Una antología fotográfica desde 1860 hasta la década presente se exhibió en la Casa de América bajo el título Canto a la realidad. La elección de las obras y la estructura de la exposición estuvo a cargo de Erika Billeter, quien en 1981 presentó en Zurich la primera gran antología de fotos de esta parte del continente. La lectura en la escogencia de imágenes hacía hincapié en aspectos históricos, políticos y sociales, aunque la naturaleza a través del paisaje estaba presente. Para ilustrar sus intenciones, la curadora dividió las salas en orden temático y cronológico así: La visión de los maestros, El retratismo, La Escuela de Cuzco, Los grandes reportajes, El descubrimiento del paisaje, El paraíso perdido de los indios o El ensayo fotográfico. Complementaba el panorama la reportería política en los trabajos del colectivo TAFOS del Perú o los anónimos de la Panateca de El Salvador, relacionados de manera directa con las imágenes generosas dedicadas a las revoluciones mexicana y cubana.
Aunque la estructura de la muestra invita a proceder con una mirada temática y los lineamientos argumentales apuntan a recrear aspectos sociológicos y antropológicos, la exhibición también se orienta a exaltar autores destacados. Así es como la presencia de Marc Ferrez, Álvarez Bravo, Tina Modotti, Sebastián Rodríguez, Fernando Paillet o Martín Chambi traza una perspectiva histórica que se ve contemplada en las propuestas contemporáneas de Sebastião Salgado, Graciela Iturbide, Flor Garduño, Miguel Rio Branco, Evandro Teixeira, Cravo Neto, Claudio Edinger o Luis González Palma. Entre los colombianos elegidos para ilustrar los distintos panoramas recuerdo las obras de Melitón Rodríguez, Hernán Díaz y Nereo López.
En 1992 la Bienal de Fotografía de Houston dedicó la mitad del evento a Latinoamérica, desde la fotografía histórica hasta el presente. Ese certamen parece difícil de superar hoy. Una de las cosas que probó fue el desmonte de los estereotipos, en la facilista clasificación de Latinoamérica como un continente solamente de pobres, indios, violencia y pintorescos paisajes. Fotofest amplió y actualizó su radio de acción y mostró imágenes que reflexionaban más allá de la anécdota e incluían diversos medios visuales de materialización, incluso negando el cuarto oscuro como escenario. En esa perspectiva, Canto a la realidad luce vieja y prosaica, distraída en comunes definiciones y estratificada en el antiguo socialismo militante y los emblemas paternalistas que inspira en cierto sector el tercermundismo.
La exhibición no dejaba de ser ambiciosa en sus casi trescientas obras, algunas procedentes de cuarenta colecciones públicas y de otras tantas privadas, así como de los propios fotógrafos incluidos. Instalada obedeciendo al orden cronológico y temático trazado, insinuaba bajo su título nerudiano no solamente el lirismo episódico, sino una cierta cursilería grandilocuente que siempre yace en el trasfondo real-maravilloso. Algo verdaderamente lacónico era la uniformidad y limitación en los formatos y la baja calidad de las copias, desacierto que ayudaba a homogeneizar por lo bajo la visión general.
MIGUEL GONZÁLEZ
