El 23 de octubre del 2020, la artista brasilera Lygia Clark habría cumplido cien años. La celebración de su centenario, y de su contribución a la historia del arte local, regional y global, fue la oportunidad para la fundamental exposición “Lygia Clark (1920-1988) 100 años”, organizada por la Pinacotheque Cultural, en colaboración con la Asociación Cultural Lygia Clark. La muestra se inició en Río de Janeiro el 21 de agosto, hasta el 9 de octubre del 2021, y posteriormente se abrió en la capital paulista del 15 de diciembre del 2021 al 15 de enero del 2022.

Lygia Clark (Belo Horizonte, Minas Gerais, 1920-Río de Janeiro, 1988) integró el movimiento constructivo con el Grupo Frente, liderado por Ivan Serpa (1923-1973); fue una de las fundadoras del Grupo Neoconcreto, y en sus creaciones rompió los patrones de la representación y de la recepción estética. En la superación del soporte, en la dimensión relacional, en la integración del cuerpo, en el uso terapéutico de obras sensoriales, la artista acabó incluso por ampliar las fronteras de su propio arte, alterando cánones del campo artístico brasilero e internacional.
Bajo la curaduría de Max Perlingeiro, la exposición fue organizada de forma cronológica y dividida en “17 órdenes conceptuales”. Los textos murales, de la autoría del crítico y curador Paulo Herkenhoff, orientan al visitante en la evolución del pensamiento de la artista y de sus creaciones entre los distintos núcleos, como Escaleras (1947), Kleemania (1952), Quiebra del marco (1954), Unidad (1958), Crisálida (1959), Bicho (1960-1964), Trepante (1965) y Objetos relacionales (1968-1973). La muestra trajo también películas y videoinstalaciones, como Memoria del cuerpo (1984), de Mário Carneiro, un registro de la última propuesta diseñada por la artista, la Estructuración del Self.
En los segmentos iniciales entre 1940 y 1950, hay obras formales desconocidas por el gran público. Se destacan, por ejemplo, el Retrato de Bertha Clark (1943), cuñada de la artista, hecho en pastel sobre cartón, recientemente descubierto y certificado por la Asociación Cultural que desde hace veinte años trabaja en la conservación y valoración de la colección. También es de ese período la serie Escaleras (1947-1951), en la que, según declaraciones de la propia Lygia Clark, ya era posible ver “el deshojarse de un Bicho”, un “Bicho dentro de la escalera”. En esas primeras décadas, es interesante observar la red de relaciones que la artista va estableciendo en sus actividades de estudio, por ejemplo, con el artista plástico brasilero Burle Marx y el pintor francés Fernand Léger.
En la trayectoria investigativa que sigue, Lygia desarrolló problemas plásticos, asuntos referentes a la relación espacio-tiempo, juegos de percepción y reordenamiento de planos. En un primer momento de “geometrías programáticas”, esos planos fueron sobrepuestos, usando las transparencias, como en la pintura Composición (1952); también produjo la Descubierta de la línea orgánica (1954), en que colocó la duda sobre el “sentido de la angosta rendija y lo que fue moldura”, y marcó su postura en el espacio concreto con el Quiebre de la moldura (1954). Además, se puede ver el surgimiento de una nueva concepción de la línea, que es “constituida por el espacio y por lo constituyente del espacio”, en trabajos como Superficies moduladas (1955-1957), Espacios modulados (1958-1959) y Contra-relieve (1958).
En el recorrido por esa cronología, vale destacar dos conjuntos de obras en que el diálogo con la expografía enriqueció mucho la muestra y el conocimiento sobre la producción artística de Lygia Clark. El primero es la re-creación de la icónica escena de la artista con sus obras Unidades (1 a 7), sentada en la silla diseñada por Abraham Palatnik, imagen hecha en la Muestra Neoconcreta, realizada en el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, en 1959. El otro punto destacado es la colección de Bichos (1960-1964), perteneciente a Guy Brett (1941-2021), inédita en Brasil. Lygia Clark y el crítico británico se convirtieron en grandes amigos desde la muestra individual en la Signals Gallery, en Londres, en 1965. De carácter fundamentalmente orgánico, de ahí la escogencia del nombre para esa serie, en la muestra figura uno de los primeros “especímenes” que aún tenía estructura rígida, y que en su “eclosión espacial” pasó a ser móvil, convirtiendo al espectador en agente del Bicho.
La muestra prosigue hacia otras fronteras del trabajo de Lygia Clark, que ve su producción no como obra, sino como propuesta, y al arte, como una forma de vida y zona híbrida de encuentro poético/clínico. En el núcleo Objetos relacionales, el visitante es llevado a ese universo en el que los objetos no tienen especificidad en sí, pues sus definiciones vienen de la relación con el sujeto y su carga afectiva. El visitante se ve entonces entre La red de Elástico (1974), el Diálogo de Manos (1966) y el O yo o tu (1967). Este último está compuesto por dos monos, pensados para que sean vestidos por un hombre y una mujer, y de esa interacción emergen significados y la propia intención de Lygia Clark, en la que “lo importante es el acto de hacer en el presente” y “el artista se disuelve en el mundo”.
