En reconocimiento a la enorme contribución de Cuba al arte del siglo XX y al arte latinoamericano en particular, esta exposición contempla en gran escala el reciente fenómeno del arte y de los artistas cubanos en los Estados Unidos. Alguna vez dominio de su vecino en el sur de Miami, con su numerosa población hispana, en su mayoría cubana, el arte traído por quienes llegaron de la isla durante los últimos cuarenta años y el arte creado por la comunidad de exiliados, tanto los ya establecidos como los recién llegados, es ciertamente uno de los fenómenos más interesantes y de mayor importancia en el escenario artístico estadounidense en la actualidad.
Calificada de “celebración”, en esta amplia y atractiva exposición figuran cinco generaciones de artistas cubanos. Las obras de veintidós pintores y siete escultores incluyen una gran variedad de medios y de instalaciones y recorren los últimos cincuenta años de experimentación, desarrollo y realizaciones. No fue instalada a la manera de un panorama cronológico, sino con el fin de crear un impacto visual dentro de los imponentes espacios del museo. El impacto del largo muro con seis vibrantes y fuertes lienzos del fallecido artista Carlos Alfonso sólo es comparable a la instalación Sin título de José Bedia, elaborada con objetos hallados y otras obras del artista que ha recibido gran reconocimiento en los últimos años. Las mutuas influencias entre ellos, con la incorporación del simbolismo africano y taíno, comunican especial efecto a este arreglo. El curador, Jorge Santis, se esforzó por reunir, en las galerías individuales, la obra de artistas que influyeron unos sobre otros y/o aquellos lienzos y esculturas vinculados temáticamente. No obstante, el vínculo que parece prevalecer desde la primera hasta la más reciente generación de artistas es la búsqueda de la identidad nacional y personal.
Las obras de los primeros maestros, Wifredo Lam, Amelia Peláez, Carlos Enríquez y René Portocarrero muestran la formación académica tradicional conjugada con la obligatoria estadía en Europa que promovió interpretaciones distintivas del modernismo de principios de siglo. Los lienzos monumentales de Lam incluyen dos prestados por el museo Hirshhorn de Washington, D.C., y ponen de relieve la importancia internacional de este gran maestro y la dinámica de su contenido simbólico.
De especial impacto son las obras del grupo llamado Generación de Miami, que abandonó su país a temprana edad, se criaron en la comunidad de exiliados y se formaron en los Estados Unidos. Juan González, Luis Cruz Azaceta, María Brito y Julio Larraz son algunos de los miembros de este grupo que han alcanzado renombre internacional. Contemplar sus obras al lado de las de los artistas de vanguardia recientemente llegados es uno de los aspectos más interesantes de la exposición. La poderosa obra de José Bedia, Tomás Esson, Heriberto Moray, Tomás Sánchez indica la excelencia de la formación académica en Cuba a la vez que constituye un triste comentario acerca del exilio.
La exposición rinde homenaje a las sobresalientes tradiciones culturales de la pequeña isla de Cuba y al poder de la expresión visual para manifestar el triunfo personal a pesar de los augurios de desastre.
CAROL DAMIAN
