La disciplina estricta de la pintura y el espíritu de investigación permanente son marcas indelebles en el trabajo del artista Eduardo Sued, como mostró la reciente exposición “Osadías cromáticas”, que reunió cerca de cuarenta obras inéditas del artista, concomitantemente en las galerías Danielian Galería y la Cassia Bomeny Galería, en Río de Janeiro. Con curaduría de Vanda Klavin, que acompaña la trayectoria del artista desde los años 1980, las muestras permiten una mirada amplia, retrospectiva y reflexiva sobre la larga trayectoria de Eduardo Sued, marcada por la búsqueda constante del refinamiento cromático y la complejidad formal.

En la Danielian Galería se expusieron las obras de los años 1980, período en el que Sued desarrolló una orquestación de áreas negras, con vibrantes fajas coloridas, divididas en segmentos desiguales. Son obras de una estructura geométrica con oposiciones cromáticas más osadas y trabajos de grandes dimensiones, donde las proporciones y los colores se alteran. En la Cassia Bomeny Galería estaban concentrados los vastos grises y platas, que traen una luminosidad diferente, acentos más reducidos: el gris matinal o vespertino, de naturaleza diversa, por los tonos más bajos y opacos, un contraste sutil con esas tonalidades y una identidad cromática propia con su valor luminoso.
Desde el inicio de su trayectoria, Sued buscó una producción sistemática e intensa. Nacido en Río de Janeiro, en 1925, hijo de inmigrantes sirios, el artista estudió en la escuela Nacional de Ingeniería; sin embargo, abandonó la facultad para dedicarse totalmente a las artes plásticas. Contrario a las rígidas reglas tradicionales y académicas, prefirió frecuentar las actividades de los cursos libres, experimentando técnicas y lenguajes diversos. En los años cincuenta, trabajó como dibujante en la oficina de Oscar Niemeyer, yendo después a París, donde frecuentó las academias La Grande Chaumière y Julian. Cuando retornó a Río, en 1953, frecuentó el taller de Iberê Camargo (1914-1994), donde se dedicó al grabado sobre metal, tornándose más tarde asistente del pintor.
El interés por las grandes áreas cromáticas y la búsqueda de más plasticidad llevaron a Sued a dedicarse a la pintura de forma cada vez más exclusiva, a mediados de los años 60. El artista no se vinculó a ningún movimiento, manteniéndose ajeno a los debates más importantes de la época en Brasil: las disputas cruzadas entre concretos y neoconcretos en los años 50, y las discusiones sobre la nueva figuración de los 60. A pesar de que inicialmente se dedicó a la figuración, en los años 70 Sued optó, definitivamente, por la abstracción geométrica, aproximándose a las vertientes constructivas y desarrollando su obra a partir de la reflexión acerca de Piet Mondrian (1872-1944) y de la Bauhaus.
El espíritu independiente del artista acabó reflejándose en su poética, marcada por la influencia de los grandes maestros; sin embargo, con osadías que le confirieron características propias. Esto puede verse en las telas de dimensiones “monumentales” para los estándares de la historia del arte brasilero, en las que proyecta elementos fuera del espacio de la pintura mediante una estructuración precisa y, al mismo tiempo, inusitada. Ese movimiento hacia el exterior del espacio pictórico se da tanto en enormes pinturas-paneles casi monocromáticas cuanto en trabajos que apuestan a la tensión vibrante entre campos cromáticos diversos, organizados según una geometría desestructurada, creando un ritmo frenético, en que la superficie plana parece latir.
A lo largo de los años, el artista experimentó innúmeras variaciones en su obra, partiendo siempre de la idea del rigor matemático, aliado a juegos sobrios de grises y negros o a pinceladas gruesas y superficies elevadas, entre otras propuestas plásticas, como las líneas verticales y horizontales que confunden la mirada con movimientos singulares. Permitiéndose ejercicios empíricos, también abrió espacio para sorpresas, como los elementos recortados, máscaras y materiales extraños, que poco a poco se incorporan a su pintura, haciendo que su poética flirtee con la estética brutalista. En determinadas obras, Sued se muestra también como un vigoroso colorista, en especial cuando opta por el uso de los osados azules, amarillos y rojos, o de los asentados ocres y negros, o también de los grises y plateados innovadores.
La articulación entre el vigor y el lirismo en la obra de Sued reside en su peculiar capacidad para captar las características de la larga tradición concretista occidental e incorporarla a sus métodos como una manera de cuestionar los propios límites de la pintura. Mencionando constantemente que las matemáticas le permitieron cultivar, desde el principio, la claridad del pensamiento, la disciplina y la precisión en el hacer artístico, Sued trae, en esta paradoja, la marca de su obra: el rigor aliado a la creatividad. Su obra nunca se cristalizó en estructuras preconcebidas; fue siempre resultado de la duda y la experimentación. La reflexión acertada sobre las relaciones entre luz, superficie, espacio y tiempo en su pintura revela la permanente búsqueda para la solución de problemas pictóricos. Esta actitud, aliada a la dimensión sensible del artista, transformó a Sued en uno de los grandes nombres del legado constructivista latinoamericano.
