La muestra “Schhhiii…” reunió más de cincuenta años de producción artística en la primera exposición panorámica en Argentina de la artista brasileña Anna Maria Maiolino (Scalea, Italia, 1942). Poco más de doscientas obras, entre pinturas, dibujos, xilograbados, esculturas, fotografías, películas, videos, piezas sonoras e instalaciones, realizadas desde fines de los años 70 hasta la actualidad. Se trata de una versión para el Museo Malba de la presentada entre mayo y julio de 2022 en São Paulo, con el título “PSSSIIIUUU…”, donde se evidencia una doble lectura, tanto la de una señal de silencio como un llamado de seducción, una ambivalencia destacada por el curador Paulo Miyada, que subraya, “es un carácter constante de la producción de Maiolino”. La sala de exposiciones temporarias reunió el resultado de tres años de investigación curatorial con el objetivo de proponer a Maiolino como un hito del arte político brasileño, un sesgo sobre su producción muy poco discutido por la crítica. Exhibida bajo el concepto de una espiral, para poder escapar de una cronología lineal y poner de manifiesto “la vivencia de una sabia narradora sobre la existencia, el cuidado, el deseo, el llanto y el goce. Del nomadismo circular de una inmigrante con muchas nacionalidades, o ninguna”, como la definió Miyada en su texto de presentación.

Compuesta por tres núcleos: Anna, donde convergen vida, biografía, deseo y multiplicidad; No, no, no, con obras que confrontan el totalitarismo, la censura, la represión y la desigualdad; y finalmente la serie Acciones matéricas, donde, mediante el uso de diversas materialidades, suma ciertos gestos atávicos que provienen del trabajo cotidiano y los comienzos de la producción humana, tales como presionar, moldear, cortar, agarrar, escurrir y rodar, trabajando con arcilla, pintura, vidrio, hormigón y otros materiales.
En una instancia temporal diferida de la inauguración, la artista dio una conferencia en la sede del museo, donde explicó de manera cordial las coordenadas de su producción. Habló de una línea divisoria entre sus obras producidas antes de 1993 y las que vinieron después. Las obras de la década del 60 se basan en el descubrimiento de las interrelaciones de lo sensible, obras de estudio muy artesanales, sobre todo los dibujos y grabados que narran una experiencia casi doméstica y personal. Se diferencian de las producciones de los 70, donde incorpora nuevos medios, como películas en Super-8, videos, instalaciones, performances, fotografía, poesía y sonido, e implican una mirada hacia el mundo exterior. Luego, en el período entre 1984 y 1989, cuando se instala en Buenos Aires, consigue vivenciar de cerca lo que aquí se llamó “la primavera democrática”, que incluye, entre otras circunstancias, el Juicio a las Juntas, de 1985. Maiolino coincide con su curador, que –en ese período– reconoce un acercamiento visceral a la cuestión política, y la prueba de ello es una gran instalación, Las Locas, en homenaje a las Madres de Plaza de Mayo, donde los pañuelos, emblemas de la búsqueda de la verdad y la justicia para los desaparecidos en la dictadura, penden del techo mientras en los muros se ubican unos rostros apenas esbozados, como desdibujados por el tiempo, cuadrados moldeados en cerámica que se asimilan al piso de la histórica plaza donde las madres caminaron y caminan las rondas de todos los jueves.
Ya en la serie Esculturas modeladas, iniciada en 1993, y la otra serie Terra modelada, iniciada en 1994, así como los dibujos Marca de la gota y Codificaciones matéricas, del mismo año, Anna Maiolino dice que “estamos ante un proceso preliminar de un lenguaje poético que acomoda a los contrarios, como es luz y sombras; orden-desorden; composición-descomposición; uno y múltiple; todo y fragmentos; línea y puntos; finito-infinito”. Hechos con una materia moldeada con las manos, buscando la repetición y manifestando cierto principio de incertidumbre, ya que no es fácil alcanzar una sola idea para comprenderlos, acaso se consiga acceder a una serie de capas de sentido. Se vincula un camino no planeado de antemano, como un nivel de preexpresión que hace posible el resultado artístico sin tanto control del proceso creativo, más el uso del crecimiento rizomático, que implica una deriva diferenciada y polimorfa en cada obra. En un ángulo de la sala, hacia el final del recorrido, resaltaba una instalación, Terra modelada, compuesta por una mesa ubicada en diagonal, repleta de formas en arcilla asimilables a algo comestible, que se relacionan con una pared donde se incrustaban, en una trama de tejido metálico, trozos de la misma arcilla roja que parecían crecer en varias direcciones.
Los títulos de las obras generalmente no son simbólicos y no las aclaran; algunos las indican o las nombran por el procedimiento en que fueron realizadas. Dijo Maiolino, en la conferencia, que también usó la “terminología matemática como: ‘más y menos’; ‘más estos’, ‘más y más’, ‘son doscientos’ o usando adverbios, como: ‘aquí y allá’; ‘ahora’; ‘antes o después’”. Además de la relación del espacio y el número, el tiempo es una aspiración que intenta incluir de distintos modos en las piezas. Un tiempo infinito que, dijo, “permanece como destino deseado”, aunque inaccesible, imperfecto, desproporcionado; por eso, sus obras son las únicas que pueden trabajar la finitud y la completan como artífice.
