La sensual y erótica belleza de las flores ha sido elemento de constante inspiración en las exuberantes pinturas abstractas del artista cubano Mario Bencomo. En esta exposición de su obra reciente, la flor continúa evolucionando como vehículo de expresión personal y de contemplación, pero ahora con matices de solemnidad. La belleza de las flores ha sido una metáfora del placer, ofrenda ritual, ornamento de la vanidad y símbolo de la sexualidad femenina. La bella flor puede ser también una trampa, una carnada para el placer que conduce a la muerte—la rosa con espinas. En la sociedad actual, el atractivo del placer sexual acarrea la muerte. Mario Bencomo combina la flor y las espinas como elegías a la fugacidad de la vida, a sus transitorios placeres y dolores. La referencia a la mortalidad de quienes sucumben como víctimas del placer está implícita en sus obras, a pesar de su esplendor externo.
Magnalia en Venus se abre en un mágico resplandor de colores que irradian desde un espacio rojo profundo (rojo sangre). El artista consigue el efecto de colores resplandecientes y translúcidos con una técnica que consiste en aplicar primero un acrílico negro con un pincel giratorio que le imparte una capa ígnea al lienzo. Luego se utilizan las capas de color para construir la superficie y definir la forma. Al “luchar” entre sí los colores, pareciera que brillan desde dentro; su efecto se intensifica por el trabajo metódico y controlado del pincel. Magnalia no es una transcripción incorrecta del nombre de la flor, sino una “magna” o halo que comunica al florecimiento de la imagen un aura sagrada—la sacralidad del amor puro—y los matices religiosos asociados con la más antigua de las divinidades, la diosa de la fertilidad, convertida después en Venus, la diosa del amor. Su seducción se equilibra en la pintura El carro de Apolo. Allí la composición invierte el centro focal de Magnalia en Venus para actuar como receptáculo para la fértil esencia de la flor.
Los matices religiosos que impregnan las flores se tornan aún más conmovedores en las obras que tratan directamente el tema del éxtasis como símbolo del dolor y del placer. Estas pinturas son unas de las más fuertes e impactantes imágenes creadas por Bencomo en años recientes. El tema del éxtasis religioso, de larga tradición en la historia del arte, es interpretado en formas abstractas inspiradas por coronas de espinas y de flores. El radiante esplendor de las flores en plena florescencia estalla y se expande para verse traspasado por las espinas que sirven de recordatorio constante del dolor y la mortalidad. Dos de las obras, El éxtasis de San Sebastián y El éxtasis de Santa Teresa, son inspiradas por personalidades místicas cuya comunión con el Señor conjuga el placer y el dolor en un estado de trance. En las versiones abstractas de Bencomo, los pétalos se encuentran afilados como las flechas que aparecen en la imaginería tradicionalmente asociada con ambos santos. El éxtasis de Santa Teresa gira en el torbellino de los colores alucinógenos de las privaciones mientras entra y sale de foco como una nebulosa visión. Mario Bencomo imparte el emocionalismo religioso a la moderna sensibilidad con una técnica pictórica que parece haber sido creada para interpretaciones semejantes. En esta serie de obras expande su repertorio artístico con un ferviente centro intelectual y emocional que confiere un nuevo significado a la abstracción pictórica.
CAROL DAMIAN
