Rafael Lozano Hammer

Rafael Lozano Hammer. La arena fuera del reloj. Memorial a las víctimas de COVID-19, 2021. Arena, vidrio, plataforma robótica, cámaras, computadores, software Open Frameworks, luces, base de aluminio anodizado, cabezal de polímero impreso en 3D, circuito electrónico, tubos, embudos, válvulas de plástico, página web. Documentación del memorial para Manuel Felguérez Barra.

Monografíajun 2022 - nov 2022· Por Yohanna M. Roa

Rafael Lozano Hammer

La arena fuera del reloj. Memorial a las víctimas de COVID-19

Brooklyn Museum, Nueva York

El Brooklyn Museum exhibe actualmente A Crack in the Hourglass, An Ongoing COVID-19 Memorial, de Rafael Lozano Hammer. La pieza, que fue encargada inicialmente por el Museo de Arte Contemporáneo de México, es un homenaje participativo que les permite a los familiares de las víctimas de COVID-19, tanto de la ciudad de Nueva York como de cualquier lugar del mundo, reunirse para lamentar su pérdida y compartir sus experiencias. La obra se ubica en la intersección entre arte, tecnología y arquitectura, al proponerse como un antimonumento que no inmortaliza un relato histórico, ni idealiza una idea de nación, raza o clase social. En oposición, facilita un encuentro participativo de forma inmaterial, que nos permite ejercer el derecho a la memoria y, de esta manera, hacer un tejido colectivo. El artista asume una postura política frente a los procesos de escritura de la historia, intercambiando el concepto de monumento por el de documento, al crear un archivo colectivo para ejercer el derecho a la memoria.

Monografía: Rafael Lozano Hammer — imagen 1
Rafael Lozano Hammer. La arena fuera del reloj. Memorial a las víctimas de COVID-19, 2021. Arena, vidrio, plataforma robótica, cámaras, computadores, software Open Frameworks, luces, base de aluminio anodizado, cabezal de polímero impreso en 3D, circuito electrónico, tubos, embudos, válvulas de plástico, página web. Documentación del memorial para Manuel Felguérez Barra.

Los familiares o amigos interesados en recordar a una persona fallecida por COVID-19 pueden enviar una fotografía a través de una plataforma online y asistir físicamente, o ver la transmisión en vivo del proceso de creación de un retrato efímero, por medio de un plóter robótico modificado, que utiliza granos de un reloj de arena sobre un fondo negro. Al finalizar cada dibujo, el soporte se inclina automáticamente, la arena desciende y es recogida por la misma máquina, que la almacena para un futuro retrato. A primera vista, la sala recuerda un mausoleo familiar, en particular, por las dos paredes laterales de la sala de exhibición, que están cubiertas por impresiones digitales de los retratos efímeros hechos en arena. Mientras al fondo se observa el plóter robótico, en la pared ubicada a la entrada se encuentran tres videos simultáneos con el registro del proceso de creación y borrado de las imágenes.

Debido a la pandemia, los ritos funerarios se vieron alterados; el duelo y la despedida como espacios de mediación fueron suspendidos en gran parte del mundo. En algunos casos, reemplazados por una imagen virtual transmitida por un enfermero, que usaba un dispositivo electrónico para permitirles a los familiares pronunciar un último adiós. Lozano se inserta en este escenario, creando un lugar que deambula entre lo virtual y lo presencial, para recrear un espacio comunitario, en donde, por un lado, sea posible compartir la experiencia de la despedida, y, por el otro, rendir un homenaje a los que parten; así, recobra ese lugar de mediación integrando un ámbito físico, digital y temporal.

El artista intercambia el concepto de monumento por el de documento; este último opera como una huella, un trozo de ruina, un transmisor inestable, incompleto; como una imagen borrosa que cita cuerpos y llama unas presencias, a fin de producir un espacio común de mediación frente a la muerte. Lo que emerge aquí es un método que busca revertir la relación tradicional con los procesos de escritura de la historia, pues tradicionalmente el objetivo ha sido la preservación de las imágenes para la posteridad y la constitución de un relato único; en su lugar, tenemos unas imágenes efímeras que se centran en un proceso de conservación de un archivo colectivo y voluntario. En sí mismo, el archivo es una puesta de sentido; describimos y decimos las imágenes para establecer una forma de escritura de la historia; por ello, es central que, junto con la preservación de las imágenes hechas en arena, se muestren los nombres de las personas retratadas y las dedicatorias de sus seres amados. Este método permite que emerja la multiplicidad de historias personales, nombres, situaciones, razas, localizaciones, relaciones con la muerte, y la despedida. De esta manera, Lozano asume una postura política y ética frente a la labor del historiador como certificador de los acontecimientos que merecen pasar a la posteridad, y permite ejercer el derecho colectivo a la memoria, asumiendo la creación del archivo como una multiplicidad de relatos. Sin dejar de lado que el documento es el producto de la actividad humana, que se consigna y conserva bajo decisiones tomadas con antelación.

Con su obra, Rafael Lozano Hammer señala la arena social que se hizo visible con el COVID-19, en donde las formas sociales que tenemos para administrar el dolor y la relación con la muerte, bien sea a través de los procesos administrativos legales, o los ritos de despedida, están determinadas por condiciones de clase social, raza, género o nacionalidad. Sin embargo, el artista llega más allá de un señalamiento, pues ha generado un dispositivo colectivo de articulación de la memoria, que puede seguir expandiéndose. De esta manera, revierte el ejercicio de poder, en los métodos tradicionales de escrituras del pasado, al hacer operar el documento y el archivo como faros que alumbran borrosamente zonas de la memoria, permitiéndonos establecer relatos disímiles que fracturan los límites de lo que tradicionalmente ha constituido la identidad.

YOHANNA M. ROA

Rafael Lozano Hammer, por Yohanna M. Roa | artnexus