“Nuevo poder”, individual de Maxwell Alexandre, es una exposición presentada simultáneamente en tres locales diferentes: el palacio de Tokio, en París, y las dos galerías de A Gentil Carioca, en Río de Janeiro y en São Paulo. En el contexto de la crisis sanitaria del COVID-19 y la consecuente restricción de viajes, es una manera de multiplicar el alcance de la discusión propuesta en diversos contextos. La muestra es un desdoblamiento del proyecto “Pardo es papel”, que jugaba con las implicaciones de la palabra pardo, término usado durante mucho tiempo para referirse a personas negras de piel clara. Se trata de una denominación políticamente problemática y disgregadora para el movimiento negro, por crear una fisura de identidad. Además de eso, la diferenciación entre pardo y negro implica una discriminación, pues atribuye distintos estatus a individuos con base en la mayor o menor cantidad de melanina de la piel. Al hacer retratos de personas negras sobre papel pardo, el artista iluminaba este asunto.

Nacido y criado en la Rocinha, la mayor favela de Brasil, Maxwell Alexandre conoce muy bien la experiencia de la estratificación de la sociedad, del racismo estructural y de la marginación de la población negra. En el campo del arte, la discusión se amplía para cuestionar la historia oficial del arte, decididamente eurocéntrica. Reivindicar la visibilidad de otras narrativas es una necesidad, y solo dejará de serlo cuando exista, de hecho, una equivalencia de oportunidades y validez para todos los tipos de personas, tanto en la vida cuanto en el arte. El trabajo de Maxwell Alexandre aborda los asuntos cotidianos que lo inquietan, no a partir de una perspectiva personal, sino como parte de una comunidad. Ahí entran los poderes institucionales que dictan las dinámicas sociales, como el Estado, la Iglesia, las corporaciones y la cultura hegemónica que ahoga las manifestaciones periféricas.
Sus obras mezclan materiales tradicionales de taller, como la pintura acrílica, el carboncillo y el pastel graso, con técnicas de street art, a lo que agrega cosas del día a día, como empaques y lonas, en trabajos bidimensionales, objetos e instalaciones. La figura humana está siempre presente, pero sus personajes, en lugar de ser individualizados, funcionan como cuerpos representativos de toda una clase y una raza, sujetos a categorías estereotipadas. Los protagonistas son casi siempre personas negras en situaciones cotidianas de desplazamiento, diversión y celebración mundana o religiosa. Las composiciones están hechas con pinceladas expresivas y colores fuertes, algunas veces con diferentes escenas dispuestas simultáneamente sobre la superficie.
En “Nuevo poder”, el artista toma como punto de partida la relación entre las personas negras y los espacios sacralizados del arte, como los museos y galerías. Coleccionar (o al menos conocer de arte) es una forma de distinción social, hasta en las clases adineradas, hasta entre aquellos con similar poder económico. Los lugares destinados para el disfrute de estos bienes culturales acostumbran a ser frecuentados, financiados y administrados mayoritariamente, por personas blancas, que aumentan así su capital social, y, en consecuencia, su poder político. Maxwell Alexandre entiende que tener cuerpos negros representados en obras de arte es importante, pero está lejos de ser lo suficiente. En sus propias palabras, “artistas, galeristas, críticos, curadores, historiadores, mecenas y coleccionistas son agentes que tienen códigos de ese campo específico, que construyen imágenes, mundos, pasados y futuros. El arte es un depósito de cultura. Llamar la atención de la comunidad negra hacia ese campo es una estrategia profética de ascensión y empoderamiento”.
Aunque en los últimos tiempos la representación de la población negra en el arte venga aumentando y siendo no solo acogida, sino incentivada en las instituciones, lo mismo no puede decirse sobre el público que las frecuenta, que aún es mayoritariamente blanco: la presencia de negras y negros en estos lugares está todavía limitada a la prestación de servicios, como equipos de limpieza, seguridad o servicio de bebidas en los cocteles de apertura. Algunos, desde que hayan tenido acceso a la universidad, actúan como mediadores de exposiciones, pero muy raras veces llegan a cargos más altos.
En “Nuevo poder”, los personajes presentan facciones más individualizadas, a diferencia de obras anteriores. Se muestran sobre fondos monocromáticos en acciones usuales entre los que frecuentan espacios culturales: parados, caminando lento, o de espaldas, como si estuvieran apreciando obras de arte. Es como si el artista poblara simbólicamente las instituciones con una audiencia que no está allí en carne y hueso. Las obras funcionan como un espejo que devuelve al espectador la imagen de aquellos espectadores que deberían estar apreciando una producción hecha sobre ellos y para ellos.
