Durante los últimos siete años la obra de Leal Ruiz se ha transformado y de sus pinturas figurativas al óleo, pasó a las instalaciones con esculturas colgantes, que redefinen la relación entre el espacio visual, el espacio mental y cada momento creativo. En su exposición de la Galería Tovar y Tovar (diciembre 1993), mostró una colección de treinta esculturas realizadas con botellas de plástico deformado que contenían cada una la imagen de Leal Ruiz sobre acetato. Cada botella colgada del techo se deslizaba discretamente con un hilo de nylon. La imagen sobre acetato aludía con cierto tono poético al mapa inconsciente del espacio mental. La refracción de la luz creaba una imagen única de su autor con una textura y opacidad irrepetible en cada botella colgante.
La dualidad entre la imagen del artista y la cara del artista provoca una serie de interpretaciones. Por ejemplo, la alteridad del ego freudiano como punto de partida. La dualidad entre imagen creada y la presencia corpórea se puede entender como dos puntos extremos y antagónicos. La imagen del artista se proyecta del subconsciente con ánimo de situarla e identificarla en un espacio atemporal. La presencia del artista y de cualquier otro humano se desvanece, pero no sin antes cuestionar la imposibilidad de desafiar la finitud humana. ¿Qué busca el hombre en la expresión artística, si no es el crear imágenes atemporales? Cada artista al confrontar su obra forja una imagen para retar la finitud de su presencia terrenal. Cuando el arte logra conciliar esa distancia entre presencia corpórea e imagen atemporal, se enaltece la finitud del ser humano.
El proyecto de las botellas colgantes se preparó para la XLV Bienal de Venecia. El artista participó en el Pabellón del Instituto Italo-latinoamericano, en representación de Colombia. Leal Ruiz ha logrado crear una plástica expresiva con rigor y tenacidad.
ANDRÉS SALGADO
