Uniendo elementos explosivos como la perversión y la ternura al tratar el universo infantil, la joven artista plástica brasilera, Lia Menna Barreto, causa impacto e incorpora en su material de trabajo objetos aparentemente inmunes a cualquier operación visceral. Su exposición en la Galería Camargo Vilaça de São Paulo, en diciembre, mostró obras inusuales, compuestas por muñecas y animalitos de peluche. Con sus sorpresas y preguntas mudas, la artista, quien asumió su carrera al final de los años ochenta, ha surgido en muestras como Brasil Images of the 80’s & 90’s, realizada también en diciembre, en el Art Museum of the Americas de Washington.
Al conservar simultáneamente la belleza vistosa y kitsch de los muñecos y la perversidad del niño—quien destruye sus juguetes arrancando y torciendo los ojos, brazos y cabezas de las muñecas—, la obra teje deseos intuitivos e inexplicables en el observador. Si el arte nace y repercute en una región lúdica del adulto, Menna Barreto traza nuevamente ese itinerario que tiene su origen en el universo de la tabulación infantil. Este, al ser visitado otra vez por la mirada perpleja del adulto, es descubierto como una maraña misteriosa de afectos y abyecciones, placeres y prohibiciones, haciendo explícitos conflictos primarios que, en el niño, luchan por la identificación y, en el adulto, quedan enmascarados por la conducta social.
Enfrentada a esos conflictos básicos inherentes a la afectividad, la obra de Menna Barreto habla también, implícitamente, del proceso vivencial del artista, de la persona que éste incorpora para poder trabajar, al armarse de una cierta “insensibilidad” frente a los objetos de su mundo afectivo, del núcleo intocable de la infancia, su más tierno reducto. Enfrentando sus mitos personales y sometiéndolos a una mirada cortante, que niega y siembra en sus propias entrañas, el artista crea para sí mismo un personaje-coraza a través del cual se permite la interferencia creadora sobre la sensibilidad general.
En el caso de Menna Barreto, su labor interna consiste en olvidar a la muñeca como objeto afectivo y organizaría en series que crean relaciones formales y espaciales.
El procedimiento usual de la artista es seccionar los muñecos, haciendo posibles nuevos y múltiples montajes, como si operara con la libertad creadora de la fábula, plasmando sus objetos de acuerdo con juegos lingüísticos, que tienen como base las combinaciones de signos unidos por el hábito. Su invención formal tiene una “narrativa” paralela que es casi un chiste lingüístico. Buen ejemplo es uno de sus trabajos más desconcertantes, en el cual aglutina un bebé y su cochecito en un único objeto, vertiendo su acción corrosiva sobre el doble significado coche-bebé, consagrado por el hábito.
El espacio condensado que aúna formas, creando objetos inesperados, actúa críticamente sobre una ecuación perceptiva cotidiana, automática, revelando su absurdo y extrañeza. Con el mismo humor, pelotas de colores y partes de muñecas se unen en Boneca Acróbata (Muñeca acróbata). En Ordem Noturna (Orden nocturno), Menna Barreto permuta partes de muñecos con cuerpo de peluche, produciendo lisiados que recuerdan el gusto por lo grotesco en los circos, o en las cortes antiguas, donde los enanos más deformes eran celosamente mantenidos para el deleite general. Para la artista, esas deformaciones recuerdan el orden oculto del mundo, el orden nocturno. O, inclusive, el universo de lo no dicho, de los automatismos perceptivos y de las congruencias afectivas.
Por esa provocación misteriosa que las obras causan en el observador, jugando con sus deseos y odios, simultáneamente profanando y consagrando el universo intocable del hiño, Menna Barreto muestra el impacto y el dilema del artista. Cuenta que en las antiguas leyendas, el mago adquiría sus poderes generalmente por la pérdida de un órgano —lisiado. Una reina de Egipto habría arrancado un ojo de su hijo para dotarlo de poderes mágicos. Así, el artista también perdería algo, abandonaría una forma “inocente” de ver el mundo y ganaría la capacidad de manipular con otro orden, reconstruyéndolo. Como el acróbata que desafía la ley de gravedad, el artista desafía el orden natural de las cosas y, por el arte, confiere espíritu a objetos vanos arrojados en la estantería de una tienda de juguetes. Una mirada que lava sus objetos de la banalidad y recorre las “intermitencias del corazón”.
Traducción: Pía de Ramos.
CARLOS E. UCHOA F AGUNDES JR.
