Exposición Individualabr 1994 - jun 1994· Por Natalia Gutiérrez

Nadín Ospina

Galería Arte 19

Nadín Ospina es un artista con ideas. Esto quiere decir que desde el comienzo de su carrera sus obras han problematizado los conceptos establecidos y han colocado al espectador en encrucijadas. Lo ha obligado a pensar, por ejemplo, si la obra que está en frente es escultura o pintura; si es un objeto ritual o un ejemplo de la destrucción ecológica que nos ha traído nuestra Historia. Todo esto acompañado de una investigación en técnicas como la resina de poliéster y mecanismos escenográficos para comunicar eficazmente sus ideas.

Poco a poco ese universo de significados alrededor del objeto toma cada vez más importancia y surge la idea de simulación, un concepto tan complejo como es el de representar una idea, imitando lo que no es. Su primera obra en este sentido fue In Partibus Infidelium, un museo de obras precolombinas simuladas, con toda una ambientación en la cual tomaban parte el olor y el sonido, que también resultaban “infieles” y con la cual ganó el primer premio en el Salón Nacional de Artistas en 1992. Recientemente, la idea de simulación se amplió a una instalación realizada con la obra de un artista de nuestro país, enmarcada por Ospina y expuesta en la galería para que el espectador asistiera y meditara en su “montaje”.

En esta oportunidad presentó en la Galería Arte 19 una serie de objetos elaborados como la cerámica precolombina falsa, que en Colombia es toda una industria, utilizando el lenguaje como una forma de conciencia.

La exposición estuvo precedida por—un Crítico extático, Bart Simpson de piedra, a la manera de las copias de las estatuas precolombinas que hacen los artesanos de San Agustín, una actitud a la vez desafiante y divertida contra la crítica, que él considera subjetiva y veleidosa. Pero lo interesante es que no lo hace de una manera directa, con el yo en primer plano que es a veces tan mal consejero, sino a través del arte, como un ejercicio de observación minuciosa de los símbolos que usamos y que al final reflejan la sociedad y sus absurdos.

La crítica al crítico, que en este caso es algo meramente circunstancial porque ya sabemos que los críticos vienen y van pero el arte es eterno, es simplemente la introducción a una serie de comentarios que el artista hace acerca de toda una “fauna” que habita la sociedad colombiana. Hipopótamos como vasos oferentes hinchados satisfechos, insaciables, que él llama Bizarros gourmet o caimanes con sus dientes dispuestos a comer a su presa desprevenida que él bautiza Bizarros divos, entre otros. El arte como escenario, o mejor como pantalla, donde todos se sienten observados y la manipulación empieza a develarse.

Nadín Ospina ha demostrado tener esa rara cualidad, un poco perversa pero sin perder su frescura infantil, de percibir en lo cotidiano una serie de estímulos y significados desapercibidos para todos. La famosa actitud del dandy de impresionar sin dejarse impresionar; una forma de ver el arte y la materia de una manera cínica, por qué no, pero como dice Jeff Koons, que le permite penetrar en la conciencia.

NATALIA GUTIÉRREZ

Nadín Ospina, por Natalia Gutiérrez | artnexus