En “Redes de conversión”, la artista peruana Ximena Garrido-Lecca entrelaza distintos materiales, formas y tecnologías tendiendo un puente que conecta el pasado y el presente estético, económico, geográfico y social del Perú. Como es característico en el trabajo reciente de Garrido-Lecca, ella recurre a las técnicas tradicionales de tejido, pero utilizando materiales industriales. En este caso, cables eléctricos de cobre revestido, en distintos colores, que son trenzados en diseños basados en las formas y los patrones de los textiles precolombinos.

Los diseños prehispánicos usados como modelos estéticos para realizar estas obras fueron sistematizados por Garrido-Lecca. Es así que la artista compiló estructuras compositivas y elementos formales recurrentes, que formaban una suerte de lenguaje milenario del diseño, el cual ella representó de forma gráfica y numérica. Esta información (visual y textual) que surgió de la configuración de las piezas fue convertida a su vez en un lenguaje de programación de base textual (JavaScript) por un equipo de programadores de sistemas con el que la artista trabajó.
Dicha traducción de estructuras de diseño a código informático es una de las muchas líneas de conversión que confluyen en la exposición, y a las que se alude nominalmente. Ese código, producto de una conversión informacional/informática, asimismo, está presente en un proceso de conversión de base tecnológica. En el patio de entrada de la galería se instalaron unos paneles solares que producen electricidad, que pasa por los tejidos-circuitos para alimentar unas pantallas led, que se encienden para mostrar el código informático que “traduce” los patrones de diseño que dan forma a las piezas. Lo que aquí está en juego es una transformación energética: de energía solar, a eléctrica, a lumínica. Y este paso de energía solar a energía lumínica nos remite a otra conversión, una de diferentes cosmovisiones: por un lado, aquella del Perú prehispánico, preindustrial y premoderno, que rendía culto al Sol; por otro, la del Perú occidentalizado, industrial y moderno, anclado desde tiempos coloniales en su economía extractivista; aun por otro lado, la de un país posindustrial, de redes digitales, software y programación, y, por último, aquella de un Perú aún inexistente, en cuyo imaginado horizonte futuro están las energías renovables y la sostenibilidad medioambiental (y social).
Las piezas proyectan, así, una secuencia temporal que vincula pasado y presente de formas particulares. Estéticas inmemoriales (de los diseños prehispánicos en los que se basan las piezas) y tradiciones textiles ancestrales (propias de las técnicas artesanales de tejido) se actualizan en las piezas vía un presente extractivo (la minería que extrae el cobre de los cables) e industrializado (implícito en la fabricación de los cables revestidos), que incluso apunta a un futuro digital (que las pantallas led anuncian en los códigos informáticos, que, curiosamente, apuntan antes a la fibra óptica que a los cables de cobre). En dicho futuro conjeturado, las creencias milenarias –Inti, el dios Sol– se abren a la visión de un futuro sostenible –representado por la energía solar– que se contrapone a la explotación de recursos finitos (la minería) y a sus externalidades negativas como la contaminación.
Hay un importante nexo geográfico e histórico en juego que vincula las formas artísticas tradicionales citadas por Garrido-Lecca con los materiales que emplea en la fabricación de sus obras contemporáneas. Las zonas de donde provienen muchos de los vestigios arqueológicos textiles en los que se basa, así como algunos de los principales centros de producción telar artesanal, coinciden, en líneas generales, con las regiones de explotación minera en el país. Asimismo, las poblaciones que tradicionalmente se dedicaban a la producción textil, ahora se dedican, sobre todo, a la minería y la producción industrial, que parece haber desplazado a las otras actividades productivas.
Como los cambios energéticos que atraviesan de forma invisible el recorrido que Ximena Garrido-Lecca traza desde los textiles precolombinos, la fabricación artesanal, la explotación minera, pasando por la producción industrial, las energías renovables, hasta llegar a la programación, hay un sustrato no visto al que implícitamente sus “Redes de conversión” hacen referencia: el problemático resto social, urbano, económico y medioambiental que estas operaciones de conversión que han impulsado nuestra modernidad persistentemente nos dejan. Y aunque no siempre se vean o se muestren (las poblaciones desplazadas, las tradiciones perdidas, las zonas de sacrificio, los cuerpos contaminados, etc.), más que un mero efecto accidental, estas parecen ser la precondición de su funcionamiento.
