“Mongrel”, la más reciente exposición de Jorge Pardo, curada por Rina Carvajal en el Museum of Art and Design en el Miami Dade College, establece una continuidad con su obra anterior. La muestra consiste en una instalación que asemeja el espacio interior de un salón, que demuestra el interés del artista en la arquitectura y el diseño.
El salón tiene en el centro una alfombra redonda de varios colores, verde, ocre y naranja, con ocho sillas rojas modernistas dispuestas equitativamente cada una de frente a las otras. El emplazamiento de las sillas establece el escenario para un diálogo en el que cada participante ocuparía un lugar en igualdad de condiciones sin una jerarquía preestablecida.

El componente principal es un candelabro gigantesco que deviene en el foco de la “habitación”, justo encima de la alfombra. Este puede considerarse como una escultura, y está integrado por muchos elementos individuales plásticos ensamblados, que fueron diseñados por Pardo en su computadora y luego cortados con láser, de acuerdo con sus especificaciones. El candelabro, una vez iluminado, despide destellos de múltiples colores.
Las paredes que rodean estos elementos contienen varias piezas bidimensionales y multicolores, colgadas a la misma distancia. La escena está balanceada de manera perfecta; todos los elementos han sido dispuestos de forma centrada y equilibrada espacialmente siguiendo principios básicos de diseño interior.
El estilo modernista del salón también nos refiere a una época y región determinadas. Las sillas son una reminiscencia de la popular butaca de las salas cubanas y latinoamericanas en general, sobre todo de los años cincuenta y sesenta. El candelabro nos remite a la costumbre de iluminar dramáticamente los interiores domésticos en estas regiones.
Aunque siempre aclara que su formación no es la de un arquitecto, sino la de un artista, es evidente que su interés en esta manifestación lo ha llevado a explorar las posibilidades que le ofrecen el espacio y la estética combinados. Lleva esta interacción a su punto máximo y la utiliza para comentar sobre aspectos políticos y sociales. La arquitectura deviene en el medio ideal para ello, ya que su expresión contiene todos estos indicadores, explícita e implícitamente.
El lugar físico de la exposición tiene una carga emocional especial para Pardo, dada la función anterior de este. El edificio que alberga el museo en estos momentos es conocido como La Torre de la Libertad, y otrora sirvió como punto de procesamiento para los emigrados cubanos. Para el artista, representa una confrontación con sus memorias del momento en que se convirtió en un emigrante, justo en este mismo lugar. Confiesa que tiene un conflicto con sus memorias de ese instante, entre lo que recuerda y lo que sabe. De cierta forma, esta muestra lo ayuda a dilucidarlas.
Las obras bidimensionales en las paredes ofrecen una idea de este proceso. Las representaciones semiabstractas lucen como un rompecabezas borroso, en el que las partes encajan perfectamente pero no se define una figura o forma como tal. Parte de las imágenes iniciales fueron fotografías personales y de otras fuentes que aluden al proceso de desarraigo y, en especial, al caso de los cubanos. El exilio cubano fue doblemente forzoso, ya que no podían llevarse consigo casi nada; atrás quedaron cosas tan personales como fotos de familia y otros mementos. Pardo aquí utiliza estas imágenes y su connotación como un punto de partida y las altera a través de programas digitales hasta convertirlas en casi inteligibles. Incorpora además otros componentes como obras de arte que fueron parte de su formación profesional. Estos “collages visuales” fueron impresos en papel y coloreados a mano con lápices de colores. El proceso implica una manipulación consciente, a través de la cual mezcla formas y colores hasta obtener otro resultado. Es así como nos presenta sus recuerdos como una amalgama de emociones que emergen a través del velo de la memoria.
El título de la exposición, “Mongrel” (que podría traducirse como Mestizo), se refiere a su visión sobre su origen e identidad. Por lo general, esta palabra se utiliza en inglés para clasificar a los perros que no tienen una raza definida, que son mezcla de varias. Pardo, en una entrevista, se refiere al término diciendo que todos los que venimos del llamado Nuevo Mundo somos mestizos de una forma u otra, un resultado de la mezcla y la variedad demográfica que conforma la población del área. De esta forma, le quita la connotación negativa que tiene asociada y la transporta al contexto humano, incitando a otras lecturas, sobre todo, de connotación social.
“Mongrel” resume visual y conceptualmente las memorias de Pardo de este espacio y de su relación con este. Conforman las experiencias y vivencias que marcaron un punto definitivo en su historia personal. Nos está hablando de desarraigo social y cultural refiriéndose a un momento histórico que cambió la vida de muchas personas, marcando un antes y un después.
