Exposición Individualjun 2023 - nov 2023· Por Santiago Rueda

Andrés Orjuela

La Balsa Arte

En la última década, Andrés Orjuela se dio a conocer internacionalmente con su serie Archivo muerto, en la que se valió de los restos del archivo fotográfico de El Espacio, último de los periódicos de crónica roja que circuló en Bogotá en la segunda mitad del siglo XX. El archivo, tirado a la basura y recogido por recicladores callejeros, fue vendido casi en su totalidad como papel reutilizable. Algunas fotografías, en manos de escasos coleccionistas, fueron salvadas, y un reducido grupo de ellas fueron dadas a Orjuela, quien amplió el original y lo iluminó manualmente, escogiendo las imágenes propias de este tipo de periódicos: crímenes, golpizas, capturas de criminales, y demás, un conjunto de imágenes tristemente actual, una versión coloreada del pasado que recrea el orden pernicioso del mundo de ayer y de hoy.

Exposición Individual: Andrés Orjuela — imagen 1
Andrés Orjuela. Arms (Brazos), 2022. Fotografía iluminada con óleos. 55 x 42 cm (21 21/32 x 16 17/32 pulgadas). Cortesía La Balsa Arte.

Después del éxito de esta serie, quienes conocemos a Orjuela estábamos esperando su próximo paso, y lo ha dado de una manera contundente, con una exposición doble que da cuenta de la fiebre creativa que vivió el artista en 2022, produciendo en la primera parte de ese año más de ochenta obras, que exhibió simultáneamente en las renovadas sedes de la galería La Balsa en Bogotá y Medellín, bajo el título “Under the Mask”. En ellas, Orjuela profundizó su ya extendida reflexión sobre la lucha del bien y el mal, la criminalidad, la representación de la violencia, lo incontrolable, lo inevitable, y, en esencia, sobre la complejidad de la psique humana.

Una vez más, el detonante y el punto de partida es el archivo, o mejor, los archivos, pues el artista se valió de varios de ellos. El primero, y que da título a la muestra, es el que halló en un mercado de antigüedades de Ciudad de México, el álbum fotográfico de un aparentemente anónimo personaje de la lucha libre –eventualmente, el artista descubrirá que se trata de “Mil Máscaras”, protagonista de varias películas de la edad dorada del cine de este género–. Como en Archivo muerto, Orjuela amplió e iluminó los originales, en este caso, para evidenciar la enorme potencia simbólica que la máscara confiere a un atleta semidesnudo. Las exageradas poses del luchador y sus amigos, en este ambivalente álbum donde el disfraz y el enmascaramiento no están exentos de cierta sensualidad, son captadas con perspicacia y humor por parte del artista, pues, como afirma Jorge Alberto Palomino sobre esta serie, “no sabemos si las fotografías de los luchadores son para un show o para una App de citas”.

El segundo archivo, directamente relacionado con el primero, y que da origen a obras como El cobarde –Adorable Rubí, El Nazi– León negro y Marcus - El indio, es otro álbum personal, en este caso, de un aficionado a la lucha libre. Adquirido en un mercado callejero, el volumen se compone de recortes de prensa, publicidad y firmas de los propios luchadores, probablemente obtenidas en arenas deportivas. A páginas escogidas de este álbum, el artista inserta, mediante el collage, imágenes y textos de La historia general de México y la revista Alarma, esta última una verdadera institución de la crónica roja, que había usado anteriormente en la serie Muestrario (2012). Al combinar estas fuentes, el artista establece conexiones entre arquetipos heroicos, machismo, cultura popular, espectáculo, crimen y tragedia. Las imágenes dan cuenta del México de ayer y de hoy, amedrentado por las monstruosas figuras de los capos del narco, pero también se revelan como homenaje a las mitologías personales, a las aspiraciones subjetivas y colectivas, a las estéticas íntimas y a los sueños infantiles que se niegan a morir.

A esta indagación sobre lo libidinal y lo tanático, sobre la fascinación escópica y escatológica, sobre el deseo y el terror, pero también sobre el gusto y la admiración, el mal de archivo y el álbum personal, Orjuela suma otro grupo de obras, donde da cabida a una más general revisión sobre lo que se oculta tras la máscara, a partir de un tercer archivo: Antiguos posters de cine, también obtenidos en sus correrías por los mercados residuales de Ciudad de México, esta vez intervenidos con óleo y laminilla de oro. Este grupo está dedicado al mundo del cine clásico de terror y sus inolvidables íconos: Frankenstein, Drácula, La mujer vampiro, La momia, El hombre lobo, Gorgo (una versión de Godzilla), y los particulares aportes al género por parte del cine mexicano y sus héroes de la lucha libre: El Santo, Blue Demon y Las Luchadoras, por citar algunos.

Serigrafías y pinturas que combinan estas fuentes iconográficas, máscaras de los últimos presidentes de México, y frases impresas sobre muros, extraídas de libros de obras filosóficas, en la tipografía del cine de terror, como “Un fantasma recorre Europa”, con la que inicia el Manifiesto comunista de Marx y Engels, terminan de dar cuerpo a esta muestra, un extenso homenaje a la cultura popular mexicana, a su día a día; en suma, un diario personal, el de un artista colombiano que ha vivido por más de una década en México y que ha examinado los vasos comunicantes entre los dos países.

Andrés Orjuela, por Santiago Rueda | artnexus