Exposición Individualjun 2022 - nov 2022· Por Ricardo Pohlenz

Fabián Ugalde

Galería Alfredo Ginocchio

Fabián Ugalde se ha dedicado a lo largo de su carrera a hacer preguntas con su obra. Preguntas que, por una parte, señalan las convenciones y asunciones de lo que puede definirse como actualidad dentro del arte contemporáneo, que le han permitido –mediante recursos que recuerdan aquellos del cartón político– establecer las paradojas e ilusiones entre lo transitorio y lo permanente, en los términos en los que se han acelerado y –al mismo tiempo– detenido, como moscas –ya no sé si electrificadas o electrocutadas–, en la red de lo referencial. 

Exposición Individual: Fabián Ugalde — imagen 1
Fabián Ugalde. Moroni Signal Failures (Fallos en la señal de Moroni), 2021. Impresión de tintas sobre papel glossy laminado. 110 x 88 cm (43 3/10 × 34 3/5 pulgadas).

El título mismo de su nueva exposición –“Anecdotario del teorema”– se presenta como un acertijo, no sabiendo a qué teorema se refiere, si al de Pitágoras, al de Fermat, al de Bayes, al de Passolini, o al suyo propio, no dando más que el enunciado mismo de lo que un teorema implica, y, eso, a partir de eventos, circunstancias y accidentes relacionados con este. Tanto en el lirismo geométrico de las pinturas de gran formato realizadas con tintas de vinilo sobre tela plastificada como en las desarticulaciones formales de piezas y autores emblemáticos como David, Vermeer y Raphael, realizadas a partir de inyección de tinta sobre papel, son elocuentes –tanto en sus medios como en su realización– de la vocación transgresora de Ugalde, a imitación de estos artistas, y aún –todavía en la mira– de convenciones más recientes –en términos de figura y representación– que iguala en el tiempo –si se quiere, y sobre todo, en términos iconográficos– al Napoleón de David y el Perro globo de Koons. Su obra habita en ese breve remanso en el que conviven, de manera intercambiable, el Gótico americano de Grant y el Pájaro Loco de Walter Lantz. Toda figura acaba siendo abstracción.

Toda igualación resulta violenta –sobre todo, en términos políticos–, aunque en términos económicos sea, o pueda ser, todo; y siempre, una mercancía. La vocación subversiva de Ugalde frente a lo formal parte de las condiciones –convenidas en su trayectoria como artista– de que los signos, sus referentes y alusiones se pueden desdecir diciéndose –oh, paradoja de las convenciones del sentido– desde la desarticulación de sus partes hechas a partir de formulaciones geométricas. La tensión que resulta, por ejemplo –tanto en términos compositivos como conceptuales–, al recortar y disponer en espejo las capas o los segmentos distintos del Napoleón de David viene a confirmar sus intuiciones formales; las pone en evidencia frente a un público que bien podría o no ver en el lienzo algo más que a Napoleón y su caballo blanco, que viene a proveer de un esténcil que rompe los rojos, azules y ocres que definen y articulan –a ojos vistas– la figura misma de Napoleón, convertida en una malla de contrapuntos cromáticos que se tienden –dinámicos– a formar cuadrados, triángulos y círculos que emulan, en los términos que la obra de Fabián Ugalde es –ante todo–, una reflexión formal que se arma a partir de la abstracción esencial –si cabe darles tal calificativo a las formas y sus dinámicas– de signos y gestos culturales, que corre paralela –llena de vasos comunicantes– con su vertiente más explícitamente geométrica –otra vez, según convenciones que acaban por ser políticas– en el juego de patrones con el que constituye narrativas harto semejantes a las que propone desde las apropiaciones que hace de las obras de los grandes maestros (siendo estas también –muy probablemente– apropiaciones de maestros –o mejor aún, de climas– más recientes), en cuanto patrones, en los que juega –siempre provocador– con el doble sentido que tiene el acto de reflexión –donde insiste en la simetría y sus fantasmas– ya sea este o no algo que se hace frente a un espejo.

Fabián Ugalde, por Ricardo Pohlenz | artnexus