Exposición Individualabr 1994 - jun 1994· Por Paola Sada

Julio Galán

Galería Arte Actual Mexicano

Después de más de una década de ferviente producción artística y a pocos días de la clausura de una importante muestra retrospectiva de su obra en Monterrey, el joven pintor Julio Galán presentó 22 cuadros recientes en la Galería Arte Actual Mexicano, recinto donde tuvo su primera exposición en 1980. Estas últimas pinturas demuestran el continuo interés del artista por explorar el autorretrato, por poner a prueba y redefinir los límites de éste al mismo tiempo que juega y experimenta constantemente con diversas técnicas.

En la mayoría de cuadros, Galán abandona las amplias dimensiones a las que nos tenía acostumbrados, creando obras al óleo con la misma fuerza visual de los lienzos dípticos más enormes, pero con la intimidad de sus recientes trabajos al pastel. De los autorretratos, sólo tres incluyen el cuerpo entero, disfrazado a su vez de niño marinero, de chino (en una versión de los cuadros de mujeres vestidas con el traje mexicano de “china poblana”), y de alguna especie de ángel seductor a mitad aparición, mitad realidad desnuda. Los demás retratos del artista (o de aquella figura pálida y melancólica que lo representa pero que cobra vida propia y desarrolla más de un papel) muestran sólo el rostro, transformado en cualquiera de las personalidades que se le antojen y creando desde el más angustiante hasta el más contemplativo ambiente. En uno de los cuadros más impresionantes de la muestra, el artista se representa como Cristo, con cabello largo, una corona de espinas, la frente y la boca sangrientas y una pequeña imagen del también sangrante Sagrado Corazón. Aquí no se trata de la pose desafiante del artista vuelto Cristo de Durero, sino de una mirada patética, de sufrimiento callado.

Igual de elocuente es Niño estatua llorando por amor, en el cual la misma mirada agachada corresponde a un busto de mármol, centrado en un dramático fondo negro y con una sola línea roja atravesando el rostro, como si fuera una lágrima de sangre o una raja en la piedra.

Para lograr este tipo de efecto pero de una manera más directa, el artista recurre al texto como lo ha hecho en muchas ocasiones hasta la fecha. En otro autorretrato con cabello largo, por ejemplo, la mirada y el gesto claramente denotan angustia, pero es la ironía del texto, “No sé por qué soy tan feliz”, la que causa el mayor impacto. Uno de los pocos cuadros que no son autorretratos consiste de una representación aparentemente inocua de una rosa, pero varios de sus pétalos se están cayendo y el texto habla por ella: “Me estoy deshaciendo como quien me pintó”. Galán se apropia también del lenguaje de los cuentos para evocar una inocencia perdida y la angustia de existir que transmiten sus figuras, como el niño con turbante de sultán y el texto que lee: “Había una vez un príncipe que vivió nueve años. Ya no sé si creer. Ya no sé si creer...” Finalmente, en otras obras el texto funciona como un signo sin significado, como un enigma más en el universo pictórico del autor.

Entre los que nos sigue sorprendiendo de Galán, además de sus exploraciones introspectivas y la fuerza de sus imágenes, es la constante inventiva de su técnica. El collage es todavía un elemento importante de su obra, impartiéndole a muchas pinturas un sabor viejo, nostálgico, de objetos encontrados en algún armario. En los materiales que escoge y recoge el artista aparece también el México popular: el de las estampitas de santos y héroes nacionales que encontramos en las mercerías y papelerías y el de las piezas baratas de nacimiento que venden los puesteros en diciembre. Sin embargo, no permanecen en el ámbito del kitsch que se integran al total de la obra, dándole forma a un retrato y los toques finales a otro.

PAOLA SAPA

Julio Galán, por Paola Sada | artnexus