Quizá uno de los acontecimientos destacables del año 1993 fue el auge de las instalaciones como instrumento de expresión por parte de los jóvenes artistas. Es de recordar que en nuestro medio existen antecedentes emprendidos por destacados artistas plásticos desde hace varias décadas, entre los que mencionamos a Antonio Berni, Pablo Suárez y las propuestas iniciales del Grupo de los 13. En todos los casos predominaba un contenido crítico en lo social y político. Igual característica tuvo la muestra realizada en el año pasado por parte del Grupo Ojo del Río con motivo del nuevo centenario del descubrimiento de América. El presente auge viene como reflejo, y con bastante atraso, de lo que se ha visto en las últimas bienales internacionales; estos trabajos denotan una mayor preocupación experimental y formal, sin contenidos claros.
Es por ello que la instalación Metáfora al cuadrado de Rodolfo Agüero en la Fundación Banco Patricios llama nuestra atención por la integración de forma y contenido en una propuesta espectacular que se desarrolló en una superficie cuadrada de 18 x 18 metros.
La reconocida trayectoria como grabador de Rodolfo Agüero lo encuentra ubicado en el campo del conceptualismo y de la abstracción. En la instalación que presentó desarrolla su particular cosmovisión de la relación del hombre con su interioridad y su entorno.
Con elementos de base geométrica despliega una serie de interrogantes sobre los conceptos de lugar, límite, orden, identidad, así como la conciliación de términos opuestos como estabilidad-movilidad, direccionalidad-desvío y uno-otro.
Con la participación activa del espectador al desplazarse a través de los diferentes elementos de la instalación, se intenta recomponer las relaciones significativas de dichos elementos por medio de la comunicación. Es así como el círculo significa el mandato, la columna el tabú y el deseo, el cuadrado la identidad, el cubo el cuerpo humano, el espejo la identidad, y el triángulo el cuerpo y el rito.
La complejidad de la propuesta teórica alcanzó su cristalización en una excelente realización, que tenía en la puesta escenográfica, en los efectos de iluminación, así como en la ambientación musical, un todo orgánico y armonioso que ha hecho de este trabajo uno de los más significativos del año.
ALBERTO COLLAZO
