encuentros, o “nudos de acción”, entreteje rituales, performances y eventos globales con activistas que buscan defender los ecosistemas vitales y las comunidades indígenas que habitan el planeta.
Los elementos aborígenes y de genealogía prehispánica han sido empleados a menudo en el arte latinoamericano como recursos de validación y pasaportes para acceder a Occidente. El empleo de elementos identitarios de la región andina y el regreso al origen hacen pensar que Vicuña le da continuación a una búsqueda latinoamericana por encontrar una identidad a través de tradiciones no occidentales. Por otra parte, existe una clara tendencia en el arte contemporáneo internacional por el tema de lo esotérico, las prácticas ocultas y paganas, el ritual y la espiritualidad, y su trabajo también se inserta dentro de la estética postmoderna que busca hacer del arte algo efímero. Transportado de la época prehispánica y del contexto de las culturas indígenas andinas, el quipu se introduce al público contemporáneo en uno de los centros de poder más relevantes de Occidente. Es relevante problematizar cuáles son los resultados en su resignificación en este contexto.
Sin embargo, adoptando una perspectiva positiva, el quipu se transforma en una herramienta poética, artística y política poderosa. A través de objetos, sonidos y palabras, imágenes y rituales, el quipu une al espectador con sus ancestros y antepasados. Recuerda el hecho inevitable de que este planeta está habitado por una pluralidad de sujetos, y todas las acciones tienen consecuencias. El quipu, en esta red de metáforas esculpidas en tiempo y espacio, vincula a la mente con la naturaleza y conecta al cuerpo con la tierra mientras el espíritu entra en comunión con el cosmos. El tejido final que esta serie de quipus produce es una especie de revelación ceremonial que concientiza sobre la crisis climática, el daño al ecosistema y la violencia a los pueblos indígenas. El resultado final es el mensaje de que la Tierra es un bosque que piensa, siente, imagina y desea. La Tierra, la cual vive en sincronía con la respiración de nuestros cuerpos, está formada por quipus que forman encrucijadas energéticas y afectivas e interconectan la existencia.
DR. PAULA ZAMBRANO

