En la situación actual, ¿qué nos queda por hacer? Al arte, a las instituciones, a los jóvenes, a cualquier persona que observe el mundo y se pregunte por el futuro, que mire alrededor y sienta qué cosas pueden llegar a ocurrir más adelante. ¿Por qué las ideas de libertad, fantasía y futuro son recibidas con recelo? Hay proyectos que ocupan el mundo con sus objetos y otros que sueltan preguntas como esporas al aire, que nos contagian y nos vuelven un poco más libres, un tanto más rebeldes. Estas palabras surgen de recorrer y experimentar el proyecto de María José Arjona (Bogotá, 1973) “Como es adentro es afuera” (30 de septiembre de 2021- 5 de marzo de 2022), realizado en NC-arte bajo la curaduría de André Lepecki, especializado en performance, coreografía y dramaturgia. El proyecto se desarrolla entre la sede del espacio expositivo, en La Macarena, y el piso 38 de la Torre Atrio, ubicada en la intersección de la Avenida Caracas y la Avenida El Dorado, desde la cual se pueden contemplar el icónico Cementerio Central, pero también los Cerros Orientales, las montañas hacia el valle del Magdalena y el resto de la ciudad, como si fuera una maqueta de juguete.

A principios del 2019 María José Arjona se encontraba en Guachaca, en la costa Caribe colombiana, al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta, territorio ancestral y sagrado de los indígenas Arhuaco, Kogui, Wiwa y Kankwamo. En la desembocadura del río, donde en días despejados se ven los picos nevados de la Sierra, la artista tuvo un encuentro con 307 cosas que parecían venir de otro mundo. Por elección mutua, las cosas y la artista iniciaron un viaje que empezó a dejar preguntas en el camino hasta formular, con interrogantes, un proyecto que, sin remedio, tuvo que pensarse y desarrollarse a lo largo de los meses de encierro y en el nuevo mundo que fue perfilándose desde entonces. En un texto escrito por Lepecki durante el proceso de trabajo curatorial, leemos: “una cosa no es lo mismo que un objeto (incluso si puede tener una realidad objetiva). Más bien, es un modo de ensamblar asuntos (virtuales y reales) que precipitan lo imprevisto. […] cada cosa es una puerta de entrada a otras formas de vida”. En este sentido, “Como es adentro es afuera” nació de un encuentro que abrió un sinfín de puertas, se gestó con el recorrido de las cosas –umbrales de lo oracular–, desde los paisajes de la Sierra Nevada de Santa Marta hasta Bogotá, aunque al final del trayecto, en términos de tiempo expositivo, los caminos son tan múltiples como el número de personas que pudieron experimentar el proyecto.

La idea de que las cosas nos invitan a cruzar umbrales si estamos dispuestos a dar un salto al vacío impregna cada paso que damos en este proyecto. Este carácter estaba ya presente antes de llegar al diseño final de todos los momentos que componen esta experiencia. Antes de abandonar su lugar de origen, las cosas, que venían del mar, del más allá, cobraron un carácter oracular. En todo este devenir de viajes y paisajes, de elementos, de lo ancestral y la urbe, de las voces de los traductores invitados que desdoblaron la potencialidad de las cosas y los planos cosmogónicos, nos preguntamos, ¿qué rol tienen los cuerpos en todo esto? Desde el inicio, desde su gestación como vehículos de transmisión de conocimiento, las cosas tuvieron un desdoblamiento a través del cuerpo, inevitablemente fue la artista quien las acercó al suyo propio, quien, además, las tradujo en partituras de movimiento bajo el acompañamiento y guía de la bailarina y coreógrafa Meg Stuart.

Al entrar al espacio no hay performer de carne y hueso, lo que encontramos es una experiencia que atraviesa nuestro cuerpo; el espectador es el cuerpo colectivo del proyecto. Parte de este momento sensorial y premonitorio sintetiza todo el trabajo previo en el que las cosas fueron traducidas a otros lenguajes como imágenes gráficas, como el sonoro, el escrito o el movimiento. Los cuerpos de los espectadores acceden a NC-arte por un pacto consciente, con un sí a la invitación a vivir la experiencia pendular a través de la cual el oráculo se manifiesta, y por el que se entra a uno de los cuatro planos de la cosmogonía propuesta por la artista. En este sentido, Arjona determinó el Mundo, el Inframundo, la Niebla y el Cosmos, como planos de lo oracular que representan la experiencia del mundo, a raíz del encuentro con las cosas. Cada uno de ellos tiene 9 entradas, es decir 36 posibles cartas de navegación para deambular por la respuesta a la pregunta de entrada. A estas llegamos gracias al movimiento pendular, pero también a la numerología de nuestro nombre. Siguiendo el hilo conductor del recorrido, el sentido del olfato se activa a través de la invitación a escoger una paleta de aceites esenciales como ciprés, limoncillo, vetiver, romero, mandarina, lavanda, entre otros. Los olores nos transportan y nos permiten construir un paisaje interior, que activa los sentidos, los recuerdos y la imaginación, agregando un complemento fundamental al sentido de la vista, por el cual suele regirse la visita a una exposición. Y así, con el vacío tambaleante de la incertidumbre y embriagados por los tonos olfativos del paisaje, quedamos inmersos en la experiencia audiovisual por la puerta de entrada a la carta de navegación. ¿Qué otra función más importante tiene el arte que invitar a la pregunta, a la duda?

El rol de la institución y los formatos expositivos están en el centro de las pesquisas del proyecto, ¿qué rol tienen las estructuras institucionales frente a los cambios y protestas que se han llevado a cabo durante los últimos años por estas latitudes? ¿Qué futuro tiene el cuerpo en Colombia? Arjona aborda la importancia del encuentro con el otro, la tolerancia a las distintas formas de existencia, del diálogo y de la multiplicidad de voces que surgen alrededor de una proyecto así, de invitar a otros cuerpos en un acto de generosidad y proliferación colectiva, proliferación que es una respuesta contundente a la pregunta inicial; efectivamente, ¿qué nos queda por hacer cuando lo que observamos nos hace preguntarnos por el futuro?.
La Torre Atrio fue escenario central de dicha proliferación, llevándose a cabo una programación de performances a manos de invitados con distintos perfiles: Alejandro Penagos, Jessica Mitrani, Juan Betancurth, Danza Común (Bellaluz Gutiérrez, Jenny Angulo, Juliana Rodríguez y Andrés Lagos), Juanita Delgado, Lina Botero, el Colectivo Impromptus (Ana Contreras, Daniel Corredor, David Arenales y Joan Arenales), el colectivo Villamil & Villamil (Felipe y Sebastián Villamil), Elisa Triana y Vanessa Gómez, La Demonia Yeguaza, Lady Hunter Texas, Cristina Consuegra y el Colectivo Nueve Voltios (Leo González y María José Marulanda). Cada uno propuso una acción de larga duración en diálogo con el proyecto, en particular con las 36 piezas geométricas, realizadas en tubos de cobre que pertenecen a cada carta de navegación. Después de invocar libremente imágenes, objetos, estados de ánimo, palabras, silbidos, etc., tanto personales como referentes a la obra y a los cuatro planos, el mar se instauró como metáfora de todo el proceso, y la Niebla llegó para hacer aparecer todo aquello que se escondía a simple vista. La niebla nos permitió movernos libremente y sentir hacia afuera y hacia adentro. Curiosamente, cada vez que se bloquea la vista surge con más claridad nuestro origen estelar, nuestra raíz animal. Al mar y a la niebla volverán las cosas, habiéndonos dejado un cosmos de respuestas, un mundo de preguntas.
CARIDAD BOTELLA

