Jorge Pedro Núñez pertenece a la generación intermedia que viaja a culminar su formación fuera del país. Nacido en Caracas en 1976 y radicado en París, es a partir de 2006 cuando egresa de la École Nationale Supérieure d´Arts, que comienza a participar en exposiciones colectivas e individuales en Francia, Suiza, Corea, Brasil, entre otros países.
En 2011 presentó su primera individual, “Inevitable y obvio”, en Periférico Caracas, curada por Jesús Fuenmayor. Allí exhibió un cuerpo de obras que definió como “arquetipos de un arte déjà vu, algo ya visto una y otra vez”, referidas al contexto artístico venezolano. Núñez se desplaza por aproximaciones a la abstracción, en las que prevalece el humor, y también el afecto, aludiendo a obras celebérrimas de Alejandro Otero, Nedo o Duchamp, entre otros. La exposición operó como un puente con su país de origen y sus referentes artísticos. Si la autonomía del arte contempla la reescritura de su historia desde una perspectiva crítica, la obra de Núñez hace visibles sus postulados por contraposición, trasladando la atención hacia detalles que apuestan a exaltar narrativas marginales distantes de la profética pureza del abstraccionismo geométrico.

A lo largo de estos años, Núñez ha construido un lenguaje visual donde prevalece esa crítica transgresora como alternativa a la intención normativa del arte moderno, en cuanto paradigma del esquema desarrollista y su visualidad ortogonal.
En esta oportunidad presenta la exposición “Afuera el aire tenía una textura líquida”, en la Galería Carmen Araujo Arte, curada por Sandra Pinardi. A través de las diez obras en exhibición se perciben la agudeza y el impulso de Núñez para mantener una relación de tensión respecto del canon.
El título de la exposición, nos comenta, se refiere “a un clima pesado, de aire denso, contaminado y a su vez fluido. Una sensación física personal de la pandemia que influyó en la realización de las piezas y que acentúa la idea de paisaje que está presente en ellas”. Y agrega: “siempre he tenido interés por la pintura, pero con una distancia crítica y física; en estos trabajos hay una actividad pictórica desde la práctica de taller, con materiales líquidos pero que pertenecen también a la escultura”. De hecho, Núñez refiere cómo las pinceladas, drippings y brush strokes de los Playones, que parecen trazos rápidos y desenfadados, forman parte de un largo proceso de moldes y vaciados.
En las obras tituladas Campos magnético I y II, de mayores dimensiones y, por tanto, de fuerte presencia en la sala, se percibe de inmediato una relación con el constructivismo ruso, específicamente con el Cuadrado negro, de 1915, de Malévich, y también con las imágenes de la instalación que acompañaban el ensayo Everything Is Experiment, de 1920, de Rodchenko. Pero es inevitable esbozar una sonrisa al constatar que los círculos y elementos sobre el plano son objetos cotidianos fuera de contexto: botones de diversos tamaños, la tapa de una olla, aros metálicos, todos adheridos a un fondo negro hecho en un material grueso y de apariencia viscosa semejante al asfalto, o a capas de algún producto de desecho. “Elementos de la pintura a los cuales quise darles una dimensión excesiva”, dice el artista.
Las obras Monolito I y II, como lo indica el título, son columnas de vidrio adosadas a la pared, por las que asoman unas pequeñas ventanas que identificamos como pantallas de teléfonos celulares. De nuevo, la imagen poderosa de la obsolescencia reaparece para propiciar un desconcierto difícil de discernir. Igualmente sucede con Space is only noice; dos planos en ángulo muestran una cara con la textura del material viscoso, y la otra, con las ventanillas de los teléfonos celulares. El título contribuye a comprender que el espacio está plagado del ruido de esas voces densas y pesadas que ilustran esos celulares y que viajan por el aire contaminándolo.
La serie de los Playones I, II, III y IV es quizás la más cercana al espectador, por su referencia a Reverón. Son leves en apariencia, de colores pálidos. Para Núñez, constituyen una reflexión contemporánea del medio; son esculturas enmascaradas como pinturas, piezas que se leen desde los costados por la complejidad del proceso de producción.
La asertiva frase “la excepción confirma la regla” parece adquirir una certeza irrefutable en la reciente obra de Jorge Pedro Núñez. La premisa según la cual la desviación, el quiebre, permite comprender lo estable de la realidad, convertida en regla, es la hipótesis que podríamos extraer del conjunto de obras presentado en esta muestra. Y es que las formas que contravienen la norma son las que desencadenan reflexión; las que cuestionan, desde un lenguaje equivalente, eso que hace que lo instituido no cambie. Pero acaso ¿no está marcado por el cambio todo aquello relacionado con el hacer del hombre y su entorno?
