Exposición Individualjun 2023 - nov 2023· Por Ana María Zapata

Beatriz González

Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria

La capilla Rothko es un espacio dedicado a la contemplación de una serie de murales creados por el artista estadounidense Mark Rothko, y se inauguró en 1971, en Houston (Texas). Cuando el espectador entra a la capilla, es recibido por un ambiente neutro, en el que se pueden ver grandes murales pintados en tonos oscuros y profundos. El visitante experimenta una inmersión en estas grandes capas de color y luz, y la contemplación, el silencio y la espera son una experiencia emocional y espiritual. El espectador de la exposición “Bruma” de Beatriz González tiene en Fragmentos una experiencia de inmersión y contemplación similar a la que se vive en la capilla de Rothko. Una experiencia que, al conectarse con el espacio físico de Fragmentos, va más allá del aspecto visual.

Exposición Individual: Beatriz González — imagen 1
Beatriz González. A posteriori, 2022. Papel de colgadura. Dimensiones variables. Foto: Juan Carlos Barbero. Cortesía de Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria y Dirección de Patrimonio Cultura UNAL.

“Bruma” se lleva a cabo en Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria, en Bogotá (Colombia), desde el 15 de septiembre de 2022 hasta el 16 de julio de 2023. La muestra recoge la propuesta más reciente de la artista colombiana, con la curaduría de María Belén Sáez de Ibarra. La exposición incluye dos partes fundamentales: por un lado, más de veinte pinturas y seis libretas de dibujo mostradas en una sala de exposición y en un pasillo, que reciben al espectador cuando entra al espacio. Por otro lado, A posteriori (2022), una instalación de gran formato, en donde la artista traduce sus conocidos cargueros de la piedra de los columbarios en Auras anónimas (2007-2009) a un papel de colgadura que recubre en su totalidad la pared interior de un espacio imponente.

Aquí, más que nunca, se ve la fijación de González por la repetición. En A posteriori (2022), el espectador se encuentra sumergido, como si lo pusieran en una pecera, en un cuarto recubierto de un papel de colgadura amarillo, con pequeñas escenas de una imagen que conocemos bien desde la realización de los cargueros de los columbarios. Las siluetas de hombres cargando cadáveres se presentan en pequeños nichos negros formando una secuencia visual. Las figuras se muestran en diferentes posiciones y con un leve difuminado. Algunas parecen avanzar bajo el peso que llevan; otras se ven vencidas bajo el peso de los cuerpos que cargan. La escala de esta silueta es pequeña, lo cual obliga al espectador a acercarse, a darle algo de sentido a la bruma de imágenes.

Para el espectador conocedor de la obra de González, las siluetas son familiares, pero su disposición en este espacio genera, como lo suscita la capilla de Rothko, la necesidad de detenerse, contemplar y reflexionar. El papel inunda el campo visual y, más que invitarnos, nos obliga a conectarnos y sumergirnos en esta imagen de violencia y de dolor. Como lo ha señalado la curadora María Inés Rodríguez, “la repetición en la obra de González es un acto de desaceleración, de resistencia a la inmediatez y al consumo, y de apertura a la contemplación”.

En la primera parte de la muestra, el espectador se encuentra con la serie Funebria (2019-2021), un conjunto de obras que sirven como un escenario preparatorio para cuando el espectador llegue a la obra A posteriori (2022). La serie surge de noticias que capturaron los hallazgos de fosas comunes de “falsos positivos” en el cementerio Las Mercedes en Dabeiba (Antioquia), en 2019. Se trata de pinturas de mediano formato que retratan diferentes excavadores (Enterrador de Barranca, 2019) y campesinos que, en esta ocasión, no trabajan la tierra para sembrarla, sino para encontrar los cadáveres de diferentes jóvenes incriminados por el ejército colombiano. Aquí, González repite unas siluetas que delimitan una acción, excavar. Sin embargo, el espectador encontrará que, a diferencia de las siluetas delimitadas que conocemos de Auras anónimas (2007-2009), son siluetas que se difuminan y se pierden en fondos azules y verdes, como ocurre en Panorámica agreste (óleo sobre lienzo, 2021). Esta técnica crea una sensación de movimiento, transitoriedad y fugacidad en la obra. Además, también aporta una sensación de misterio y desconcierto al espectador, ya que las figuras parecen estar desvaneciéndose y siendo consumidas por el paisaje y el olvido.

Finalmente, en el pasillo que lleva al espectador a la instalación A posteriori (2022), nos encontramos con reproducciones al margen. En una vitrina se disponen libretas y hojas de cuadernos en las que se plasman las diferentes aproximaciones y variaciones por las que pasó la artista para llegar a las figuras de los cargueros y los excavadores. González insiste entonces en la idea de repetición y en cómo, a través de ella, intenta trastocar al espectador. Así, en su obra, el acto de repetir se convierte en una herramienta para indagar sobre la memoria colectiva y sobre una especie de resistencia al olvido.

Beatriz González, por Ana María Zapata | artnexus