Subastaabr 1994 - jun 1994· Por Klaus Steinmetz

Las subastas de noviembre en Sotheby's y Christie's

Como si imitaran las condiciones climáticas, las subastas de arte latinoamericano de Sotheby’s y Christie’s en Nueva York fueron más frías el pasado noviembre—en cuanto a oferta y resultados— que las de mayo del mismo año. Sin embargo, se ha logrado sustituir una presentida recesión por un equilibrio aún endeble, basado principalmente en la colocación de obra de jóvenes valores en múltiples colecciones. De hecho, el tiempo tiende a dejar establecido que el sustento medular del mercado del arte hecho por latinos es el estrato de compradores de rango intermedio.

Las compras estratosféricas que sorprendieron a los círculos especializados en épocas no tan lejanas se han convertido en fenómenos ocasionales, más bien publicitarios, mientras se multiplican los ingresos de nuevos nombres en los archivos de las célebres casas de subastas. En noviembre primó además una alta cuota de adquisiciones hechas por marchantes y galeristas, que compraron para sus acopios las ofertas más atractivas.

Sotheby’s presentó un magro catálogo, en el que incluyeron mobiliario y platería colonial, lo que despertó poco interés en la segunda sesión matinal. Uno de sus atractivos principales era la colección de Royal S. Marks de obra de Joaquín Torres-García, que lo reafirmó como una de las inversiones más sólidas y sensatas en la actualidad. Pero el éxito del uruguayo no parece justificar la decisión de Sotheby’s de incluir un número inusualmente alto de coterráneos suyos—que jamás alcanzaron su universalidad—, que no despertaron interés. Sus obras, junto a las de cubanos y mexicanos, conformaban tres cuartas partes de las pinturas en el catálogo. Sin embargo, el célebre nacionalismo de la demanda mexicana sí justifica la preeminencia de sus artistas, como también fue obvio que el vigor del coleccionismo cubano le sigue los pasos. Ellos han hecho que Tomás Sánchez sea una sorpresa permanente; como sorprendente fue que El gallo pintado de Mariano Rodríguez llegara a US$ 270.000, casi el doble del promedio estimado. Una obra suya más grande en Christie’s no alcanzó la cuarta parte de ese valor, diferencia abismal que no parece plenamente justificada por la importancia del gallo en la iconografía del autor. Por su parte, Pelaez, Carreño y Portocarrero, quedaron en general cerca del estimado bajo, mientras generaciones más próximas, como la que representan Alfonzo, Bedia o Pedro Pablo Oliva, dieron un paso a su consolidación en el mercado.

En Sotheby’s era difícil esperar alguna otra nota sobresaliente. Vale mencionar dos de las pinturas con mejor historial: el Tamayo que ilustraba la portada del catálogo, que no dio con un nuevo dueño, y Musa eterna, un Matta de 1940 que superó las expectativas, y que—junto a Pose Etat del 58 y La Promenade de Venus del 54 en Christie's—sirvió para mejorar cierta inestabilidad en la demanda del chileno. Es el mismo carácter impredescible de Botero, que impresiona por los precios que alcanza como por los que no consigue alcanzar; por afinidad personal deseo mencionar la Apoteosis de San Juan, óleo de 1961, que superó lo previsto. En Christie’s fue una naturaleza muerta la que alcanzó el resultado más elevado, Frutas del 68.

Esta casa tuvo como principal atractivo la subasta especial de Claudio Bravo de la colección de Malcolm Forbes, en que se insinuó una preferencia por el paisaje, los objetos y los estudios del cuerpo en detrimento del retrato masculino, tan importante en su obra. Red Package, un óleo de un metro por ochenta que ilustraba la portada del catálogo extraordinario, se presentó con un estimado de US$50.000, alcanzando en una disputa de segundos los definitivos US$160.000, frustrando a los que dejaron pasar el resto de las piezas esperando ésta. Además se organizó una sesión especial de primitivismo haitiano y de obra gráfica que llamó poco la atención, excepto acaso por el Hippolyte en la primera y los José Guadalupe Posada en la segunda.

Entre los mexicanos, Zúñiga (aunque naciera en Costa Rica) siempre encuentra compradores, mientras los de Toledo varían tanto como la calidad de las obras ofrecidas. Entre los maestros anteriores, Tamayo y Rivera son los más estables (Cataclismo y Bailarina de Tamayo rondaron los US$400.000, mientras pulularon las cabezas en carboncillo y acuarela de Rivera). Siqueiros sólo encontró postores abajo de los cien mil dólares y los gouache de Remedios Varo fueron una decepción, al tiempo que La yegua de Leonora Carrington se vendía en Sotheby’s en $170.000 (proveniente de la colección de Luis Barragán)

Entre los puntos altos hay que mencionar el hermosísimo Estudio en rojo de Alejandro Obregón, que estuvo a punto de triplicar su promedio estimado. No sorprendió, por otra parte, los bajos resultados de Armando Morales, ya que lo ofrecido en ambas casas estaba muy lejos de la calidad de las piezas vendidas en mayo. Lo mismo se puede decir de los Wifredo Lam, que no despertaron mayor interés.

El que buscaba gangas las encontró en las obras de Szyszlo, con estimativos relativamente bajos. El único óleo sobre tela de Guayasamín consiguió en cambio un excelente resultado. Entre los más jóvenes hay que destacar el ascenso permanente de Kuitca; dos mapas pequeños del 89 superaron estimativos que, a juzgar por las obras vendidas en mayo, parecían altos. Su compatriota Conte cumplió en su debut, e Ignacio Iturria consolida su rango de precios con aumentos que rondan el 10 %. En cambio, el único lienzo del mexicano Julio Galán volvió a la bodega, probablemente por ser una obra poco atractiva que además necesitaba restauración.

En términos globales se debe señalar que estas su bastas de noviembre nos depararon menos satisfacciones que en ocasiones pasadas. Esto no era una deducción difícil, dada la situación del mercado en todas las latitudes y la de la economía en general. Por otro lado, se nota un nuevo interés por descubrir los pasos de una vanguardia que trascienda, lo que conlleva la confusión ante la amplia gama de proyectos en marcha, sus posibilidades de reafirmación internacional y su solidez. Esto ocurre tal vez porque las inversiones en grandes maestros son últimamente menos excitantes y, dados los altibajos recientes, un poco menos seguras o menos líquidas. En todo caso, el ambiente sigue cargado de expectativas y en pleno crecimiento, lo que nos permite augurar excelentes resultados en el futuro.

 KLAUS STEINMETZ

Las subastas de noviembre en Sotheby's y Christie's | artnexus