Dos artistas mexicanas, Francisca Rivero-Lake Cortina (México, D. F., 1973) y Carla Verea Hernández (México, D. F., 1978), realizaron su primera muestra en París, titulada “Argent” (Plata), en la galería Bendana Pinel Arte Contemporáneo.
Lake Verea, síntesis de sus apellidos, reúne dos principios fundamentales: la creación y la originalidad; el dúo promueve la producción de sentido, la emoción del operador en el restauro y la relación física en el proceso como performance.
Lo que caracteriza a las sociedades avanzadas es que estas consumen imágenes, y ya no creencias como antaño, sostiene Roland Barthes (La cámara lúcida, UNAM-Paidós).

Actualmente, ambas artistas prefieren las cámaras con buena óptica y opciones que añadan flexibilidad, frente a las cámaras orientadas al consumidor, donde la práctica queda regida por la electrónica evitando toda imprevisibilidad. Sociedad avanzada y artesanado se oponen tanto como la autenticidad y falsedad en las creencias. Por ello, enfocarse en el proceso que genera la obra para lograr la comunicación visual que pretende proyectar equilibra la balanza entre técnica y visualidad.
La ancestral tradición del trabajo de los metales, los utensilios y objetos de plata, la hibridación en la etapa postcolonial y la resurrección de una práctica y un sentido artesanal de la fotografía, se expresa en esta serie considerándola como un aspecto que permite la representación y la caracterización de la sociedad actual y del pasado histórico.
En la elección de los objetos, una historia personal y otra colectiva se unen. El período de reflexión abarca el intervalo 2020-21, que provocó un clima de introspección. El proceso, así instituido, es parte de la referencia visual, permite revelar información y generar emociones. El objeto y su imagen sirven para ser utilizados como un instrumento de investigación y documentación en un contexto social. La fotografía se transforma en un elemento esencial de la cultura.
El dúo eligió objetos que datan del siglo XVIII hasta la actualidad, en su mayoría en plata mexicana, por la relación que tienen con cada uno. Las fotografías, en esta muestra, son las primeras imágenes tomadas por Lake Verea con una cámara, reconfigurada, del siglo XIX.
El futuro de este arte, en cuanto al uso de la luz y sus contrastes, perenniza la herencia del Barroco. Y a ello se agrega la historia de los objetos. Las piezas únicas superan en su mediana dimensión el atractivo que producen. A ello se suma la poética de Lautréamont, que alude a la presencia de dos o más mundos antagónicos o separados.
Estamos cerca de las reflexiones de Caravaggio o Turner, en cuanto al objeto, su representación y la puesta en valor. Otro contraste de luz y sombras barroco se produce en el resultado. Como si un complejo cuadro del siglo XVI o XVIII se hubiera fragmentado, encontramos detalles de luz y sombra, positivo y negativo.
La obra de Lake Verea se origina en una acción cuasi teatral, una performance de contenido escenográfico. Las tomas del video digital muestran un entorno prefabricado, casi una realidad virtual. La cámara oscura doblemente amplificada, en el estudio fotográfico, por el contacto físico- químico entre el objeto, la luz y el papel fotosensible. Es a través del video en pantalla que se reúnen los requisitos de la técnica y la presencia. El atelier es también una prolongación de la cámara oscura, y ambas artistas se encuentran en sesión de trabajo frente al objeto fetiche, símbolo escenográfico, y con el cronómetro en la mano demostrando que este conjunto sólido y personal es el producto de un proceso. Mientras que el performance en general va hacia la desaparición del objeto, en esta propuesta tanto el escenario como la acción confluyen a la construcción y a la representación. Es a través de la experiencia fílmica que provocan la identificación del espectador.
Descubierta en un anticuario en Ciudad de México en 2007, una “cámara mamut”, como perspicazmente ambas denominan a la gigantesca cámara del siglo XIX, hecha de vidrio esmerilado y provista de una lente de latón sin apertura, fue restaurada minuciosamente, haciendo de un objeto en desuso el principal protagonista y clave de la escena. La actitud experimental y admirativa, ya probada anteriormente por la precisión mecánica y la nitidez de la lente, Linhof Master Technica 4x5, las llevó a fabricar las piezas faltantes y colocar la lente de Linhof en la “carcasa” antigua.
Comprender la mecánica, la estética y la evolución óptica de las máquinas desde los primeros días de la fotografía es otro de los objetivos de Lake Verea. Recopilar, restaurar y utilizar cámaras de todas las épocas les han ayudado a elaborar el discurso teórico y una práctica que origina una veintena de obras. Aquí es el objeto-cámara, que es también puesto en valor como una resultante conceptual de la pericia técnica y la imaginación.
Es en la intimidad vívida y compartida del cuarto oscuro donde se produce la alquimia, es de la superficie sensible que resurge lo visible. El espacio circundante, la dimensión del sujeto, están aniquilados por la naturaleza reflectante de cada objeto. La resolución plástica así obtenida, con un método de base e intención artesanal, ha sido superior en creatividad al mejor aparato tecnológico, y expresan los que podrían ser indicios de una arqueología distinta, la del siglo XXI.
