Exposición Individualabr 1994 - jun 1994· Por Alberto Collazo

Alicia Penaiba y Marta Minujín

Galería Rubbers

Como cierre de temporada, la galería Rubbers presentó dos muestras sucesivas de escultura, las que tuvieron la particularidad de brindarnos dos corrientes polares de esta técnica artística con las obras de Alicia Penaiba y Marta Minujín.

La exhibición de las obras de Alicia Penaiba (1913-1982) tiene la significación de ser la primera vez que el público argentino puede apreciar un conjunto destacable de sus trabajos.

Nacida en la provincia de Buenos Aires, pasa gran parte de su infancia en Chile, así como en la Patagonia argentina y en la provincia de San Juan. Mencionamos este hecho ya que la visión del paisaje cordillerano y de su particular espacio van a ser elementos constitutivos en la creación de su imagen escultórica.

Becada por el gobierno francés en 1948, se radica en París definitivamente. Realiza estudios de escultura en la Académie de la Grande Chaumière y en el taller de Zadkine. Desde entonces participa en exposiciones colectivas e individuales en Europa y Japón.

La observación de alrededor de veinte trabajos realizados entre 1953 y 1982 nos permite apreciar una gran variedad de soluciones escultóricas de carácter abstracto, en las cuales las formas alcanzan un desarrollo que podemos denominar orgánico, en donde el componente espacial se integra y acompaña el movimiento, generalmente ascendente de las formas. La estructura por lo general es abierta y de gran dinamismo.

Existen trabajos de propuesta horizontal, en ellos la fragmentación es el principal factor que genera ritmo. En ambos casos la monumentalidad está presente en todas las obras. Las formas orgánicas se diferencian entre las vegetales y las óseas. De la primera se puede mencionar Passion de la Jungle, una terracota de 1953, la que es comparable con Dans les bambous, un bronce de 1971. Dos obras destacables son Cinq Aliés, de 1975 y Météore de 1981.

Marta Minujín presentó su serie denominada Tiempo relativo entre la necesidad y la contingencia, obras realizadas en lo que la artista denomina representaciones tridimensionales, con lo cual intenta diferenciarlas de la escultura.

Veinticinco trabajos entre bronces policromados y yesos de colores fluorescentes se componen de una obra participativa denominada El tiempo muerto, el público podrá ubicar todo tipo de relojes en desuso en una estructura circular de grandes dimensiones.

Desde hace ya algunos años Marta Minujín tiene como eje creativo el tema del tiempo. A los siete días de la semana y a los doce meses del año ahora suma las cinco horas más significativas de una persona, según su entender.

La relatividad del tiempo es subrayada por la artista al manifestar que hay horas que pasan como segundos y segundos como horas, esta apreciación subjetiva de lo temporal también se pone de manifiesto en la plasmación de la imagen y en la denominación de los objetos realizados.

Más allá de las interpretaciones personales, los trabajos que presenta son obras escultóricas en cuanto al concepto con el cual desarrolla el volumen en el espacio y las tensiones y equilibrios que genera. Su propuesta plástica está lejos de los planteos clásicos renacentistas de su serie anterior; en estos trabajos el tratamiento del volumen es planimétrico y se destaca el uso del color. De este conjunto de obras se diferencian las figurativas, iniciadas hace cuatro años, de las abstractas más recientes. Estas últimas nos recuerdan, y pueden ser un punto de referencia, a su serie de Los colchones eróticos de la década del sesenta.

Como ejemplo de los primeros mencionamos Los siete días de la semana, 1989/1993, conjunto realizado en yeso con colores fluorescentes. Cada una de las siete figuras humanas, de casi dos metros de altura, tiene un desarrollo particular en cuanto a su movimiento y a su colorido. En cuanto a su obra reciente, la ejemplificamos con 18 Horas - Fontispicio hundiéndose en la relatividad, 1992/1993, en la cual la yuxtaposición ascendente de elementos de características modulares conforma un conjunto inquietante y dinámico.

ALBERTO COLLAZO

Alicia Penaiba y Marta Minujín, por Alberto Collazo | artnexus