Exposición Individualjun 2022 - nov 2022· Por Ernesto Muñoz

Pedro Tyler

Centro Cultural Montecarmelo

La nueva exposición del destacado artista chileno-uruguayo Pedro Tyler, “Le voy a contar todo a Dios”, en la capilla del Centro Cultural Montecarmelo, es parte de la selección realizada por la Bienal Sur 2020, una extensa plataforma de arte que reúne a grandes artistas latinoamericanos y que se presenta en diversos países de nuestro continente.

En el mes de mayo de 2014, los diversos medios publicaron la foto de un pequeño niño sirio de tres años que momentos antes de morir dijo una frase conmovedora: “Voy a contarle todo a Dios”. Esta frase la recoge Pedro Tyler en su obra Memorial sin fin, a través de diversos dibujos que muestran distintos niños jugando o posando con armas de fuego. Dichos dibujos fueron realizados utilizando puntas de balas como lápiz. Hay un único texto que se divide entre dos puertas, “Cuando llegue al cielo le voy a contar a Dios”. ¿Qué le responderíamos nosotros? Los dibujos de los niños están inspirados en fotografías reales de un variado archivo del artista. Sus hijas, sus sobrinos, niños soldados, niños antes de la Primera Guerra Mundial, y otros en la actualidad, fueron la inspiración del artista. “El dibujo tiene algo más fresco, y, como están hechos con plomo, hay un aspecto material que te hace ver la obra de otra manera. Por eso, me interesa más dibujar una foto que reproducirla perfectamente”, explica Tyler.

Exposición Individual: Pedro Tyler — imagen 1
Pedro Tyler. Memorial sin fin, 2021. Detalle. Puertas de deshecho articuladas. Dibujos con puntas de balas, de plomo y encamisadas mediante la técnica punta de plata. 210 x 300 x 400 cm (82 43⁄64 x 118 7⁄64 x 157 31⁄64 pulgadas).

El arte tiene la responsabilidad de comunicar. Sí, comunicar inquietudes que el artista visualiza, captando del medio en que vive aquello que estima necesario difundir a su comunidad y a sus alrededores, para advertir una necesidad preocupante de crear conciencia y tomar medidas, si es necesario. Es el caso entonces de las armas y los juegos infantiles, que no distingue el momento de pasar de ser un juego a convertirse en una realidad cruel.

Los seres humanos nacemos desconociendo la violencia, al cobijo de nuestras madres, que nos protegen de todo lo que puede suceder alrededor. Ellas, por supuesto, no nos enseñan a ser violentos, pero son nuestros juegos heredados de nuestros padres, que nos educan jugando a la guerra, con rifles y balas de juguetes, los que se volverán reales, cuando crecemos y nos convertimos en hombres mayores, el juego que diabólicamente se hará real. Pedro Tyler lo reconoce y dice: “Mi madre estaba en contra de las armas de fuego, aunque fueran de juguete”. Luego agrega: “[…] colarse en el taller de mi padre para hacer espadas y pistolas era vital. Creo que, por eso, siempre me han cautivado las herramientas, las armas y su historia. La idea de que la gente puede usar una herramienta como arma, o viceversa, transformados objetos y sus usos ha influido mi arte”.

Las balas son la materia prima de esta exposición; el artista usa la punta de las municiones para dibujar niños jugando en tiempos de guerra y paz en todo el mundo. De esta manera, martilló distintas balas para fabricar bolitas de plomo, talló una escultura en la punta de una bala y utilizó un casquillo vacío para hacer un silbato. Pedro Tyler logra su objetivo de significar el juego de balas con una aparente ingenuidad, pero cuando el juego se hace real, nos llenamos de espanto. Su comunicado va dirigido al espectador común, para que piense el significado de la violencia que se presenta en guerras, revoluciones, estallidos sociales, acciones anarquistas, actos de terrorismo. Vemos esas ingenuas armas usadas en juegos de pequeños, convertidas en armas que dan muerte a personas, independiente de que sean enemigos o amigos, ancianos o mujeres o niños, no respetando nada, solo buscando satisfacer oscuras pasiones.

Tyler dice coincidir con Johan Huizinga, que en su libro Homo Ludens, de 1938, escribió que cuando “todo rastro del concepto de juego se extingue, la cultura en su totalidad se marchita”, pero confió en la esperanza de saber que, independientemente de las circunstancias, los niños siempre jugarán.

En resumen, el artista logra sorprender en su intento de alertar sobre el uso de las armas, como apoyo de la violencia; vemos estas instalaciones que nos ponen en presencia de una realidad cercana. Estamos viviendo en un polvorín, que en cualquier momento puede estallar. La obra de Tyler es madura, consistente, y demuestra amplio dominio de la técnica y los materiales, para poder producir una muestra armónica, como lo es la presente. La exposición de Pedro Tyler retrata la inocencia, la capacidad de juego de los niños, su imaginación y la habilidad que tienen de abstraerse de un lugar, ya sea que estén en una guerra o en paz.

Pedro Tyler, por Ernesto Muñoz | artnexus