Adrián Villar Rojas con Mariana Tellería

Adrián Villar Rojas. Two Suns I (Dos Soles I), 2015 – 2022. Vista de la instalación en El fin de la imaginación, The Bass, Miami Beach, 2022. Foto: Zaire Aranguren. Cortesía del artista y The Bass, Miami Beach.

Monografíajun 2023 - nov 2023· Por Irina Leyva

Adrián Villar Rojas con Mariana Tellería

El fin de la imaginación

The Bass Museum

Las ideas apocalípticas del fin del mundo han permeado el universo cinematográfico, y serían numerosos los ejemplos, si nos pusiéramos a enumerar la cantidad de películas hechas alrededor del tema. Sin embargo, en las artes visuales no es tan frecuente encontrar obras con esta temática. “El fin de la imaginación”, una muestra de Adrián Villar Rojas y Mariana Tellería, se centra precisamente en un mundo postapocalíptico, en el que se ven los restos de la civilización en otros planetas.

Villar Rojas (Rosario, Argentina, 1980) es conocido por este tipo de instalaciones a gran escala, y en esta ocasión utilizó algunos elementos de otras exposiciones para crear estas, que fueron comisionadas por The Bass Museum. Junto con estas, se integran dos piezas de Tellería (Rufino, Argentina, 1979). Estos dos artistas argentinos, pertenecientes a la misma generación, nos ofrecen una posición muy similar respecto al mismo cuestionamiento.

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Adrián Villar con Mariana Tellería. El fin de la imaginación. Vista de la instalación en The Bass, Miami Beach, 2022. Foto: ArtNexus.

La exposición fue curada por Silvia Karman Cubiñá y Leilani Lynch, y está divida en tres salas. La primera, a la entrada, tiene una sola pieza, que consiste en un refrigerador con el congelador abierto, iluminado, y adentro se ve un cake decorado con un dinosaurio muerto, unos árboles, y dos velas haciendo un número once. El cake luce como una montaña de tierra y piedras, en cuya cima están estos elementos. La escena es una especie de representación de un antes y un después de la humanidad, entre el dinosaurio muerto y la aridez del “paisaje”, erosionado.

La siguiente sala está ocupada por una instalación a gran escala que representa una escena en la Luna. Aquí tenemos una escultura de un David derribada sobre un suelo arenoso gris, como el que se ha visto en todas las imágenes de la Luna. En el suelo se observan huellas humanas como la escultura, improntas de botas y otros vestigios del paso humano en un lugar abandonado. La escultura tiene encima una especie de techo fragmentado con pantallas, en las que se proyectan diversos símbolos de calendarios.

La última sala representa un paisaje imaginario de Marte. Esta es la instalación más extensa e incluye obras de los dos artistas. Aquí, el suelo es rojizo, una alusión al característico color de la superficie marciana, un recurso ampliamente utilizado en la cinematografía para identificar a este planeta. Al principio de la sala están las dos piezas de Tellería; una es una réplica de la llama eterna que hay en el Monumento histórico nacional a la bandera, en Rosario (Argentina). La segunda es una tarja de bronce, como las funerarias. Al final de la sala hay una escultura ecuestre, y al lado, una de un robot. Ambas tienen pedestales en la forma tradicional. El resto de la escena está ocupada por diversos elementos alusivos a los viajes espaciales y a la intervención del hombre en otros planetas. Uno es un vehículo hecho con partes de los tres rovers conocidos en la historia de los viajes espaciales. También hay un robot con un traje característico y diferentes huellas de vehículos y de zapatos. La iluminación tenue de la sala contribuye a crear un sentido de estar en uno de estos lugares imaginarios.

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Adrián Villar con Mariana Tellería. El fin de la imaginación. Vista de la instalación en The Bass, Miami Beach, 2022. Foto: ArtNexus.

Ambas instalaciones nos remiten de inmediato a las posibles consecuencias de una conquista terrestre de otros planetas en un mundo postapocalíptico. Nos presenta un futuro imaginario a partir de una expansión intergaláctica, representada a través de una mezcla de referencias históricas, culturales, sociales, políticas y tecnológicas. La compleja simbología de la muestra es una amalgama de pasado, presente y futuro, que los artistas utilizan como medio para una reflexión sobre cómo sería percibida la historia terrestre después que se hiciera una colonización de la Luna y de Marte. Su cuestionamiento a través de los símbolos de poder establecidos nos hace reflexionar si serán similares en el futuro, las posibilidades de sus interpretaciones y su capacidad de supervivencia a través del tiempo. ¿Tendrían la misma forma conmemorativa de erigir monumentos a personalidades del momento? ¿Correrían la misma suerte que los de la Tierra, luego de un proceso revisionista? ¿Cuáles y cómo sobrevivirían al tiempo? ¿Serían derribados y condenados de la misma manera? Todas estas interrogantes a partir de algo aparentemente lejano en el futuro traen a la superficie cuestionamientos históricos y sociológicos presentes en la sociedad contemporánea que podrían afectar el futuro de la civilización humana.

Hay un fuerte componente escenográfico, sin dudas basado en la imaginería que se ha creado y aceptado a partir de la cinematografía, al utilizar varias nociones preestablecidas sobre cómo son los planetas que recrea. Una de las intenciones de la muestra es provocar una reacción de cuestionamiento acerca del historicismo, la selección y celebración de ciertos acontecimientos a través de monumentos, y su rol en sostener y crear memorias para las generaciones futuras.

IRINA LEYVA

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