Exposición Individualjun 2022 - nov 2022· Por Santiago Rueda

Luis Ospina

Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano Bogotá

Como a pocos –en Colombia– a Luis Ospina le interesó crear su propio mito, que parte de su obra fuera un tributo a sí mismo, y a sus pocos buenos amigos. Ospina es reconocido principalmente por sus pocas películas, algunas de culto como Agarrando pueblo (1977), que acuñó el término porno-miseria, tan propagado hoy en día, y su film-testamento Todo comenzó por el fin (2015), esta última una larga recapitulación sobre su vida creativa, y la de sus entrañables amigos el cineasta Carlos Mayolo y el escritor Andrés Caicedo –aparte de testimoniar una larga hospitalización que casi lo deja fuera de cuadro–. Poco reconocido es, que, para sobrevivir como cineasta en un país sin cine, Ospina ejerció durante su vida otros oficios como el de editor, y realizador de televisión. En Cali, en el no tan lejano fin del siglo pasado, Ospina dirigió una serie de documentales diversos que se emitieron en su momento en la televisión regional y que constituyen buena parte –difícil de acceder– de su obra, a los que volveremos más adelante.

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Luis Ospina. El corolario es casi inevitable. Foto: Andrés Rincón Aguas.

Antes de su deceso (2019), Ospina dejó entrar al curador, crítico y ensayista Guillermo Vanegas a su archivo, permitiéndole desarrollar una beca de curaduría histórica sobre su obra total. Como resultado, a fines de 2020 Vanegas publica el libro El corolario es casi inevitable, una disección metodológica que recorre cincuenta años de la vida creativa de Ospina, a la que sumó una curaduría virtual, también ganadora de una beca, que enseñó parte de su obra –sobre todo, los ya mencionados videos para televisión cultural–, que desafortunadamente solo pudo verse por un corto tiempo, debido a las restricciones de derechos de autor que cobijan la obra del cineasta.

La exposición presencial, preparada para exhibirse en 2020, pospuesta por las restricciones pandémicas, resurgió un año después, bajo el título “Luis Ospina: Collage postmoderno permanente, 1970-2019”, presentandose en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en Bogotá. Dividida en polípticos, la exposición intentaba categorizar el pensamiento de Ospina como autor, y para ello, Vanegas recurrió a segmentos de sus obras, desde inicios de los años 70 hasta el final, sumando trabajos de estudiante, segmentos de sus películas –desde su film de terror serie B Pura sangre hasta su celebrado falso documental Un tigre de papel–, y sus ya mencionadas indagaciones documentales sobre Cali en video, entre otras cintas. Estructurada como una aproximación metodológica sistematizada y categorizada, presentando secuencias escogidas en diferentes monitores, la exposición examinaba un estilo personal, señalando temas principales, pero también reiteraciones, tics, guiños, y, por encima de todo, y es lo que parece interesar más a Vanegas, la manera en que el cineasta autoconstruyó, desde muy joven, su personalidad artística. Además, y es destacable, es quizá por primera vez en Colombia que un curador hace de un realizador de televisión el motivo de una investigación estética –analítica y curatorial–. Vanegas se enfocó en esa producción audiovisual engavetada, la realizada por Ospina en Cali en los años 90 para la televisión regional, logrando que el cineasta se nos revele como un cronista, un etnógrafo y un historiador de su ciudad.

Sobre Ospina habrá mucho o poco que decir –el corolario es casi inevitable–, pero esta guía práctica a su obra, basada implícitamente en el reconocimiento de la televisión como un medio artístico y en la recuperación de la hoy supuestamente superada noción de estilo a la hora de examinar a un artista, es en conjunto un acierto investigativo y curatorial, claramente preparado para los no iniciados, los jóvenes de hoy, que por su edad apenas llegan al trabajo de Ospina y son ajenos al mito de Ciudad solar y el grupo de Cali, que es en esencia un mito generacional. En consecuencia, la exposición, principalmente en su versión digital, actualizó el legado de Ospina a la altura –o a la bajeza– de los tiempos inmediatos de las redes sociales.

A título personal, recomiendo escuchar a Luis Ospina en Mi banda sonora (https://caracol.com.co/programa/2016/03/26/a_vivir_que_son_dos_dias/1459009639_643639.html), disfrutar su emotiva e ilustrada selección musical, y leerlo en su compilación de textos cortos y artículos –bienhumorados y honestos– Palabras al viento: Mis sobras completas (2011).

SANTIAGO RUEDA FAJARDO, PhD

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