La muestra “JAHD Throwback” en colaboración con Estrany-de la Mota Art Advisors, propone la revisión de un selecto grupo de piezas que José Antonio Hernández-Diez (Venezuela, 1964) ha concebido a lo largo de dos décadas. Cada una de las propuestas aquí reunidas articula un claro discurso que condensa aguda y lúdicamente la noción de ciclo.
El artista concibe diferentes metáforas para insistir en “la condena” que supone lo cíclico como absoluto.
La retrospectiva reúne fotografía, dibujo y escultura, como una alternativa a la acción en loop que caracterizó su trabajo como videoartista desde finales de los años ochenta. Hernández-Diez es parte de la generación de herederos de Nam June Paik, quienes no solo cuestionaron conceptualmente los reiterativos medios de comunicación, sino que se valieron de la plasticidad del medio como herramienta discursiva.

Hernández-Diez cuestiona la repetición ad nauseam y el posterior consumo de “bienes” o conceptos; se muestra reticente a la producción masiva y subvierte la lógica coste-beneficio. Prueba de ello es que la muestra “JAHD Throwback” está compuesta en su totalidad por piezas únicas, cuya elaboración, mayormente, requiere complicados procesos industriales. Tenemos, por ejemplo, el costoso molde que construyó en un taller en las afueras de Caracas, para producir unas cuantas uñas gigantes en metacrilato. Una de estas reposa en la sala sobre papel de lija y es titulada Un solo dedo (1998), estandarte irónico de lo superficial y descartable. Resulta interesante la relectura que veinticuatro años después podemos hacer sobre “los plásticos de un solo uso”.
Consciente de la necesidad de expresar la repercusión de los procesos industriales iniciados hace más de dos siglos y medio, Hernández-Diez recurre a símbolos universales como la serpiente que se muerde la cola (uróboros). El eterno ciclo adquiere connotaciones mecánicas, cuando brillantes y tentadoras serpientes de todas las tallas y todos los colores reptan por los espacios de la galería y se encuentran estrangulando las particulares ruedas de bicicleta: Two Levels (2007) y Mi último 360º (2007). También vemos serpientes organizadas en una cadena de ensamblaje, Dinamic Team (2007).
Muchas son las ideas subyacentes que el artista deja a nuestra libre interpretación, quedando siempre implícito el peso de la “era de la reproducción mecánica” y la crítica a la organización del trabajo hacia la producción masiva, en la que cada individuo es el nodo (engranaje) que articula un sistema de fabricación y organización mayor, a cualquier precio.
Con depurada ironía, Hernández-Diez reduce al máximo sus famosas patinetas hasta dar con las rolineras. Disecciona el concepto de “engranaje” en la serie Le genou de Claire (2005) (La rodilla de Claire), símbolo de innovación tecnológica. La composición ilustra botellas de lubricante industrial, necesario para suavizar el roce que supone la explotación laboral; Le genou de Claire (2005) está constituida –paradójicamente– por diferentes impresiones digitales intervenidas de manera directa con grafito, lo que las convierte en piezas únicas. Realizar estas piezas en particular no parece ser “un trabajo de chinos”.
Me resulta curioso vincular la fotografía Pensadores (Mao) (2000), presente en la muestra, como potente cita dentro del discurso de “JAHD Throwback”. Lógicamente, el pernicioso y negligente manejo de la industria “operada” por la nación más poblada del planeta traería graves consecuencias durante la era de Mao (1949-1976). Cuán contradictorio resulta que una potencia de tales magnitudes haya sido manipulada sistemáticamente mediante políticas demagógicas que impulsaron nuevos nacimientos (para obtener mayor mano de obra en nombre de la producción masiva del acero, por ejemplo), para luego tener que replegarse, bajo estrictas políticas coercitivas relativas al control de la natalidad.
La descabellada campaña de industrialización forzosa de Mao, inspirada en el modelo soviético, multiplicó las manos que trabajarían en las fábricas, pero también las bocas que alimentar en la República Popular China, y si algo es cierto, es que ni de ideología ni de acero vive el hombre.
La hambruna mermó entre 30 y 40 millones de vidas en las zonas rurales del gigante chino (1959-1961) mientras el Gobierno decidió desviar los pocos alimentos cosechados a las principales ciudades, e incluso exportarlos.
Encontramos también una gran cuchara estrangulada, titulada Buscando vicio y sin dinero (2000). Comenta el artista: ¿para qué hacerla de este tamaño si no puede alimentar a las masas? Esta pieza narra la fábula de dos hermanos que usaron la cuchara de diferente forma: uno de ellos se volvió heroinómano; el otro, llamado Uri Geller, consigue atrapar la atención multitudinaria de cientos de televidentes de su show de ilusionismo, cuando la dobla, haciendo uso de sus poderes mentales a partir de los 70. Hernández-Diez destaca cómo Geller supo romper la cuarta pared, y, a fuerza de repetir constantemente su rutina como ilusionista, consiguió la fama.
Destaca también la escultura La primera vez que te vi (2004), una contundente pieza minimalista, hecha en aséptico y frío aluminio, que en contraste puede evocar algo tan íntimo como el contacto visual entre dos personas que tienen pocos segundos antes que sus caminos se bifurquen en escaleras mecánicas opuestas. Hernández-Diez se inspira en la arquitectura de un conocido centro comercial caraqueño y honra este instante en el movimiento cíclico de la vida.
