“Encapsulados domésticos. Contenedores” es el título de la muestra presentada por Consuelo Gómez en el nuevo espacio Mmaison Galería. Su trabajo escultórico continúa explorando las posibilidades de espacios populares y los objetos utilitarios, situación que ya se hizo evidente en otras obras suyas. Baste citar a título de ejemplo sus exposiciones “Cinturón rojo” y “Lirucas”, ambas del 2011, donde revela su interés por indagar espacios urbanos de Bogotá como el barrio Las Cruces, analizando no solo el espacio, sino los objetos que daban cuenta de las características del lugar, como, por ejemplo, la intervención en la plaza de mercado de Las Cruces, en el VII Premio Luis Caballero (2013). Con su obra Mesa franca, evidenció su intención de identificar el objeto creado, en su relación con el espacio intervenido.

Desde allí es que se apropia de multiplicidad de formas, mostrando su atracción por el diseño y la posibilidad de explorar con diversos materiales y técnicas, a la par que testimonia su capacidad para analizar materiales que pueden resultar aparentemente discordantes, explorando formas y experimentando con el aporte de diversidad de archivos históricos, ya que los objetos cuentan historias, permitiendo crear proyectos que refieren a lo doméstico, a lo cotidiano, pero que con la intervención de la artista adquieren otra dimensión, proponiendo ver desde una nueva perspectiva esos objetos conocidos.
El interés de Gómez en su búsqueda de las propiedades escultóricas presentes en la configuración de utensilios ligados a lo popular pone al espectador a pensar en las posibilidades estéticas de estos, tomando objetos cotidianos para despojarlos de sus significados habituales, mirándolos desde otra perspectiva, en la que puede estar presente el humor. Deconstruye con sutileza la función rutinaria de los objetos que escoge e invita a quien los observa a detenerse y pensar desde un nuevo significado que los remueve de su escenario habitual.
Resulta evidente que Gómez tiene la capacidad de variar la elección de los materiales escogidos, en función de los elementos necesarios para construir su propuesta escultórica. Madera, metal, vidrio, piedra, hilo de oro, son algunos de los componentes usados en obras anteriores, y, en el caso de los objetos exhibidos en “Encapsulados domésticos”, el material utilizado fue la barbotina, mezcla de agua y arcilla que tiene una consistencia casi líquida. Busca evitar el uso tradicional de la arcilla, que implica manipulación por parte del artista para moldear la forma, y en las obras expuestas se trabaja con moldes donde se vierte el líquido, se llevan al horno, y surgen, al decir de la artista, esa especie de “cadáveres exquisitos”, resultantes de la curiosa relación establecida entre objetos de uso cotidiano que pierden su característica individual de función y su carácter seriado.
La barbotina tiene la particularidad de ser un elemento usado desde el siglo XVIII, y, con el desarrollo de la Revolución Industrial, fue clave para la producción en serie de productos industriales de uso doméstico, que los ingleses se encargaron de distribuir en el mercado mundial, fabricando objetos totalmente iguales entre sí, que desconocían cualquier propuesta de trabajo manual con referencias artesanales.
Desde su vinculación inicial al taller de cerámica de Jaime Téllez, Gómez se cuestionó el uso de los modelos tradicionales para realizar tazas, jarrones, pequeños cuencos, y comenzó a ensamblarlos de manera que los objetos iniciales, todos ellos utilitarios y de uso masivo, se convirtieron en objetos únicos, y, al conectarlos, construyen formas nuevas, rompiendo la noción de función que tienen individualmente. Lo logra acoplando diferentes piezas cuando el material esta todavía maleable, y las piezas iniciales, previstas para ser elaboradas de manera industrial, se convierten en esculturas sacadas del proceso inicialmente previsto, para convertirse en formas para las cuales no hubo un boceto previo.
Unas obras que no dejan de sorprender y rompen con las esculturas mencionadas; son las flores llamadas aves del paraíso, elegidas para crear un sofisticado trabajo en el que la naturaleza tiene una presencia evidente, como sucedió con su muestra “Canto XVI” (2013), donde, en su reflexión en torno al paisaje, realizó un cactus de cerca de un metro de alto fundido en bronce. Una pieza escultórica sorprendente que repite la naturaleza y la muestra, como en las flores, en toda su contundencia y en su refinamiento.
Las esculturas que fueron surgiendo traen a la memoria obras de artistas anteriores como Constantin Brâncuși o Barbara Hepworth, figuras claves en el desarrollo de la abstracción escultórica, pero también el hecho de no ser esmaltadas, de no aplicarles color, sino mantener el que naturalmente tiene cuando el proceso de horneado termina, parece buscar un reconocimiento a los acabados de los talleres artesanales de Cundinamarca. Nuevamente, para Gómez es posible reflexionar entre el proceso de la industrialización y la pervivencia del trabajo artesanal, pensado desde una reflexión escultórica preocupada por hacer evidente el valor de las nuevas formas únicas, que la artista crea al relacionar ambos procesos.
