Carlos Garaicoa, nacido en La Habana en 1967, es un artista cubano cuya práctica explora, a través de una diversidad de medios, las complejas relaciones entre el mundo físico y nuestras historias colectivas. Aunque sus primeras obras estuvieron influenciadas por el clima político y social de Cuba en la década de 1990, su investigación artística se ha reorientado desde entonces hacia una exploración más contemplativa del entorno construido y las formas en que este moldea nuestro entendimiento del espacio, el lugar y nuestra pertenencia.

“Contrapeso” fue la primera exposición individual de Garaicoa en la Galería Filomena Soares, de Lisboa, y atestiguó su interés permanente en los paisajes urbanos y sus vínculos con nociones de memoria e identidad, invitándonos a considerar las complejas relaciones entre el mundo físico y nuestras historias colectivas. Soñamos en la superficie rayada de un cristal, de 2022, una serie de espejos retrovisores serigrafiados montados sobre la pared, abría la exposición y nos brindaba algunos puntos de partida que nos permitían decodificar las piezas restantes de la exposición. A medida que nos movíamos alrededor de la obra, los reflejos cambiaban, sugiriendo los múltiples puntos de vista que existen dentro de un espacio. Los caóticos reflejos formados por los espejos nos invitaban a reconsiderar nuestra propia perspectiva y las formas en las que interactuamos con el mundo que nos rodea. Después de contemplar cómo nuestras experiencias eran moldeadas por las estructuras que creamos, entrábamos a Babylon (Babilonia), de 2022, una nueva instalación creada específicamente para la exposición. Compuesta de elementos escultóricos, plantas y animaciones, y haciendo referencia a New Babylon (Nueva Babilonia), de Constant Nieuwenhuys, y a los Jardines colgantes de Babilonia, la pieza se enfocaba en el nacimiento, el desarrollo y la destrucción de ciudades contemporáneas, y, en contraste con este proceso, proponía la metáfora del jardín y la presencia de la naturaleza como protagonistas esenciales, como vías para el renacimiento y la recuperación de las ciudades de la actualidad.
Dándole su nombre a la exposición, la instalación de gran tamaño titulada Contrapeso (Ciudad Plomada), de 2022, ocupaba el centro del espacio principal de la galería y era una de las piezas más llamativas. Partía de la plomada, una de las herramientas más humildes, si no la más, de la arquitectura y los recursos de la construcción. A pesar de su sencillez y falta de destreza tecnológica, la capacidad de la plomada para definir la verticalidad nos permite medir la estabilidad y el equilibrio de un edificio. Es seguramente una medida de certeza frente a todo lo que puede salir mal o ante el carácter aleatorio del mundo. En la instalación, numerosas plomadas servían como contrapesos y formaban una estructura dorada, una ciudad aérea, tan etérea e intangible como irreversiblemente cimentada, detenida en un perpetuo estado de tensión por el peso de esta otra ciudad, fuerte, estable y fijada a la tierra. Rodeando estas dos vistas de urbanismo enredadas para siempre, sobre las paredes de la galería encontrábamos cinco obras igualmente atractivas pertenecientes a la serie fotográfica Puzzles (Rompecabezas), iniciada en 2018, y todavía en curso. Presentaba imágenes de edificios destruidos en ciudades como La Habana, Nueva York o Ciudad del Cabo, que fueron deconstruidas en diminutas piezas de un rompecabezas imposible de completarse. La serie, fundamentalmente tautológica, presentaba edificios a punto de colapsar, a través de un medio que es imposible representar por completo. A pesar de documentar ruinas, las fotografías de Garaicoa no tienen un carácter solo documental. Más bien, a menudo incorporan elementos del surrealismo de la abstracción, como el rompecabezas, y enfatizan la forma en que nuestra percepción del entorno construido es moldeada por nuestros propios recuerdos y experiencias, y cómo el mundo físico puede convertirse en una superficie en blanco sobre la que podemos proyectar nuestros propios sueños y deseos.
La exposición cerraba con pinturas de la serie Ciudad Armero, de 2021, inspirada en la ciudad colombiana Armero, que sufrió la erupción del volcán Nevado del Ruiz en 1985 y dejó miles de muertos. Con una gran carga emocional, y rindiéndoles tributo a todas esas vidas segadas, las pinturas intentaban reunir naturaleza y arquitectura y representar partes de la anatomía humana que coexistían con fragmentos de la arquitectura y la flora locales, y daban lugar a una red de relaciones en las que sus habitantes estaban estrechamente vinculados.
En conjunto, la exposición “Contrapeso” de Carlos Garaicoa en la Galería Filomena Soares creó experiencias inmersivas que nos desafiaban a pensar de manera crítica sobre el mundo que nos rodea y nuestra posición en él. Mediante el uso de la instalación, la fotografía y la escultura, Garaicoa nos presentó una impactante y sugerente exploración de las tensiones, literal y metafóricamente, entre fuerza y resistencia, memoria y olvido, y construcción y destrucción.
