Los acontecimientos vividos se memorizan en función de prioridades. Al estipular que las emociones y la conciencia moldean la forma en la que recordamos las cosas, Wanda E. Ramos Baquero, en “La (re)invención de la memoria” (1996), expone la memoria como un intento de hacer tangible el objeto. Es decir, convirtiendo la memoria en un proceso individualizado, en el que el método intrapersonal posibilita las relaciones interpersonales. La visita a la exposición “Swimming Where Time Was” remite a este texto. La muestra fabrica una perspectiva a gran escala, a veces abstracta, como en la obra One Hundred Dreams From Now (2022), y a veces realista, como en When Sunny Gets Blue (2022), de los recuerdos (re)inventados de Ángel Otero (San Juan, Puerto Rico, 1981). A través de vibrantes colores, texturas y objetos (re)encontrados, la exposición lleva a emociones vividas en la infancia del artista, sin caer en historias extravagantes ni falacias del privilegio.

La denominada primera gran exposición individual de Otero abrió del 10 de noviembre al 23 de diciembre de 2022, en el quinto piso de la Galería Hauser & Wirth de Nueva York. El artista utiliza una técnica que consiste en comenzar pintando el primer plano sobre un plexiglás. Después, lo transfiere a un lienzo, a menudo incorporando relieves. En la exposición se presentaron ocho de estas pinturas al óleo fuera de lo tradicional. La serie fue creada a través del año 2022 tomando como punto de partida una obra de hace diez años.
Otero hace un guiño a su familia, en especial a su abuela, y a los valores que rodean a este núcleo, revelados en la obra de arte Concerto (2022). Las memorias íntimas en las pinturas guardan un tono romántico, usadas como trampolín, en lugar de ser plasmadas fotográficamente. Sus imágenes distorsionadas están repletas de ambigüedades poéticas. Desde las losas del suelo, populares en la arquitectura puertorriqueña, hasta el caldero donde comúnmente se prepara el arroz, alimento básico de la dieta local, se nos presentan una apreciación y un homenaje a la cultura por parte del artista. Unos irreales tornados de peces dorados surcan el espacio. Se trata de un motivo recurrente en sus obras y que se inspira en recuerdos de su hogar.
La pintura muestra las contradicciones de la clase social representada. Los cubos de agua en el suelo comentan la inestabilidad y fragilidad del espacio. Describen las secuelas de huracanes y aguaceros, frecuentes en la región del Caribe. Desde el anacronismo, los cubos se pueden hallar igualmente en el taller actual del artista. En la obra, la sala se construye en torno al protagonista, el piano, presente en uno de los estudios de Otero. Sobre el piano se yerguen un par de objetos, entre ellos, una lámpara Tiffany, imprescindible tendencia en hogares de Puerto Rico y a menudo falsas. La lámpara también hace un guiño al óleo de 1975 La lámpara Tiffany, una de las obras más reconocidas de la artista puertorriqueña Myrna Báez. También se encuentra un vaso con las dentaduras de su abuela, típica curiosidad para los recuerdos de niñez.
Behind Curtains (2022) está constituida dentro de un arco verde oscuro. El espacio se divide por una cortina blanca realizada en mundillo o técnica de encaje de bolillos. Esta artesanía se transmite de generación en generación en Puerto Rico, siendo Moca, un pueblo de la costa oeste, bautizado como “la capital del mundillo”. En el cuadro, delante de la cortina, hay una tina de madera con una serie de objetos marrones, incluida una silla con un cubo blanco. El elemento de la silla puede reconocerse de la escultura de Otero The Enlightenment (2010). Las dimensiones y la ubicación de las cosas insertadas en la pintura contradicen la realidad. Detrás de la cortina, el suelo de losas intercambia colores negro y rojo. Se encuentra una mesa con mantel azul y una flor roja en un jarrón. Al fondo, la pared destella amarillos brillantes. Mientras que el techo muestra tonos morados y vinos. Otero trabaja con colores complementarios que aportan equilibrio al discurso. El horror vacui y la obsesión por las texturas recuerdan a las teorías del rasquachismo de Tomás Ybarra-Frausto.
