El estilo de vida de las sociedades actuales solo se tornó posible, en gran medida, debido a los avances tecnológicos, cada vez más agudizados. La tecnología, en principio desarrollada para disminuir la necesidad de esfuerzo físico, facilitar la producción de utilidades y distribuir informaciones y bienes de consumo, también es la causante de muchos problemas que enfrentamos hoy en día, tanto local como globalmente. De los cambios climáticos que amenazan la sobrevivencia de la especie humana al fenómeno de las relaciones líquidas que tornan fugaces los afectos, el mundo contemporáneo es escenario de los dolores y de las delicias de una existencia de múltiples posibilidades y efectos, siendo los más notorios el distanciamiento entre el hombre y la naturaleza y entre las personas, ilusoriamente conectadas. Un mundo que busca enmascarar discrepancias, pero acaba encarando las paradojas de aquello a lo que damos el nombre de civilización.

La artista italiana, radicada en el Brasil, Laura Villarosa lanza sobre este escenario de disociación una mirada panorámica. Escoge como tema el paisaje, sin detenerse en alguno en particular, tratando cada uno más como una percepción general que como un lugar específico, aunque su paleta rebajada remita a una atmósfera europea, no tropical. Los títulos de los trabajos se refieren a la naturaleza con palabras como viento, cielo o río, pero dejan abierta una duda sobre si la referencia es real o se alude a un paisaje onírico o hasta, incluso, deseado.
El pensamiento tras las composiciones de la artista sigue una metodología alineada con la pintura, que privilegia concentraciones de color y líneas organizadas en secciones horizontales, en una figuración más sugerida que determinante. Estos paisajes imaginados están dotados de una calma que se opone al torbellino de peligros y desajustes que caracterizan la actualidad. También el tiempo parece como indeterminado, sin que sea posible que sepamos si serían memorias de un pasado o una posibilidad de futuro. Ninguna figura humana o animal habita las composiciones, lo que les confiere un tono entre melancólico y sereno. En Jardín en el cielo rosado (2021), por ejemplo, solo inferimos que se trata de un jardín a causa del título, ya que el conjunto de formas más “sólidas” parece sobrevolar sobre una zona diáfana, o hasta flotar sobre un cuerpo de agua, en lugar de asentarse sobre la tierra. El cielo al que hace referencia recibe la misma textura semitransparente, aplicada a la parte inferior, dejando entrever la base blanca sobre la que reposa la composición. El lienzo de la tela está flojamente fijado en el bastidor, dando un movimiento de ligereza al trabajo, así como los hilos que cuelgan sueltos de las formas bordadas, que poco tienen en común con representaciones usuales de follajes o flores, se parecen más a rocas. Un jardín de ficción donde flota una atmósfera de silencio deshabitado, que tanto podría ser un lugar idílico como un escenario postapocalíptico.
Otros paisajes se muestran asimismo indefinibles, ubicándose en los límites de la abstracción, como Cielo rosado (2021), o juegan con imagen y significado, como Paisaje con breñas (2021), en el que un rectángulo de líneas bordadas se coloca sobre una superficie de lino, en donde imperan pinceladas blancas y trazados sutiles, como una ventana invertida.
Es importante observar los materiales y técnicas elegidos por Laura Villarosa, el lino, el algodón y el tul, usados como superficies de las obras que se integran en ellas como elementos compositivos, con áreas que quedan expuestas y que demuestran una disposición para evidenciar todos los materiales empleados. Sobre esta base, la artista organiza los elementos, mezclando la pintura (principalmente acuarela y acrílicos), el bordado y el tejido de punto. Estas últimas son técnicas tradicionalmente dominadas por mujeres en todos los continentes, lo que añade al trabajo una capa adicional de significado, trayendo el universo doméstico (por lo general asociado a lo femenino) y las discusiones sobre los límites entre cultura popular y erudita, artesanía y arte. El conjunto expuesto, como un todo, opera como pintura expandida, y, a veces, los materiales artesanales se emplean según la lógica de la pintura, y los de pintura, bajo la lógica de los artesanales. Hay ocasiones en que las líneas y lanas forman masas de color, así como es frecuente que el pincel sea usado en trazos que podrían estar hechos con hilos. El aprecio por la manualidad puede ser leído como un rescate de un tiempo desacelerado, un repertorio de prácticas que exigen dedicación y paciencia, tanto como el aprecio por los saberes antiguos, transmitidos de generación en generación. En respuesta al aceleramiento de la vida, los trabajos de Laura Villarosa ofrecen una oportunidad de contemplación.
